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martes, 2 de junio de 2009

Se viene la maroma. El tango Orre, 2.

Una foto de 1932: los generales-presidentes J.F. Uriburu y A.P. Justo.
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Manuel Romero


Manuel Romero (1891 – 1954) fue letrista de tangos, dramaturgo (parece que escribió más de 180 obras), cronista, cineasta (que dirigió a Nini Marshall, Tito Lusiardo, Luis Sandrini, Narciso Ibáñez Menta)… en fin, artista múltiple, hábil para llegar a un público multiplicado por las nuevas formas de difusión y reproducción técnica: el biógrafo, el gramófono.

Producía continuamente, de tal modo que siempre había en el mercado algo reciente hecho por él. Corría el riesgo de repetirse más visiblemente que otros, claro. Su tango “Gabino”, por ejemplo, nos dice lo mismo que el célebre “Tiempos Viejos” (te acordás hermano…): que hubo una edad heroica de hombres sin engominar que no consumían cocaína.

Romero fue uno de los conocidos de Gardel, a quien le dio letra más de una vez. Escribió letras de tango y milonga exitosas, populares hasta hoy, y que siempre incluyen un atisbo de observación social: Aquel tapado de armiño, Nubes de humo, Tomo y obligo, Que quéres con ese loro, Patotero sentimental, La muchacha del circo, la antológica Haragán, cuyos dichos expresados por Carlitos se han incorporado al lenguaje cotidiano, Guapo y varón… El suyo era el enciclopedismo de un género en ascenso, que se le anima a todos los temas, para recrear el universo desde su punto de visión. .

Y... Se viene la maroma!


Suya es esta letra menos conocida, escrita en 1932:

SE VIENE LA MAROMA
Letra de Manuel Romero y Mario Batistella
Música de Enrique Delfino música


Cachorro de bacán,
andá achicando el tren;
los ricos hoy están
al borde del sartén.

El vento del cobán,
el auto y la mansión,
bien pronto rajarán
por un escotillón.

Parece que está lista y ha rumbiao
la bronca comunista pa' este lao;
tendrás que laburar pa' morfar...
¡Lo que te van a gozar!

Pedazo de haragán,
bacán sin profesión;
bien pronto te verán
chivudo y sin colchón.

¡Ya está! ¡Llegó!¡No hay más que hablar!
Se viene la maroma sovietista.
Los orres ya están hartos de morfar salame y pan
y hoy quieren morfar ostras con sauternes y champán.

Aquí ni Dios se va a piantar
el día del reparto a la romana
y hasta tendrás que entregar a tu hermana
para la comunidad...

Y vos que amarrocás
vintén sobre vintén,
la plata que ganás
robando en tu almacén.

Y vos que la gozás
y hacés el parisién,
y sólo te tragás
el morfi de otros cien...

¡Pa' todos habrá goma, no hay cuidao...!
Se viene la maroma pa' este lao:
el pato empezará a dominar...
¡cómo lo vamo' a gozar!

Pedazo de haragán,
bacán sin profesión;
bien pronto te verán
mangando pa'l buyón.

¡Ya está! ¡Llegó!¡No hay más que hablar!
Se viene la maroma sovietista.
Los orres ya están hartos de morfar salame y pan
y hoy quieren morfar ostras con sauternes y champán.

Aquí ni Dios se va a piantar
el día del reparto a la romana
y hasta tendrás que entregar a tu hermana
para la comunidad...

Me gusta la versión de este tema que hacen Dahd Sfeir y Rubén Yáñez en su disco “Mano a mano”.


El año 1932 y este tango "posmo"

En 1932, año de nacimiento de Se viene la maroma, el general golpista Uriburu le pasaba el mando a otro militar, no menos golpista pero ungido en comicios fraudulentos, el General Justo. Del nacionalista al liberal, por la fuerza de las armas, como de Lonardi a Aramburu, del Onganía de Salimei al de Krieger Vasena, etcétera.

Es un tango posmoderno, porque en él todo suena a entrecomillado, por y para la ironía. Es una cita burlesca al argumento de aquellos militares y sus orientadores garcas, que sostenían la necesidad de detener el “peligro rojo” que llegaba hasta la Argentina. El sovietismo. Frente a la amenaza disolvente, se alzaba el patriotismo de un Anchorena, un Duhau, un Pinedo, dedicados a balear gremialistas, contratar carneros, cerrar periódicos y perseguir opositores y hasta asesinar a algún senador en el sacro recinto de las leyes, si cabía.
Pero también parece una cita, un entrecomillado, el modo apocalíptico de presentar al “sovietismo”. Quizás porque el que habla en el tango se regodea exagerando los trazos tremendistas, buscando asustar más al burgués. O bien es otro nivel de burla a la oligarquía, que hábilmente le vende este estereotipo de amenaza roja a la pequeña burguesía…

Hasta dónde llegar con el comentario, sin que este empañe el texto mismo... Como quiera que sea, rescato de este tango el abordaje descarnado de la diferenciación social: sauternes y champán vs. salame y pan; el bacán sin profesión vs. el laburante que no gana ni para comer decentemente….


Historias y músicas recuperadas

El título de este tango revelador ha sido retomado en nuestros días por un grupo under del rock platense, que ha querido llamarse “Se viene la maroma.”

Como las empresas recuperadas, hay historias y músicas recuperadas.

Ante ellas, uno siente que el camino de cada quien hacia sí mismo se enlaza de manera inextricable con el camino de un pueblo mutilado, también hacia su propia constitución, a través de múltiples identificaciones.

Libros


Dos libros me ayudaron con este tema:

Ricardo Horvath. Esos malditos tangos. Ed. Biblos col. Latitud Sur 2005. Introd.. de Norberto Galasso.

José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.

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miércoles, 15 de abril de 2009

Arturo Jauretche, poesía y combate. 1.

Arturo Jauretche.

No es raro que en nuestras sufridas y esquilmadas repúblicas los poetas se decidan a combatir no sólo con la palabra. Roque Dalton, Ernesto Cardenal, Paco Urondo, dan fe de esta fe en la palabra, que es esperanza en los hombres, y que suscita la caridad de las armas. Y antes tuvimos a José Hernández, a Hilario Ascasubi, enastando en la poesía de un arma la bandera de su patria y de su pueblo… y a cuántos más.

A caballo entre dos épocas, Arturo Jauretche peleó en una patriada; y escribió un poema gauchesco, para disputar en el campo de las memorias lo que no se había podido ganar en el campo de los aceros. Ambas, patriada y poema gauchesco, fueron últimas obras en su género.

Uno podría sentarse a conversar y discutir con Arturo Jauretche. Hacerle muchas preguntas, como las que le hicimos en Bahía Blanca dos días antes de su muerte, sobre sus opciones políticas. Pero más allá de todas las preguntas, quedaría una respuesta incólume: la de una vida jugada a la causa popular, aún a riesgo de equivocarse.

En 1933 era presidente de la Nación el general Agustín P. Justo, heredero del golpe militar contra Hipólito Yrigoyen, y electo en comicios escandalosamente fraudulentos. Muerto Yrigoyen, había quedado al frente del radicalismo Marcelo T. de Alvear. Con los años se iría acentuando la vocación negociadora de este radicalismo oficial, que terminaría aliado a los conservadores y sucio en los negociados de la época.

Los radicales yrigoyenistas intransigentes buscaban deponer a un régimen asentado en el fraude y en una vasta red de corrupción, en cómoda alianza con el capital británico. Querían encarar la tarea libertaria y justiciera que no asumía la izquierda argentina. Cegado el camino de las instituciones, optan por la revolución armada. Lo hacen en varias oportunidades, y son derrotados.

El intento más amplio y comprometido se lleva a cabo a fines de 1933. Hay episodios de sublevación en Concordia, Rosario, Cañada de Gómez, y especialmente en Paso de los Libres y Santo Tomé (Corrientes).

En Paso de los Libres peleó Jauretche, a sus 32 años de edad. Lideraba el movimiento el coronel Bosch. ¿Cuántos fueron los combatientes? Quizás dos centenares. Confiaban en que la sorpresa y el éxito inicial servirían para convocar a más personas que estaban esperando una señal de recuperación nacional. Creían en la vieja receta yrigoyenista: unos cuantos civiles armados, algún militar rebelde, unos cuantos fusiles y revólveres, y luego vendría el seguro apoyo de un pueblo que estaba callado pero simpatizaba con “la Causa”. Pero aunque en un primer momento lograron ocupar ambas localidades, fueron luego cruelmente reprimidos por el Ejército. Como novedad, por primera vez se usaron aviones – para matar compatriotas.

Los rebeldes padecieron la muerte de 53 camaradas. De los sobrevivientes, algunos fueron al exilio y otros a la cárcel. Entre estos Jauretche, que estando en prisión hace la crónica en verso de la patriada. Acude a una forma fácil de memorizar y comprender: el octosílabo en estrofas de seis versos (a veces alternadas con cuartetas u octavillas), como en el Martín Fierro.

La obra se llamó “El Paso de los Libres” y fue prologada por Jorge Luis Borges.

Comparto con los amigos del Simurgh algunos párrafos de Borges y versos de Jauretche.

Decía Borges en noviembre de 1934:

"En la patriada actual está descontado el fracaso: un fracaso amargado por la irrisión. Sus hombres corren el albur de la muerte, de una muerte que será decretada insignificante. La muerte, siéndolo todo, es nada: también los amenazan el destierro, la escasez, la caricatura y el régimen carcelario. Afrontarlos, demanda un coraje particular. /…/

La tradición, que para muchos es una traba, ha sido un instrumento venturoso para Jauretche. Le ha permitido realizar obra viva, obra que el tiempo cuidará de no preterir, obra que merecerá – yo lo creo – la amistad de las guitarras y de los hombres".


Arturo Jauretche pone en boca de Barrientos, un paisano payador, su relato. Y Barrientos nos habla del imperativo de pelear por lo que es justo:

Yo soy hombre de trabajo
y muy tranquilo en la paz,
pero estimo el deber más
que la paz que a mí me gusta:
por eso a una causa justa
no le he fallado jamás.


Desde esta opción por la lucha, cuestiona los excesos de la prudencia:

Un “no” que quiere ser “sí”
pero lo sujeta el miedo;
“no” que nace del enriedo
del gusto con la impotencia.
Es un poncho “la esperencia”
con que se tapa el “no puedo”.


Seguimos con "El Paso de los Libres" en la segunda parte de este artículo.