martes, 4 de noviembre de 2008

Los "Spee" en Argentina


TOCADOS, FUGADOS, HUNDIDOS
Peripecia y drama de los tripulantes del Graf Spee en Argentina


PRIMERA PARTE

No hay finales, ni felices


Una historia con final feliz es doblemente sospechosa. Pretende dar por concluidas ciertas cosas – seguramente antes de tiempo. Y elude preguntar quién establece los finales, para qué.

Cuando se trata de los tripulantes del Graf Spee (“los Spee”) que se quedaron en nuestro país, sorprende la rapidez con que ha cristalizado un relato socialmente correcto y sin conflictos. Ese relato comenzó a circular en vida y a la vista de la mayoría de los protagonistas, a pesar de ciertos hechos contradictorios. Según la versión canónica, los marineros de este buque, tras librar una batalla heroica a fines de 1939 en el Río de la Plata se aquerenciaron sin mayores dificultades en nuestro país. Muchachos “todos parecidos”, rubios y atléticos, ajenos a la guerra y al nazismo, aquí se casaron, constituyeron familias felices, fundaron pequeñas empresas vinculadas al desarrollo técnico y gozaron de reconocimiento social.

En los pliegues de esta versión quedan envueltos los olvidos: la historia del ebrio, la del que muere como indigente, la del que aún hoy se despierta gritando bajo los cañonazos que golpean su sueño, la del que ha perdido toda comunicación con sus hijos. Están las trayectorias de los fugitivos y los muertos misteriosamente muertos. Y es como para preguntarnos qué pasa con nosotros, con este espejo distorsivo de nuestra memoria social – rezagado o utópico, alterado siempre, literal nunca. Para eso, vayamos en busca de lo que el relato oficial no nos cuenta – acerca de ellos, o de nosotros mismos.

De la barraca al cuartel

Antes de terminar su adolescencia, los muchachos alemanes de la década de 1930 eran reclutados para el Servicio de Trabajo (RAD). En los barracones y campos del servicio les daban alojamiento, comida, dinero para pequeños gastos y ocupación en trabajos públicos. Pero, bajo el régimen nazi recién inaugurado en 1933, se les daba especialmente disciplinamiento e ideología. Una jerarquía de jefaturas y una vida cotidiana sin espacios privados ni elecciones individuales moldeaban a estos soldados adolescentes armados de palas lustrosas. Como en otros tiempos y lugares, la presión del desempleo masivo servía para manipular poblaciones y facilitaba el encuadramiento y la ideologización de los jóvenes.

Cuando terminaba el RAD , el voluntariado militar era una opción deseable. La Marina de Guerra recibía abundantes solicitudes juveniles, por el exotismo de sus destinos y la buena atención dada a sus hombres.

Todas las historias parecen ser una misma historia, cuando escuchamos a aquellos muchachos hoy octogenarios: un tránsito desde la barraca del Servicio de Trabajo a los cuarteles de la Escuela de Marinería, empujados por la desocupación y la pobreza. Los relatos eluden toda referencia política.

La asombrosa campaña del acorazado de bolsillo

El Admiral Graf Spee fue construido para burlar restricciones: las que Alemania había acordado con sus vencedores tras su derrota en la primera guerra mundial. Para cumplir con las limitaciones de tonelaje, los constructores navales desarrollaron novedosas aleaciones de acero. Botado en 1934, el Spee combinaba una abrumadora potencia de fuego con un menor peso, una mayor velocidad y una autonomía más amplia que sus homólogos. De ahí su nombre de “acorazado de bolsillo”, que en nuestras tierras se aplicó al infaltable petiso cascarudo de toda barra de amigos.

El Graf Spee y sus marineros conocieron otras aguas y guerras antes de venir al Plata: cruceros de entrenamiento por el Báltico y el Mar del Norte, presencia como factor de presión en la España de la Guerra Civil, en Memel. Con emoción en la voz, un “Spee” recuerda: una mañana en este puerto lituano, vio allá arriba un banderín especial: el Führer, Adolfo Hitler, estaba alojado en el buque.


El 21 de agosto de 1939, trece días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la nave zarpó de Alemania en viaje secreto. Se presentía la guerra; como en 1914, “era un extraño verano de anhelo / el ángel del odio batía un tambor en el cielo”... El 1º de setiembre la Wehrmatch invadía Polonia; el 3, Inglaterra y Francia declaraban la guerra al invasor.


El Spee ya rondaba en guerra de corso contra los mercantes ingleses por el Atlántico Sur. El 30 de setiembre ultimaba al vapor Clement, de Liverpool, su primera presa. Siguieron otras hasta totalizar nueve, con 50.089 toneladas de alimentos y materias primas hundidas; y sin una sola víctima propia o ajena.

Quedaba yugulada una ruta vital: el maíz, los combustibles, el yute y las carnes no llegaban a Inglaterra. El Escuadrón Sudamericano de la flota inglesa se puso a la caza del cazador. Cada carguero inglés radiaba una vez por hora su posición; cuando esto no sucedía, se orientaba la búsqueda hacia el último punto indicado.


El 13 de diciembre las tres naves británicas perseguidoras, el Exeter, el Ajax y el Achilles, rodearon al Spee frente a las costas uruguayas. Allí se produjo la batalla del Río de la Plata. Los cañones del Spee dejaron al Exeter fuera de combate y al Ajax con importantes averías. Pero el acorazado alemán, ya con pocas municiones, fue afectado en instalaciones vitales por los disparos ingleses. Su comandante, Hans Langsdorff, resolvió hacer escala en Montevideo. Bajo la presión diplomática de los británicos, el gobierno uruguayo fue estricto en la fijación de un plazo de 72 horas para que el buque se hiciera nuevamente a la mar. Por otra parte, Langsdorff estaba incorrectamente informado: los servicios de inteligencia británicos le hicieron creer que una poderosa flota, que incluía un portaaviones, lo esperaba a la salida del estuario. Así pues, antes de expirar el plazo el barco fue retirado de puerto y hundido por los propios germanos en aguas del Plata.

Las charlas de café y los comentarios de la prensa caen en una visión futbolística de la guerra. Para los diarios uruguayos, Langsdorff equivocó la jugada: el Exeter era una nave pequeña, y los otros dos navíos británicos estaban averiados...

Mientras el acorazado arde y se hunde, la gran mayoría de los 1055 tripulantes fue traída a Buenos Aires, desobedeciendo a la Prefectura uruguaya.

Y aquí empieza la historia de los Spee en Argentina.

Defraudados, internados y fichados

En el relato de los veteranos palpita un duradero resentimiento. Hasta hoy se repiten expresiones desdeñosas hacia los diplomáticos. Alguien recuerda que el embajador alemán, von Thermann, se acercó a saludar a Langsdorff en la barcaza que lo llevaba a Buenos Aires, y lo invitó a almorzar. Y elogia la respuesta del oficial: “Señor, aquí hay más de mil hombres que necesitan comer.”

También se filtra una resignada disconformidad con el gobierno argentino. Es que hubo una inconsecuencia. Tras consultar a los gobiernos de Argentina y Uruguay, los diplomáticos alemanes habían sugerido el desembarco en Buenos Aires, donde les habían asegurado el trato “como náufragos, que podrán ser repatriados” (según la Convención de La Haya de 1907); en cambio en Montevideo serían internados.

Pero esta expectativa fue defraudada. El canciller Cantilo, tras conversar con los embajadores aliados, propuso internar a estos “beligerantes”, ya no “náufragos”; el gabinete nacional siguió su criterio, y el presidente Ortiz decretó la internación.

Es que la Argentina estaba desgarrada por un conflicto interno. Se enfrentaban “germanófilos” y “aliadófilos”; pero la cuestión no era de política exterior, sino de dos concepciones enfrentadas de nación. Una vertiente autoritaria, jerárquica y tradicionalista, adoptaba los ropajes del nacionalismo y pregonaba sus simpatías con Hitler y Mussolini. En la vereda de enfrente, las corrientes liberales y la izquierda sostenían con mayor o menor sinceridad un ideario republicano, y congeniaban con Inglaterra, Francia y Estados Unidos. La reciente guerra civil española con la victoria de Franco, invitaba a pensar en las soluciones armadas. Había quienes cruzaban la calle cuando veían venir a uno del bando contrario; los simpatizantes de una u otra causa se reunían en confiterías enfrentadas.

En ese clima, a pesar de las protestas alemanas y de la amistosa visita del germanófilo Almirante Scasso, ministro de Marina, los marinos alojados en el Hotel de Inmigrantes fueron destinados a distintas localidades del interior.

Antes de partir, todos ellos iniciaron una duradera costumbre argentina: la de andar con el documento encima. Hasta los años 40 un argentino podía ir a una escribanía, registrar una compra y tan sólo declarar cuál era su nombre. Tras la revolución militar de 1943, la cédula se vuelve imperativa, hasta para comprar un pasaje de tren. Los “Spee” sirvieron para ensayar la nueva moda. En el Hotel de Inmigrantes se les confeccionó una Cédula de Internación que merece el regodeo de un periódico derechista: “tiene cubierta de tela gris, datos del titular, foto, dígito pulgar derecho, casillas para asentar el cumplimiento de las presentaciones ante las autoridades del lugar donde sea remitido, cada vez que así se disponga”. ¿Signo de modernidad, o de control?

Fugados y quedados

Aquí se produjo una primera división. Conforme a las Convenciones de La Haya, los oficiales recibieron un trato distinto: se les daba libertad bajo palabra en Buenos Aires. Los subsidios del gobierno argentino también marcaban las diferencias: 350 pesos mensuales para ellos, 90 para los marineros. Y distintos fueron los destinos. Mientras más de un marinero añoraba su país natal y deseaba una fuga imposible, 46 de los 50 oficiales “huyeron” a Alemania; muchos para hacerse cargo del mando de submarinos. La Argentina confirmaba una larga tradición en materia de evasiones pactadas de prisioneros, iniciada por los hermanos Rodríguez Peña en 1806.


Pero no sólo oficiales eran beneficiarios del privilegio de la fuga. En junio de 1942 ya otros 50 hombres habían huído hacia Alemania. Para 1945 los fugados sumaban 254 (la cuarta parte de la tripulación), en su mayoría suboficiales y técnicos en radio. Unos 60 en realidad permanecieron ocultos, haciendo espionaje en Argentina.

Las palabras y los silencios dibujan un croquis de las evasiones. Algunos oficiales superiores, junto con la inteligencia militar alemana y contando con la “distracción” de los militares argentinos, organizaron la escapada de quienes serían más útiles al poder, a la maquinaria bélica germana. Los otros tuvieron que quedarse en tierra extraña; alguno de ellos todavía siente la necesidad de aclarar que cierto oficial, que permaneció aquí, “no era de esos pitucos”.

Barracas, empresas, hoteles...

Otro Martín Pescador separó a los marineros internados. Algunos fueron acaparados de entrada por empresas o instituciones germanas. En la Embajada, en la aeronáutica Cóndor, la Siemens o la Merck, el Hotel Eden de La Falda o la Clínica El Diquecito, estaban mucho mejor que sus camaradas destinados a nuevas barracas, ahora en campos de internación, (como el de la IV División, camino a San Roque) con escasas posibilidades de empleo, distrayendo sus ratos de ocio con una costura o un tejido.

Las decisiones de las empresas alemanas no eran autónomas. Desde el ascenso de Hitler al poder se impuso una política de “unificación y coordinación” (Gleichschaltung) de todas las asociaciones, círculos, empresas y fundaciones alemanas en el exterior, incluída la Cámara de Comercio alemana en Argentina. También en este caso el poder separaba y escogía.


(Sigue en parte 2)

domingo, 2 de noviembre de 2008

Osvaldo Bayer: libre y libertario


Santos sin iglesia

OSVALDO BAYER, LIBRE Y LIBERTARIO

Esta crónica se refiere a un hombre libre. Claro que el lenguaje heredado parece haber aprendido mucho de Parménides y nada de Heráclito; tiende a lo estático, a suponer objetos fijos, logrados. De manera que al hablar y escribir así, “hombre libre”, se nos vela el hecho de que la libertad nunca está terminada. La libertad de veras no es “una” de las libertades liberales o jurídicas; ni es algo que se posee. Es una empresa que siempre va más allá, siempre nos tiene en refacción y ampliación - descubriendo una servidumbre de la que soltarnos cada día.

Además esta crónica se refiere a un libertario. Porque si uno es consecuente, percibe que no puede seguir siendo libre sin apelar a los otros, que hay servidumbres que sólo podremos afrontar junto a los demás. Y que tampoco las libertades alcanzadas individualmente pueden subsistir si no son urgentemente puestas en común. Entonces, inevitablemente, si se aspira a la libertad, hay que volverse libertario. Es decir, trabajar por la libertad de todos.

Quien se identifica como libertario acentúa las tareas del ser libre: la ruptura con todos los órdenes forzados, aparentes. Porque todos estos se sostienen entre sí: el poder es uno, y se da las manos tras el escenario en el que vemos distintas marionetas aparentes. La liberación es una y la misma, sea que se trate de romper el orden dogmático, el político, el periodístico, el de la historia oficial, el simbólico o el carcelario.

Osvaldo Bayer es un hombre libre y un libertario. Digo esto ahora no sólo por lo que he leído de sus libros sino por haberlo conocido más de cerca en dos días de actividad pública y conversaciones personales, el viernes 24 y el sábado 25 de octubre en Santa Rosa (La Pampa), adonde vino como invitado especial al encuentro de la APE (Asociación Pampeana de Escritores) que cumple su cuarto de siglo.

Me limitaré a contarles, hasta donde la escucha y la memoria me acompañen, sus dichos y hechos en estos dos días – porque creo que lo pintan en toda su estatura humana. Esos dichos y hechos lo colocan, en medio del bienvenido derrumbe de tanto prócer trucho, como una persona ejemplar. Un tipo inoxidable, como dicen los jóvenes.

Osvaldo Bayer inoxidable. En la Universidad.

La primera actividad compartida fue en la Universidad de La Pampa. Tras sortear las escaleras y escaleras del edificio tan “elevado” sobre el suelo común, hallamos en el segundo piso un ámbito cordial. La calidad y calidez de las personas desmentía la hostilidad autocrática del edificio. Allí había estudiantes de Historia, junto a docentes/ investigadoras del equipo de Quinto Sol (excelente revista de historia regional), esperando para dialogar con Osvaldo. Bayer es tan generoso que hace lugar para que sus dos acompañantes también hablen largo y tendido. Son ellos Germán Ferrari (el joven y brillante autor de “Raúl González Tuñón periodista”, docente universitario y orientador de proyectos de comunicación popular), y quien esto escribe.

Nos presentó Jorge Etchenique, escritor e historiador pampeano que “tiene todo leído”: no sólo a Bayer, sino a cuanto hace a la historia de las luchas sociales en La Pampa y en nuestro país. Asombra encontrar a alguien tan valioso y modesto; es infrecuente que Jorge aluda a sus cuentos o mencione sus valiosos trabajos de investigación sobre la prensa de izquierda y los movimientos sociales.

Bayer respondió a las preguntas de los jóvenes con soltura y amplitud. Recordaré algunas de sus afirmaciones.

Los intelectuales, su papel en la sociedad, y algunos entredichos

Destacó a tres personas como ejemplo de lo que debe ser un intelectual: Rodolfo Walsh, Haroldo Conti y Francisco Urondo. Porque el intelectual no debe restarse a las luchas de la sociedad; por el contrario, “tiene que salir a la calle y poner el cuerpo” acompañando todo reclamo popular.

Esta posición hace que Bayer disienta con Ernesto Sábato. No le puede perdonar que haya compartido una comida con el general Videla, y haya salido luego a decir que en su opinión estaba ante un hombre culto – mientras por esos días sus subordinados mataban a escritores. Y que nunca después le haya pedido perdón a su pueblo por esto.

Nos instó a la revisión de la historia argentina, con sentido crítico hacia los proceratos heredados. Con abundantes datos y citas de memoria, sustentó su posición crítica hacia Julio A. Roca en tanto que responsable de un genocidio. Describió las entregas de cautivos de los pueblos originarios como esclavos en la Buenos Aires de 1879-80. Nos hizo recordar que el coronel Ramón Falcón fue el oficial predilecto de Roca en la ocupación militar de las tierras del sur. El mismo Falcón que como jefe de la Federal reprimió ferozmente la pacífica manifestación obrera del 1º de Mayo de 1904, produciéndole varios muertos; y otra vez en 1909, matando a 11 trabajadores y dejando 105 heridos, muchos de ellos fallecidos en los días siguientes. Cuando la huelga de inquilinos en 1907, mandó apalear a mujeres y chicos; los disparos policiales mataron al obrero Miguel Pepe, y fueron deportados numerosos activistas del anarquismo. La paisana y el paisano mapuche han sido víctimas de los mismos dominadores que el obrero inmigrante y su compañera, o el criollo que trabaja en el obraje.

Alguna humorada de Bayer contribuye a esta visión crítica. Recordó la picardía con que Sarmiento aludía a un hermano de Roca, mutando en verbo su nombre de pila: “el general Roca hace sus negocios y su hermano ataliva”, es decir, cobra la coima. Esto le vino en mente cuando cerca de Santa Rosa pasaron por la localidad de Ataliva Roca, en el auto de Etchenique. El topónimo condecora la coima; en el caso del hermano general, los nombres y las estatuas premian la violencia, el crimen y la especulación.

Para Bayer la historia se enlaza con el presente; no se distrae frente a conductas de hoy que son legatarias de la prepotencia de antaño. “Les han pegado a maestras y maestros en Buenos Aires… cómo puede ser que les peguen”… “en Salta a las maestras les arrojaron agua fría a manguerazos para dispersarlas”… “Qué vergüenza, nuestro país ya no es capaz de darles de comer a sus niños… qué hemos hecho.”

Una pregunta se refirió a su parecer sobre la violencia. Bayer se define como pacifista decidido. “Tenemos que buscar la paz perpetua, como lo proponía Kant ya en el siglo XVIII. Terminar con las guerras, con la pérdida de vidas, con el gasto enorme de recursos que causan. Si no hubiera guerras, cuánto podría dedicarse a la ciencia y a la educación, a proteger la naturaleza. Seguramente estaríamos viviendo mucho mejor.” Del mismo modo, en su tenaz campaña para modificar símbolos y nombres en pueblos y ciudades, opta por la discusión y la convicción. “La discusión es el modo de descubrir verdades; no hay que temerle.” Ahora bien, en cuanto a la violencia, no considera que debamos condenarla cuando es una respuesta a la violencia inhumana que se viene ejerciendo sobre quienes se rebelan. Si se les está quitando la libertad y amenazando la vida, es válida la idea del tiranicidio, que viene desde la Grecia clásica.

Su “entredicho” con Mempo Giardinelli se inscribe en esta línea de pensamiento. Mempo discutió la postura ética del tiranicidio, sosteniendo que nunca debe matarse a nadie por ningún motivo. Bayer replica: “Supongamos que soy un judío preso en un campo de exterminio. Sé que mañana me van a llevar a la cámara de gas. Al anochecer veo que un guardia se ha quedado dormido junto a un agujero que hay en la alambrada. Hay una piedra en el suelo. Podría tomarla, golpear al guardia (quizás lo mataría) y huir. ¿Acaso en ese momento pensaría que no, que debo seguir esperando mi asesinato, porque Mempo Giardinelli dice que nunca hay que matar a nadie?”

Nos comenta su preocupación por los presos políticos de la Argentina de hoy: los de San Telmo; los seis campesinos paraguayos que ahora, tras una huelga de hambre de mas de 70 días, han sido “expulsados” hacia su país natal. Él ha promovido campañas y ha entrevistado funcionarios para lograr su liberación – no su expulsión.

En relación con los seis paraguayos, observa que tres de ellos sólo hablan en guaraní. Con esto destaca la vitalidad de culturas regionales que trascienden las fronteras artificiosas. Hay rasgos comunes entre Corrientes y Paraguay, entre el Noroeste y Bolivia, entre zonas patagónicas y Chile…

Cuando salimos, las profesoras y los alumnos lo esperan para saludarlo; le entregan la revista Quinto Sol. Me llama la atención el modo cuidadoso, reverente, con que la toma en las manos y hojea las primeras páginas.

Modales y valores

A la hora del almuerzo, descubrimos otras afinidades: nos entendemos a la luz de un tinto umbrío y chispeante, y él comenta que su bebida preferida es el Campari - como él dice, un elixir prohibido por lo caro.

Cuando ve que alguien está esperando que lo sirvan a él para comenzar con la comida, allana las cosas: “Según la etiqueta europea y alemana, no hay que esperar cuando a uno le han servido algo caliente. Empiecen, nomás.”

Relata incidentes de su vecindario que él transforma en episodios divertidos. Su casa en Buenos Aires fue bautizada “El Tugurio” por un amigo irónico, nombre que él adoptó hasta el punto de mandar hacer un letrero en esos términos. Pensó hacerlo con los colores de la Idea. “Pero el letrista me dijo que no iba a quedar bien en rojo y negro. Lo hizo en amarillo y verde.” Los alumnos de un instituto cercano suelen reunirse en el frente de su casa, charlando y haciendo a veces bastante ruido. En una oportunidad, se asomó para pedirles que redujeran el bullicio, porque no lograba concentrarse para terminar un escrito que debía entregar. Se hizo el silencio; al rato, vio un papelito que había sido deslizado bajo la puerta de calle. Decía “viejo histérico puto gay”. Bayer se ríe: “seré dos veces lo mismo”… Otro día, le llega la conversación de dos chicas. Una de ellas quiere escribir en la pared algo dedicado al muchacho que le gusta. La otra la alienta a que lo haga. Cuando la primera se preocupa por lo que puedan decir los habitantes de la casa, la amiga la tranquiliza: “Nooo, si acá vive un viejo pelotudo nomás.”

Walsh, Urondo… y el perito Moreno

En la conversación aparece otra vez Rodolfo Walsh, y el recuerdo de su último encuentro con Bayer. Ambos simulaban mirar una vidriera en pleno centro de Buenos Aires, y se hablaban disimuladamente, de costado. Walsh insistía en que Bayer debía irse del país; típica en él era esta preocupación por los demás antes que por sí mismo.

Paco Urondo, que ocupaba el escritorio contiguo al de Bayer en el diario La Opinión es recordado también por él. “Pensar que al ver su aspecto exterior, uno habría dicho que era un fifí. Siempre de traje, impecable.”

Nos hace reír con una anécdota. En una ciudad patagónica fue invitado a disertar en una institución que está bajo la advocación del Perito Moreno. Bayer comenzó diciendo que considera lamentable el racismo de Moreno, que en uno de sus párrafos afirma el parecido entre los mapuches y los sapos. La directora de la institución le hizo notar que por los tiempos en que Moreno escribía, también Darwin sostenía que el hombre desciende del mono. Dejando pasar la inexactitud de esto último, el disertante respondió con una humorada decisiva: “Ah, entiendo. Entonces estaría bien decir que el hombre desciende del mono, pero para el Perito Moreno el mapuche desciende del sapo”… Remata el relato observando que no volvieron a invitarlo a esa entidad.

El anarquista y el obispo

En camino de regreso al hotel, rememora su relación cordial con Jaime de Nevares, el obispo que defendió los derechos humanos y el derecho mapuche a sus tierras. Cuando los presentaron, Bayer le preguntó si él era pariente de las “señoritas” de Nevares, setentonas que habían sido sus catequistas, y que ya por entonces predicaban un cristianismo de compromiso social. De Nevares le comentó que ambas eran tías de él, y que su decisión de ser cura había sido impulsada por ellas. “Mire qué cosa, de la misma catequesis usted salió anarquista y yo salí obispo”.

Exilios y dolores

Entre tantas pérdidas, Bayer tiene que lamentar una más reciente en su familia: la muerte de su nieto Bruno, joven y brillante graduado de ciencias políticas. Hay motivos para sospechar que en su final trágico haya estado la mano de alguna banda neofascista italiana. Pero en tanto no haya pruebas que aportarle al poder judicial o a la policía, el caso seguirá cerrado. Y quizás no se llegue a saber la verdad sobre esto, admite el escritor.

Por los días en que Osvaldo fue amenazado por las tres A, estas habían matado al bebé de Raúl Laguzzi, rector de la UBA (setiembre de 1974). Bayer se quedó en Argentina, pero envió al exterior a su esposa y sus hijos: quería que ellos estuvieran a salvo. (Sus “vecinos de años”, sabiéndolo amenazado, le pedían que se mudara…) Trágico sarcasmo: tantos años después, alguien de su familia ha caído allí donde debía estar más seguro.

Por la tarde, Bayer inicia el Encuentro de Escritores con la presentación de su libro “Entredichos”, en extensa y medulosa entrevista con Jorge Etchenique. Al otro día lo escuchamos nuevamente en el Encuentro, y en la reunión del Colectivo cultural y social “1º de marzo”, de los jóvenes pampeanos en Santa Rosa. En otro artículo de este blog hemos incluido la foto y la referencia de esta presencia.

Quisiera registrar sus conceptos sobre el tema del Encuentro (“Escribir desde la periferia en el siglo XXI”). Sus ideas se transforman en propuestas de acción.

-“Lo que vale es la obra. Ahí no hay centro ni periferia”.
- “Ya no vienen las cosas en carreta. No es difícil tener información actual, comunicarnos rápidamente, conocer lo que otros están escribiendo, investigando.”
- “Exijamos y realicemos congresos y encuentros donde participen hasta los pueblos más pequeños y lejanos. La unión de las periferias.”
- “Hay valores en la vida que se llama “periférica”: las relaciones de vecindad, la naturaleza”.
- “Hay que formar más organismos culturales que reúnan a los creadores de distintas regiones. Regiones que con frecuencia superan las fronteras políticas nacionales. Por ejemplo, realizar encuentros donde puedan dialogar y conocerse creadores de Corrientes y del Paraguay, que comparten las raíces guaraníes.”
- “Luchemos contra el exilio y el destierro, en todas partes. Es una periferia en la que uno cae: otro idioma, otras costumbres.”
- “Luchemos por los medios de comunicación, para salir del dominio de las grandes empresas. Que haya cooperativas de periodistas como propietarias. Todos estamos en la periferia con respecto a los grandes medios de comunicación actuales en Argentina.”
- “Les quiero recordar que `La Pampa Libre’, periódico anarquista publicado en estas tierras, cuando en 1923 Kurt Wilckens estaba preso, le dedicaba el encabezamiento de su primera página, en estos términos: “Gringo gaucho, hermano Wilckens: reciba el aliento de los gauchos de La Pampa, que lo consideramos el hermano del pueblo pobre.” Y la canción del payador Martín Castro dedicada a Wilckens. También que Francisco Ferrer Guardia, el educador que creó una nueva escuela en libertad, fusilado en Barcelona en 1909, fue homenajeado con una marcha callejera… en la remota Santa Cruz, en Argentina. La situación periférica no es un impedimento para la solidaridad de los pueblos.” Porque, concluye Bayer, retomando una antigua máxima de sabiduría:
- “Todo se descubre.”

Me quedo mirando el diario La Arena del sábado, con la foto de Bayer (“Primera vez que salgo en la tapa de un diario”), junto al título: La historia, con ética. Diría algo más: Bayer se plantea la historia como ética. De igual modo que la vida. Inseparables, etica, vida e historia, en la lucha por una vida verdaderamente humana.

miércoles, 29 de octubre de 2008

MITOS: EL CENTRO DEL MUNDO


(Foto: con los jóvenes del Colectivo Cultural y Social 1º de marzo, en Santa Rosa, acompañando a Osvaldo Bayer. Octubre de 2008.)







Mitos del centro y realidad de la dominación. El centro como metáfora de control. Arcaísmos y permanencias.

En el reciente XXIV encuentro de escritores de Santa Rosa (ver en este blog http://elavesimurgh.blogspot.com/2008/10/ni-centro-ni-periferia-tiempo-espacio.html) el tema elegido nos llevó a cuestionarnos el modo en que pensamos, imaginamos y usamos los conceptos de “centro” y “periferia”.

Compartiendo el pensar de otros autores, desde Heráclito hasta Walter Kohan y hasta los que se reunieron en diciembre en la Selva Lacandona, decíamos que estos conceptos, adoptados como representaciones espaciales estáticas (“aquí está el centro”, “estamos en la periferia”), son instrumentos al servicio de la dominación.

Dicho en términos escuetos: si te han convencido de ser periférico, actuarás como tal: estarás pendiente de lo que sucede en el “centro” o se comunica desde él, esperarás los cambios que vengan desde allí, y renunciarás a unirte a los demás para construir otros espacios no-centro / no-periferia.

Frente a este condicionamiento, insistíamos en que el espacio tiempo no es previo y condicionante de la acción histórica, sino en que el movimiento, la acción, genera los tiempos y espacios (como la diuca de Edgar Morisoli canta "no porque va a amanecer, sino para que amanezca").

Por poco que pensemos y observemos, entenderemos que el espacio puede asumir igual valor en cualquiera de sus sectores o tramos. En él se dan concentraciones, claro: de materia, de energía, de poder o riqueza. Pero no hay lugares privilegiados de la acción histórica – aunque en todas las épocas y edades aparezca “algún” lugar donde se generan o amplifican transformaciones. Un páramo en el Asia interior, un rincón de Palestina pudieron parir un imperio o una filosofía revolucionaria; lo mismo se puede esperar de la Patagonia o del pueblo de acá al lado. La potencia histórica no está adjudicada de antemano. E igualmente en el cosmos, donde no hay “lugares más cósmicos que otros”…

Pero entonces, ¿por qué nos resulta tan “natural” (naturalizado, en realidad) esto de creer que hay “centros” en el espacio?

En parte, por condicionamiento cultural e ideológico, reforzado por las empresas comunicadoras capitalinas. Este condicionamiento es útil para mantener la dominación. En parte también como resultado de la centralización burocrática, y la captación capitalina de intelectuales, proceso que en Argentina ha sido señalado por Raúl Scalabrini Ortiz. Pero además, la representación del espacio como algo que tiene “centros” se vincula a procesos de simbolización arcaicos, y a los primeros imperios antiguos. Creo que este es un estampado profundo que llevamos. Desarmarlo es servir a la libertad del pensamiento.

Venimos detectando cómo diversos conjuntos de mitos, a diferencia de aquellos que son liberadores, suelen servir de velado sustrato para mantener la dominación sobre anclajes profundos. Así, la planta sagrada que podría ser liberadora de conciencias, queda envuelta en un halo de terror y demonismo; así también reaparece una y otra vez la alienante expectativa del salvador personal encarnado en la peripecia histórica; así permanece de algún modo naturalizado el filicidio o la entrega de tantas Ifigenias… (V. MARTÍN, Ana. Ifigenias. mujeres abusadas, robadas, esclavizadas, sacrificadas. Ponencia para el XXIV -Encuentro de las Letras Pampeanas. Santa Rosa, Octubre de 2008.)

Centros del mundo: ciudades y capitales

Volvamos a esto del “centro”. En la Antigüedad ciertos lugares de especial significación o capitales fueron definidos alguna vez como centros del mundo. También se utilizaba la metáfora del ombligo. Ombligos fueron Delfos, Cusco. Quizás esto no suponía una centralización tan extrema o dominante, porque el ombligo alude a una conexión con una matriz. Ahora bien Pekín, Persépolis, Akkad, Roma (pagana o papal), Jerusalem, se ufanaron de ser “centro del mundo”. Y todavía hoy se ufanan París, Londres, Nueva York. Un titular de diario hablaba en estos días del “hundimiento del centro del mundo”… para útil pánico de los dominados, que se sienten inermes e incapaces frente a acontecimientos distantes, supuestamente incontrolables, en aquel privilegiado “allá”, y se disponen mansamente a pagar los costos de una fiesta ajena. Ese espacio descripto como centro es privilegiado hasta en sus hundimientos: es consabido que el Titanic tiene más prensa que el Principessa Mafalda o el Rastreador Fournier.

Esta metáfora del centro ha funcionado y funciona como un artilugio simbólico para instaurar y mantener la idea del Imperio, o de la supremacía, en el cacumen de los súbditos.

Agartha y el Rey del Mundo

Veamos otra metáfora, esta vez milenarista. En su viaje por el Asia interior durante 1920 y 1921, Fernando Ossendowsky registró la creencia en Agartha, oculto Centro del Mundo. Antes, el autor francés Saint-Yves d´Alveydre, en su obra póstuma Misión de la India (1910) había descripto este centro.

Allí en Agartha está esperando el Rey del Mundo, el Brahmâtmâ, que un día vendrá para imponer la paz y la justicia sobre la tierra. El y su pueblo migraron bajo la tierra hace más de mil años. Allí han ido a abrevar sus doctrinas y preceptos los grandes profetas, por ejemplo el Buda.

El Rey del Mundo ve los corazones y las mentes de todos los dirigentes de países de la tierra; si prevé que sus acciones ocasionarán el mal, les prepara la ruina. Conversa una vez al año mano a mano con Dios, al que pone al tanto de lo decidido junto a los Goros, sus ancianos y sabios consejeros. Cuando alguien pretendió ingresar a su reino para pedir ayuda, el guardián le respondió que el Bramhytma vendrá el día previsto y necesario; porque “todavía no han venido los peores males al mundo”. Este Rey dispone de maravillosos adelantos tecnológicos, porque en su territorio se da un calmo desarrollo de las ciencias: extraordinarios medios de transporte, de visualización, de detección, están a su alcance. Su reinado abarca también las cavernas subterráneas de América.

Convengamos en que si usted cree que lo peor de la historia todavía no acaeció, pero que precisamente cuando acaezca aparecerá un salvador para iniciar una era de paz y justicia, posiblemente no le interese la participación política o la militancia en alguna causa terrestre. Ahí está la funciòn política de este mito.
Los reyes escondidos. La Sociedad Thule.

De modo parecido, en algún centro secreto están esperando Barbarroja, y Federico II, y el rey Sebastián de Portugal, y quién sabe cuántos y quiénes más, para venir a resolver con su mandato los problemas del género humano. Esperemos que no se les de por venirse todos juntos. Supo haber sociedades secretas que actuaron en nombre de alguno de ellos, haciendo “justicia” mal y pronto. Por ejemplo los Tribunales Secretos de Westfalia, que en tiempos inseguros en Alemania, aplicaban justicia sumaria siguiendo supuestamente las leyes de Carlomagno, difunto varios siglos antes.
Hitler y los jerarcas nazis, y también el materialista Stalin, buscaron también un centro oculto, cuya posesión les permitiría tener un poder firme y duradero sobre todo el mundo. La secreta Sociedad Thule, en la que surgió el símbolo de la svástica y la creencia en la superioridad aria, sostenía la existencia de ese centro bajo la tierra, de donde saldría a luz una humanidad superior –compuesta por robustos ejemplares rubios.

La temible Mayoría

Materialmente más cerca nuestro, está el mito de la Sociedad, la Mayoría o la Brujería, cónclave secreto que dirige el mundo sin que lo sepamos, y que todo lo ve mediante una gigantesca piedra cristalina, el ojo en la cueva de Quicavi, donde el panóptico se une a la fantasmagoría del centro oculto.

Investigado por Oreste Plath y divulgado por Bruce Chatwin, el mito narra que en un lugar de Chiloé, la cueva que mencionamos, se reúne ese consistorio de doce grandes brujos, exclusivamente varones. Ellos pueden enterarse de todo lo que sucede en el mundo, aún los actos secretos de las personas, mediante una gran piedra preciosa cristalina y facetada. Allí te ven y me ven. Si necesitan secuestrarte, enviarán a levantarte su barco fantasmal, el Caleuche. La Mayoría elige como guardián de la cueva a un niño al que le deforman el cuerpo, dándole vuelta las extremidades hacia atrás, hasta que su monstruosidad se torna horripilante. Atención entonces: esta criatura, el Invunche, es un monstruo fabricado. Por si algo faltara en el elenco, se agrega la Chilladora, una joven a la que se han vaciado las vísceras, y que así alivianada y hueca vuela sobre las comarcas repitiendo, repitiendo los rumores que la Sociedad quiere difundir. Espionaje, deformación extrema, secuestro, rumoreo repetido por criaturas sin interioridad… ¿no resultan esclarecedores estos temas míticos que describen los elementos constituyentes una dominación?

El Sagrado Corazón y la teta de Colón.

La imagen del Sagrado Corazón, que es muy anterior a su adopción por el catolicismo en el siglo XVII, se relaciona con estas metáforas espaciales. Estos centros utópicos espacializan al Salvador y Rey del Mundo, reproduciendo y regenerando el esquema del poder del Señor. (De paso: en otro capítulo de este blog, el de las "Plantas Sagradas", referimos cómo esa imagen del Corazón es en realidad una semilla de silfio).

Lejos de la modernidad que se le atribuía en los relatos escolares, Colón llegó a la conclusión de que la tierra… no era redonda:

“Yo siempre leí qu’el mundo, tierra y agua hera esphérico [...] Agora vi tanta disformidad [...] y hallé que no hera redondo en la forma que escriven, salvo qu’es de la forma de una pera que sea toda muy redonda, salvo allí donde tiene el pezón, que allí tiene más alto [...] como una teta de muger [...] y qu’esta parte d’este pezón sea la más alta, cerca del cielo, y por debajo de él fuese la línea equinoccial y el fin del Oriente adonde acaban toda tierra e islas del mundo" [...] (C.Colón21995: 376-377)4.

Un espacio tensionado, no homogéneo, en el que hay un punto privilegiado por su proximidad al cielo. Allí está el Paraíso, y hasta allí cerca habían llegado sus naves, quería creer el Almirante.

El “centro interior”

La espacialización del control mediante una metáfora, es más exitosa cuando se la internaliza. aplicándola a la propia constitución de la persona. Se ha dicho que en Occidente, al menos desde René Descartes, tendemos a sentir y pensar nuestra persona como un enanito que, desde una alta cabina ubicada en el cráneo, maneja todos los comandos de una máquina corporal. Inútil para entender nuestros procesos somático-mentales, la imagen sirve cuando se trata de poner bajo dominio y administración las energías de las personas con fines laborales y de “ordenamiento” en general.

Así pues, una estrategia de dominación interna de la persona acompaña a las estrategias de dominación aplicadas mediante las representaciones del espacio externo. Haber detectado esta metáfora tampoco es mérito mío, sino una idea que traigo de un pensador patagónico quizás escasamente aprovechado: Oscar Nudler, filósofo rionegrino al quien le debemos certeros análisis de los modelos de desarrollo.

En fin, uno quisiera ser moderado en sus combates, y no meterse a pelear con Corín Tellado o con algún cancionista romántico. Pero cuando el lenguaje amoroso habla de que Fulano es “el centro de mi vida” o Perengana “está en mi corazón”... no hay un modelo que otra vez se reproduce?

Algunas reflexiones

Evitando toda conclusión concluyente, sólo apuntaremos algunas reflexiones sobre este complejo mítico.

Al pensar en las aplicaciones de la palabra “centro”, además de la ya registrada de la crisis “en el centro del mundo”, vienen en mente los “centros culturales” asociados al onganiato y a otros gobiernos, abierta o veladamente autoritarios. O aquella célebre y difunta consigna de “llevar la cultura desde el centro a los barrios”… como si estos fueran un territorio vacío a conquistar.

Posiblemente la tradición mítica del “centro” ha contribuido a que aceptemos con naturalidad estos preconceptos.

En Santa Rosa, mientras se desarrollaba el encuentro aludido, hicimos un paréntesis para acompañar a Osvaldo Bayer a una visita inolvidable. Es la que quedó registrada en la foto de este post. Habíamos sido invitados por los jóvenes que han conformado un “Colectivo cultural y social”: en una casa abandonada y reocupada, ofrecen talleres, conferencias, encuentros de trabajo.

Me pareció ejemplar que estas mujeres y estos hombres jóvenes llamen a su espacio “colectivo” y no “centro”. Precisamente de eso se trata. Y para eso sirve repasar estos mitos.

jueves, 23 de octubre de 2008

"Ni centro ni periferia". Tiempo, espacio, escritura, revolución. (2)



(Viene de la parte 1)



Se cree que en algún lugar de Chiloé se esconde la cueva de Quicaví, un secreto "centro del mundo".



4. El centro como metáfora de control. Arcaísmos y permanencias.

La representación del espacio como algo que tiene “centros” se vincula a procesos de simbolización arcaicos, y a los primeros imperios antiguos. De ahí en parte su éxito.

Las grandes capitales, los lugares de especial significación ceremonial, fueron definidas alguna vez como centros del mundo. También se utilizaba la metáfora del ombligo. Ombligos fueron Delfos, Cusco. Quizás preferible esto del ombligo, porque alude a una conexión con una matriz. Pero Pekín, Persépolis, Akkad, Roma, Jerusalem, París, Londres… y Nueva York, se ufanaron o ufanan de ser “centro del mundo”. Un titular de diario hablaba ayer del “hundimiento del centro del mundo”…

Esta metáfora ha funcionado como una estrategia simbólica para instaurar la idea del Imperio, o de la supremacía, en el cacumen de los súbditos.

Veamos otra metáfora, esta vez milenarista. En su viaje por el Asia interior, Fernando Ossendowsky registró la creencia en un oculto Centro del Mundo, Agartha. Allí está esperando el Rey del Mundo, que un día vendrá para imponer la paz y la justicia sobre la tierra. De modo parecido, en algún centro secreto están esperando Barbarroja, y Federico II, y el rey Sebastián de Portugal, y quién sabe cuántos y quiénes más, para venir a resolver con su mandato los problemas del género humano. Esperemos que no se les de por venirse todos juntos. Supo haber sociedades secretas que actuaron en nombre de alguno de ellos. Materialmente más cerca nuestro, está el mito de la Sociedad, la Mayoría o la Brujería, cónclave secreto que todo lo dirige sin que lo sepamos, y que todo lo ve mediante una gigantesca piedra cristalina, el ojo en la cueva de Quicaví, donde el panóptico se une a la fantasmagoría del centro secreto.

La imagen del Sagrado Corazón, que es anterior a su adopción por el cristianismo, se relaciona con estas metáforas espaciales. Estos centros utópicos espacializan al Salvador – Rey del Mundo, reproduciendo y regenerando el esquema del poder del Señor.

La espacialización del control mediante una metáfora, es más exitosa cuando se la internaliza hasta el punto de aplicarla a la propia constitución de la persona. Se ha dicho que en Occidente, al menos desde el cartesianismo, tendemos a sentir y pensar nuestra propia persona como un enanito que, desde una alta cabina ubicada en el cráneo, maneja todos los comandos de una máquina corporal. Como el maquinista de una motoniveladora, digamos. Inútil para entender nuestros procesos somático-mentales, la imagen sirve cuando se trata de poner bajo dominio y administración las energías de las personas con fines laborales y de “ordenamiento” en general. Una estrategia de dominación interna de la persona acompaña a las estrategias de dominación aplicadas mediante las representaciones del espacio externo. Haber detectado esta metáfora enferma tampoco es mérito mío, sino una idea que traigo de un pensador patagónico quizás escasamente aprovechado: Oscar Nudler, filósofo rionegrino al quien le debemos certeros análisis de los modelos de desarrollo.

5. La escritura y las otras prácticas sociales de los escritores.

Edgar Morisoli, en el sagaz documento sobre “Nuestro lugar. Un punto donde hincar la punta del compás”, observa que hay un momento de la escritura en que no existe periferia:

“Cuando el escritor está viviendo la pulsión creadora, labrando pacientemente su texto, sufriendo y gozando la palabra, no existe periferia. Hasta el rincón más lejano, el paraje más olvidado o desvalido en que pueda habitar, la ciudad en que pueda perderse, se transforma, por obra y gracia de la creación, en un centro incandescente. Y esa pulsión puede durar días, meses, años… o un instante; puede involucrar el tiempo de un poema o un cuento aislado, o la arquitectura de una obra integral; puede resistir el aislamiento, el anonimato, el olvido. El poeta crea, siempre, desde el centro de un mundo. Desde el centro del mundo.”

Es un pensamiento para compartir y suscribir. Porque en materia de escribir y en el momento de escribir, no hay presencia de una brecha tecnológica o de productividad. Ninguna tecnología hace que uno escriba, o que escriba mejor. Ni se siente la distancia o la cercanía del “centro”, sea cual fuere. Ni está pesando sobre el escritor la dispar apropiación de excedentes. En este mundo de la palabra, todos nos apropiamos de todo, todos damos todo. Es un modelo natural e integralmente comunista – aunque haya escritores muy individualistas. Tema para otra instancia.

Digo lo mismo con otras palabras, al sostener que la escritura es necesariamente excéntrica y marginal. Veamos los motivos para cada uno de estos calificativos.

Excéntrica, no porque escritoras y escritores seamos raros (aunque bien podemos serlo), sino porque la escritura del escritor, no la del escriba, tiene su propio centro, y por ello no tributa a las acumulaciones de poder o de riqueza. Aún en cercanías del aparente centro, llámese Buenos Aires, Viedma, Nueva York o California, la escritura no está “centrada” para servir a lo específico de ese centro, a la concentración de recursos y decisiones. Una novela de Dos Passos o un ensayo de Scalabrini Ortiz, o el Martín Fierro escrito en una mesita de hotel de Buenos Aires, o el infierno del Dante o el Monipodio de Miguel de Cervantes, son feliz y totalmente excéntricos, y aún más: carcomen toda ilusión de centralidad del poder y la riqueza.

Y la escritura es y no puede sino ser marginal, porque el escritor no está en el parque de las estatuas, sino a orillas del río – cuanto menos, en las márgenes; la mirada sumida en él.

Traigo acá una idea de otro revolucionario pensador argentino, Walter Omar Kohan. Él hace pie (p. 128) en el fragmento 12 de de Heráclito de Éfeso: “Para aquellos que se bañan en los mismos ríos, fluyen aguas distintas y distintas”

“El problema más relevante que traza este fragmento, no es el de un supuesto movimiento o fluir universal, sino el problema del modo de ser de las entidades (en este caso los ríos) que se presentan ante una perspectiva humana como algo uno y al mismo tiempo múltiple, idéntico y también diferente, el problema de entidades que muestran un modo de ser contradictorio. Heráclito afirmará, al mismo tiempo, la identidad de la unidad y la totalidad así como la naturaleza contradictoria y conflictiva de todo lo que es, percibiendo lo real como algo en lucha, una disputa necesaria entre contrarios y, simultáneamente, como la reunión de esos contrarios en la unidad.”

El mismo Kohan apunta:


“En el fragmento 52 Heráclito dice: "El tiempo de la vida es un niño que juega un juego de oposiciones. De un niño su reino" (Kohan p. 147). Asociado al tema del devenir, aparece el de la espera o la actitud humana ante el venir a ser. La infancia simboliza en este fragmento la novedad de un tiempo que no es tiempo de desarrollo, de continuidad, de inicio, de medio y fin sino de una temporalidad de la irrupción, del instante, de lo siempre presente. Infancia sin tiempo, sin cronología, infancia como figura del devenir.


Heráclito ilustra un tipo de pensamiento y una actitud que afirman una lógica que no es la lógica clásica de Occidente, aquélla de los principios de identidad, no-contradicción y tercero excluido sino una lógica que piensa lo ilógico, lo impensable, lo que no se puede o no se debe pensar y que espera lo inesperable. Heráclito se encuentra, desde un punto de vista filosófico, en la infancia del pensamiento. Y esto no lo desmerece.”


Desde esta perspectiva es que digo que la escritura de los escritores es marginal. Está a la margen, está en espera, está ante el venir a ser, la irrupción, el instante, lo siempre presente, lo ilógico, lo que no se deja apresar por el pensamiento formal.

Hay otro ribete conflictivo de esta díscola escritura. Mejor que en mi prosa, lo dirá en versos el poeta peruano Antonio Cisneros. Me parece que su palabra se aplica a las relaciones de la escritura y de la humanidad plena, con todo poder y toda riqueza:

Poema sobre Jonás y los desalienados


Si los hombres viven en la barriga de una ballena
sólo pueden sentir frío y hablar
de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta
y de las manadas periódicas de peces y de murallas
oscuras como una boca abierta
y sentir mucho frío.
Pero si los hombres no quieren hablar siempre de lo mismo
tratarán de construir un periscopio para saber
cómo se desordenan las islas y el mar
y las demás ballenas —si es que existe todo eso.
Y el aparato ha de fabricarse con las cosas
que tenemos a la mano y entonces se producen
las molestias, por ejemplo
si a nuestra casa le arrancamos una costilla
perderemos para siempre su amistad
y si el hígado o las barbas
es capaz de matarnos.
Y estoy por creer que vivo en la barriga de alguna ballena
con mi mujer y Diego y todos mis abuelos.
Más pronto que tarde, la poesía y la escritura incomodan. Como lo dijo y lo sufrió Salvatore Quasimodo “la creatividad y la inteligencia son tratadas como contagiosas enfermedades mortales por los poderes constituidos, Iglesias y estados”. Pero allí está precisamente su lucha libertaria, aún con las solas armas líricas de la nostalgia y el dolor.

El “enraizamiento” de la escritura integra este proyecto molesto para los poderes. En el cambio de generaciones de las últimas décadas, hemos visto en Río Negro cómo una literatura signada por la nostalgia y la extrañeza, da paso a formas de escritura más localizadas. Al menos, así leo un cuidadoso estudio realizado recientemente por Silvia Sánchez y Adriana González. Esta localización es a la vez una construcción de resistencias y espacios simbólicos, ajenos a las categorías centro – periferia. Los poetas incluidos en la ya clásica Antología de Raúl Artola y Mónica Larrañaga bastarían para sustentar este juicio.

Pero fundamentalmente en la palabra libre, por el sólo hecho de su libertad, está la crítica a los poderes. Criticamos la palabra servil al poder constituido, simplemente cuando liberamos la palabra.


Volviendo al hilo de estas ideas, retomamos la argumentación de Edgar Morisoli, cuando observa que la diferencia entre espacios privilegiados o postergados se nos torna sensible no en el mismo momento de escribir, sino en otros aspectos que hacen a la escritura: su contorno, sus herramientas.

Nuestro afán por escribir aquí, sin irnos de nuestros pueblitos o ciudades, nos somete a ciertas incomodidades o limitaciones. No tenemos igual acceso a bibliografías, bibliotecas, medios de comunicación o emprendimientos editoriales, que quien vive en alguna de las grandes capitales. Y los más pueblerinos percibimos también diferencias de posibilidades con quienes están en ciudades mayores, o en las capitales de provincia.

Así lo indica Morisoli:

…”la respuesta probablemente será otra –y hasta muy otra-, cuando el creador afronta la instancia de dar a conocer su obra, de publicarla. O cuando desea conocer la literatura que se produce en otras provincias, en otras latitudes de la patria. O cuando necesita consultar determinadas bibliografías, sobre todo si se trata de editoriales no porteñas. Los modernos medios de comunicación electrónica, para quienes tienen acceso a ellos, sin duda han facilitado algunos de estos aspectos, pero no todos ni los esenciales.”

De suyo que esto de “publicar” no es algo por demás ajeno o distinto de escribir. La palabra es palabra en tanto es proferida, es pro-nunciada. Y así, la cuestión de dónde y cómo publicar no es accesoria sino ínsita a la escritura. He aquí una fecunda contradicción: estamos tratando lo instrumental, pero estamos tocando lo fundamental de la escritura de los escritores. Vamos a ello.

6) Plantearnos la constitución de un “espacio otro”.


La respuesta nace no sólo de la teoría. Don Durito de la Lacandona nos puede orientar nuevamente cuando afirma:

“La diferencia entre lo irremediable y lo necesario, es que para lo primero no hay que prepararse. Y sólo la preparación hace posible determinar lo segundo”.

¿Qué haremos, para superar lo irremediable e instaurar lo necesario? ¿Qué tenemos que preparar, para qué debemos prepararnos?


Propondría como idea orientadora, esta que expresa el subcomandante Marcos, en el encuentro de diciembre de 2007 que venimos espigando:


“Quisiera explicar lo que queremos señalar con el título general, eso de “Ni el centro, ni la periferia”.


Nosotros pensamos que no se trata sólo de evitar las trampas y concepciones, teóricas y analíticas en este caso, que el centro pone e impone a la periferia.


Tampoco se trata de invertir y ahora cambiar el centro gravitacional a la periferia, para de ahí “irradiar” al centro.


Creemos, en cambio, que esa otra teoría, algunos de cuyos trazos generales se han presentado aquí, debe romper también con esa lógica de centros y periferia, anclarse en las realidades que irrumpen, que emergen, y abrir nuevos caminos.”


Contrarrestar el discurso de la periferización, supone reconstituir, con otras prácticas, los espacios sociales. En cuanto escritores, supone que nos pongamos a construir un espacio distinto, otro espacio, ajeno a la disyuntiva centro – periferia. Producir este espacio otro, será una tarea concreta y libertaria. Me quiero salir del lugar del pobre provinciano que debiera ir a Buenos Aires, o a donde sea, para ser “reconocido”. Romper con la imagen que esa definición desde afuera me impone, y encontrarme con los otros en un ámbito ajeno a ella.

De otro modo, aquí estamos diciendo lo que Raúl Artola expresa en su definición “la periferia es nuestro centro”. Allí quedan tamizadas y superadas, en la creación, las categorías inmovilistas del análisis. “La realidad une lo que la analítica separaba”; o mejor que en ese aforismo de Franco Ferrarotti, en la osada enunciación de Artola, es la poética esa realidad que cuestiona y une.

Pero, ¿qué espacio se trataría de producir, qué rupturas, mediante nuestra práctica organizativa, asociativa, técnica – imbuídas de creatividad?

Si el movimiento es el que produce el espacio, ¿qué movimiento debemos darnos?

Como ácrata, me inclino hacia los espacios descentrados, reticulados. Y retomo algo que leí en Rafael Barret: la máquina, más que materia, es humanidad condensada. Por eso tiendo a pensar en propuestas que integren tecnologías nuevas y sentidos libertarios.

Sólo me animo a registrar algunos propósitos y formas que puede tener este movimiento. En todo caso, mucho de él será diseñado desde el movimiento mismo, una vez que se inicie – o se fortalezca, en algunos casos.

Creo que podemos y debiéramos avanzar en el acceso a la información y la bibliografía. Podemos formar una red de trabajo que nos permita acopiar páginas de autores patagónicos y ponerlos a disposición de todos los públicos, en espacios informáticos nuestros. Se trata de levantar textos a la red. Nutrirla con autores nacionales y regionales que no están en ella, en este barajar y dar de nuevo que provoca Internet (como lo provocó la imprenta, y antes el pergamino). Propongámonos transcribir e incluir aunque una página por día, de un autor patagónico. Vayámonos de aquí con un deber para hacer. Comencemos por aquellos que ya no están físicamente, previa clarificación de la cuestión de derechos de autor. Si no es posible colocar el texto completo, al menos ubiquemos una síntesis, algunas páginas elegidas.

En cuanto a las bibliotecas, referiré brevemente una experiencia. Durante dos años estuve compartiendo un trabajo en Bahía Blanca. Se trataba de poner las bases para un catálogo colectivo informatizado de las bibliotecas populares de esa ciudad. El objetivo final es que dentro de no mucho tiempo el lector de un barrio cualquiera, mediante la computadora que hay en su biblioteca popular (son veinte, y a todas se les consiguió esta clase de equipos), acceda al catálogo general. Y mediante un sistema de préstamo interbibliotecario, tenga la posibilidad de leer ese material que está en otra institución. Este, creo, es quizás un modo de construir “espacios otros”, ni centro ni periferia.

¿No podemos proponer, apoyar, alentar, proyectos similares a nivel regional? Y hasta hacer algún aporte informativo o bibliográfico para ellos.

Publicar a nuestros escritores requiere, además de la presentación en Internet, la producción de libros. Edgar Morisoli observa en su ponencia, que en la región no estamos huérfanos de imprentas ni faltos de iniciativas editoriales. Creo que podríamos comenzar haciendo un inventario de lo que ya está, y ver la manera en que como colectivo de escritores podemos hacer que sirva para difundir la obra de nuestros creadores. Acaso debiéramos proponer planes editoriales, también a los organismos estatales, para orientar o al menos poner en debate sus políticas de publicación.

También me pregunto cómo podemos enriquecer las iniciativas que ya están en marcha en materia de difusión de informaciones. Hay gente en nuestras provincias que puede ayudarnos a pensar qué clase de sistemas o publicaciones podemos buscar y promover.

No se trata de centro o de periferia, sino de construir nuestros espacios de escritura y de comunicación, ateniéndonos a nuestros fines y necesidades.

Y me parece que en ese mismo movimiento nos constituimos como patagónicos. Más allá de las diversas historias previas, y trayendo todos algo de esas historias, hacemos la casa, la causa común.

Si esta es una lucha de geografías y calendarios, como dijera Elías Contreras, entonces conviene que estemos instalados en otros tiempos y espacios, que no son los de las crisis bursátiles o los grandes negocios – ni siquiera los negocios editoriales.

Quisiera pensarnos en términos de aquel caracol del que habla el apólogo japonés recopilado por Jean Claude Carrière:

“- ¿Adónde vas? - le preguntó una mariposa a un caracol que subía lentamente por el tronco de un cerezo.
- A comer cerezas en la punta del árbol – respondió el lento caminante.
- Pero no hay ninguna cereza allí! –
- Las habrá cuando yo llegue.”

Sólo que en nuestro caso, mejor diríamos: “las habrá porque nosotros llegaremos.”
Gracias!


"Ni centro ni periferia". Tiempo, espacio, escritura, revolución. (1)




Ponencia presentada en el Encuentro de Escritores de la APE, Santa Rosa, 24 de octubre de 2008.


“NI CENTRO NI PERIFERIA”

LA ESCRITURA OREJANA Y EL ESPACIO DE LOS ESCRITORES PATAGONICOS

Queridas amigas y amigos:

Ante todo, un abrazo fraternal para las escritoras y los escritores pampeanos que nos invitan y nos reciben, con la cordialidad que siempre brinda este pueblo. Y la felicitación a los que integran la APE, por nada menos que un cuarto de siglo de existir, de porfiar, de convocar, de publicar… Veinticinco años centrados en la tarea de la escritura, y en el compromiso con el común.

Pensar, escribir, pronunciarse claramente ante todos y por todos… La trayectoria de Osvaldo Bayer, a quien felizmente tenemos presente y saludamos con admiración, corre por el mismo cauce que la de la APE, y con la misma fidelidad indeficiente a los valores humanos y sociales fundamentales.

Centro, periferia, margen, escritura: algunas ideas

Estuve intentando juntar algunas ideas sobre el tema de este Encuentro; la mayoría de ellas han sido tomadas de pensadores y activistas sociales que iré mencionando. Como cuando uno junta leña para un fuego: cada tronquito es el regalo de algún árbol o arbusto generoso.

Por empezar, el título ha sido copiado de una conferencia del subcomandante Marcos de diciembre de 2007.

En un primer resumen de lo que pude acopiar, anotaría que:

- el esquema conceptual centro – periferia sólo sirve de modo limitado para pensar la realidad y la posibilidad de cambio de los espacios sociales; en ocasiones puede servir al ocultamiento de la realidad y para desalentar la acción;

- cuando se vuelve imagen internalizada, el esquema centro / periferia es una metáfora que instaura el control y la tendencia a la reproducción, aún en los intentos o proyectos de cambio o revolución; y esto en varias escalas (desde el país o el mundo, hasta la interioridad de la persona);

- la escritura es ineludiblemente “excéntrica” (no condice con las acumulaciones de poder) y necesariamente “marginal”(porque está en la margen del río de Heráclito). Jonás no puede vivir cómodo indefinidamente; la palabra es molesta para los poderes constituidos;

- para los escritores, la diferencia de oportunidades y posibilidades según los espacios, no se plantea en relación con el escribir mismo, sino en relación con el entorno instrumental y con la difusión de la escritura. Pero la difusión es constitutiva del acto de escritura, y no un agregado final; porque no hay palabra antes o por fuera de ser pronunciada (lección que le debemos a la oralidad, pero que no sólo se aplica a ella);

- en la escritura misma, en el posicionamiento, en el “enradicamento”, los escritores fundamos con la palabra espacios “ni centro ni periferia”, o como los llama Edgar Morisoli, centros de sí mismos;

- la palabra es de por sí crítica hacia los poderes constituidos, hacia toda pretensión de centro;

- para acompañar la tarea de escribir, los escritores podemos producir espacios “ni centro ni periferia” de información, publicación, de soportes bibliográficos;

- este será un modo de reconstituir un espacio social no centro / no periferia desde nuestra propia práctica – intentando superar la hemiplejía teórica. Los movimientos construyen espacios; espacios otros. La reconstitución pasa por el movimiento de los escritores.


1. Brevísima historia del esquema centro - periferia

Comencé buscando algunas pistas sobre la historia de estos conceptos, pensando que ningún espacio es neutral o indiferente; tampoco el de las ideas y los vocablos. Como supo decir Henri Lefebvre. “El espacio ha sido formado y modelado por elementos históricos y naturales; pero esto ha sido un proceso político. El espacio es político e ideológico. Es un producto literalmente lleno de ideologías.” Que las palabras no son inocentes ni neutrales, lo sabemos – más aún por ser lectores y escritores. Entonces pensemos de dónde provienen, en qué circunstancias se generaron y con qué finalidades se utilizaron los términos “centro” y “periferia”. Para despegarnos de estas palabras, que a la vez son categorías, marcos del pensar, y poder así verlas, anverso y reverso.

Este modelo espacial centro – periferia nos viene del desarrollismo contemporáneo. En un reciente libro de los patagónicos Guido Galafassi y Andrés Dimitriu la geógrafa cuyana Ruth Eliana Gabay repasa el trazado de esa historia, vinculada a la CEPAL y al economista Raúl Prebisch, a partir de 1948.

Pobres y ricos, de eso se trataba. Y de una propuesta reformista frente a esa contradicción.

Prebisch trataba de explicar la evidente diferencia entre países pobres (periferia) y países ricos (economías centrales, centros). Para él, esa diferencia se debía a la brecha de productividad; y esta, a los ritmos dispares de apropiación de las innovaciones tecnológicas. El deterioro de los términos de intercambio se sumaba a esos factores de retraso de las periferias. Frente a esto la CEPAL alentaba en un primer momento la planificación, y a partir de los ‘60 el cambio en el perfil exportador de nuestras economías periféricas: estas debían comenzar a exportar manufacturas hacia las economías centrales. Este autor y su grupo postulaban un desarrollo equilibrado del centro y la periferia, mediante un replanteo de sus relaciones. Ideas reformistas por cierto, pero distantes de la visión ricardiana de las “ventajas comparativas” (caramelos versus acero en la nefasta versión de Martínez de Hoz).

Era una visión propia de los tiempos en que se creía en una “burguesía nacional” que podía comprometerse con un proyecto de desarrollo al que apostaría sus esfuerzos y sus propiedades. La idea tras el cortinado era: esto puede modificarse sin necesidad de una revolución o sin mayor trastorno social, mediante una alianza entre empresarios “nacionales” (es decir, capitales supuestamente nacionales), un Estado progresista, y una población que acompañe el proyecto. Con el tiempo, la periferia adoptaría rasgos de centro, y se atenuarían las diferencias entre economías pobres y ricas.

Este diseño espacial iba unido al mito del “crecimiento”: no se proponía redistribuir la torta, sino aumentarla indefinidamente, confiando que sólo con su aumento se lograría que todos pudieran llegar a comer algo de ella.

2. Las desigualdades en el espacio social. Otros conceptos.

Hoy ese esquema hace agua por todos lados. Pero me pareció también que cuando ahora decimos “centro” y “periferia”, tenemos de algún modo presentes otros bagajes conceptuales, y no sólo el del reformismo desarrollista.

Uno de ellos, el de la Geografía radical o crítica, que ya en la década de 1960 invitaba a que percibamos las contradicciones sociales en el espacio. Célebre es la observación de uno de los fundadores de esta corriente, Pierre George: “la mayor injusticia está dada por el lugar de nacimiento”; en efecto, esa localización inicial significa posibilidades de subsistencia y de calidad de vida muy distintas. Bastará un ejemplo entre muchos posibles: quien nace en algunos parajes de la Línea Sur rionegrina tiene un 60% más de posibilidades de morir sin asistencia médica que el nacido en Viedma o en General Roca.

Los geógrafos críticos marcaron así las diferencias entre espacios de riqueza y pobreza. Entendieron que su papel como científicos estaba en ese señalamiento, y no en la pretensión de formular un programa para superar las contradicciones.

En tiempos más recientes, el análisis del espacio instaló como tema central el estudio de los excedentes: para entender las disparidades, hay que detectar dónde se acumulan. Allí donde se da esa acumulación de excedentes, hay un centro. Y la periferia lo alimenta, proveyéndole esos excedentes. El mismo esquema se reproduce en otras escalas (centros de la periferia; centros que quedan como periferia ante centros de mayor concentración y jerarquía). Así lo marca Juan Carlos Moisés en los tramos iniciales de su reflexión, publicada en “El Camarote” y reproducida para este Encuentro.

3. Usos y limitaciones de estos esquemas.

En una primera aproximación, estos esquemas parecen ayudarnos a entender el espacio en que desarrollamos nuestras prácticas. En este caso, nuestras prácticas como escritores (que abarcan no sólo el momento de escribir).

Por cierto vivimos en un espacio desigual. Porque desigual es el reparto de los bienes en nuestra sociedad; y el espacio es un producto social. De modo que en él son desiguales las oportunidades de alcanzar ciertos bienes o servicios, desiguales las posibilidades de acceso a los medios de comunicación… Como decimos en criollo, “Dios atiende en Buenos Aires”. Linda frase para desarmar, que junta la divinidad, la capital y el poder.

También es una verdad de a puño que la riqueza de los ricos se debe a la pobreza de los pobres; generación a dos puntas. Y esto se da asimismo en la relación entre espacios.

Pero me parece necesario que nos hagamos más de una pregunta, partiendo de algo que también señalaba Lefebvre: las representaciones del espacio están cargadas de ideología, vinculadas al poder dominante:

“Son visiones y representaciones normalizadas presentes en las estructuras estatales, en la economía, y en la sociedad civil. Esta legibilidad produce efectivamente una simplificación del espacio, como si se tratara de una superficie transparente. De esta manera se produce una visión particular normalizada que ignora luchas, ambigüedades, y otras formas de ver, percibir e imaginar el mundo.”

Una primera pregunta: pasado el momento de reconocimiento de las diferencias en el espacio, estas representaciones esquemáticas ¿realmente dan cuenta de lo que sucede con nosotros, y entre nosotros y el espacio social? Y esta forma de representación, ¿sirve para dominar, para mantener el dominio, o sirve para libertar? ¿Alienta o desalienta la acción, el movimiento?

Ante todo pareciera que está faltando algo en la visión cepaliana de centro – periferia: la cuestión del poder. ¿Es posible plantearse como problema las relaciones centro – periferia, sin aludir a la cuestión del poder? Poder militar, poder político y poder simbólico ¿no son acaso los que permiten y sostienen las desigualdades en el espacio social? Pero si introducimos la cuestión del poder, entonces aceptaremos que pueden desarrollarse acciones que generen poder por fuera de este esquema espacial.

Por otra parte, diría que no sólo en el esquema de Prebisch sino también en los otros que he mencionado, la visión rígida “esto es centro, esto es periferia”, omite las transformaciones y mezclas que pueden darse y de hecho se dan en esos espacios. Hay espacios periféricos muy mezclados con los centrales, y por otro lado aparecen movimientos y sentidos nada periféricos en la llamada periferia.

Para decirlo con algunos ejemplos concretos: ¿están en el centro las personas que duermen entre cartones y trapos en los vestíbulos de bancos y negocios en el sector de las finanzas, la “city” de Buenos Aires? ¿Lo están las 600.000 familias a las que por estos días les cortaron la luz por falta de pago en los distritos de pequeña burguesía de Nueva York y Nueva Jersey? ¿Es periferia la Cutral Có que ha creado los piquetes? Cuando en el INVAP inventan un satélite, un radar o un reactor ¿eso sucede en el centro o en la periferia? ¿En qué centro estaba David Foster Wallace cuando se ahorcó hace tres semanas en California? ¿Están en la periferia Vuelta del Río, donde la comunidad Curiñanco Nahuelquir, junto a jóvenes universitarios y profesionales, recupera sus tierras frente a los Benetton; y la Selva Lacandona, donde en diciembre del 2007 se reúnen para tamizar pensamientos y prácticas don Pablo y John Berger, el señor Búho e Immanuel Wallerstein, la Magdalena y Naomí Klein y Elías Contreras y el Señor Durito? ¿Y los obreros de Zanón o de la Cooperativa de Trabajo de J.J. Gómez, que recuperó Fricader?

Viene a colación la sentencia de Don Durito de Lacandona, en el texto de Marcos ya citado: “El problema con la realidad, es que no sabe nada de teoría.”

Por otro lado, es para preguntarse si la insistencia en el esquema centro – periferia como “espacios que están ahí”, ya definidos (lo que llaman pensamiento esencialista, eso que Ernest Bloch calificaba como “transformar el devenir en estatua”), si esa esencialización no resulta en trampa, en tanto supone un espacio estático y sin rupturas. Así como el tiempo del evolucionismo socialdemócrata es un tiempo sin interrupciones revolucionarias, este espacio del desarrollismo es algo ya dado, inmóvil en sus rangos.

En el tiempo no sólo hay duración; se da la dimensión del kairos, irrupción que es reviviscencia y salto; y aquí me limito a aludir a Walter Benjamin y a Immanuel Wallerstein, a Rosa Luxemburgo con sus “tiempos interesantes”, al Jauretche de Paso de los Libres… Asimismo en el espacio surgen lugares de grieta y magma: Cutral Có, y la selva Lacandona, y… y todos podemos agregar emergentes parecidos, por todos lados.

Hay sístoles y diástoles de la acción de las colectividades en el espacio, que las forman como tales y que forman el espacio como tal.

Para un proyecto de acción, de liberación, ¿no es más acertada la representación de un espacio con rupturas? Con desigualdades sí, pero con rupturas.

¿No habría que partir de que el movimiento es lo que constituye el espacio? Lo digo con mis palabras, pero la idea es de Marcos como de Heráclito. Pensar que el movimiento crea espacio, lo produce, en vez de tener que insertarse en un espacio rígido, codificado, tal como preexistía. Pero entonces…

Y aún otra pregunta: ¿qué tiene que ver todo esto con la escritura? La de los escritores, confrontada con la de los escribas. Y la práctica social de los escritores como colectivo.

Pero antes de volver sobre la escritura, denme unos minutos para hablar de otras dimensiones de este modelo espacial. Me refiero a una antigua dimensión simbólica, y a su proyección sobre la imagen de nuestras propias personas.


(Sigue en parte 2)

martes, 14 de octubre de 2008

El hormigueo de la historia


(En la foto, dos periodistas en plena tarea: Albano y Gustavo).

El hormigueo de la historia

Las Jornadas de CyC en Gral. Roca, octubre de 2008.


Entre el 9 y el 11 de octubre estuve sintiendo el hormigueo de la historia, una historia de cambios, un tiempo de sucederes y hechos. Fue en la ciudad del infausto nombre, General Roca, pero en un tiempo y un lugar de orígenes y revisiones.

Las ciudades asumen un poco la cara de quienes nos esperan en ellas. Para mí General Roca tuvo la cara y el abrazo de Juan Raúl Rithner, que a las cinco de la mañana me estaba esperando en la terminal de ómnibus. Me pregunté si yo merecía tanto, porque JR no sólo es un destacado docente e investigador, sino también escritor, poeta, cineasta y dramaturgo, y ha mostrado garra en la gestión cultural.

Juan Raúl y un equipo de alumnos, docentes e investigadores de la Universidad del Comahue son quienes organizaron estas nada menos que cuartas Jornadas de Comunicación y Cultura.

Contar hasta cuatro, en el país de no me acuerdo, no es un logro menor. Ahora bien, no me extrañaría que este proyecto cuente hasta mucho más que cuatro, a pesar de las consabidas dificultades presupuestarias en el país de no quiero saber de eso. Porque hay algo que me dio alegría apenas verlo: la cantidad de gente joven que participa en las Jornadas; no sólo concurriendo a sus espacios, sino construyéndolos y gestionándolos. Los organizadores, los que andaban de uno a otro panelista invitado para atenderlos, los periodistas informados y sagaces, que nos ayudaban a destruir respuestas establecidas… y cuántos más, y todos jóvenes. Por otra parte, encontré un grupo de gente con algunos años más (escritoras y escritores, docentes, investigadores, de Roca y no sólo de Roca) contribuyendo a generar este tapiz de muchas miradas entrecruzadas, que dibujan objetos y comarcas nuevas para la acción histórica.

Creo que Juan Raúl y su equipo logran algo que en nuestro país no se halla con frecuencia: un proyecto que incorpora más y más partícipes. Cómo no celebrar esta estrategia de crecimiento, de incorporación, aquí donde pareciera que demasiado a menudo los ideales y las prácticas de cambio social y político quedan capturados en la tradición del despotismo ilustrado.

Esa misma visión invitadora e integradora la he percibido en la “cocina” de las Jornadas. En el esmerado trabajo de preparación de los talleres, donde Jorge, docente de la Universidad del Centro, buscaba la manera de que los coordinadores dieran ese salto hacia el “copensar” que caracteriza al verdadero trabajo en grupo. En la incorporación de miradas teóricas junto a experiencias prácticas, del análisis etnográfico y el relato de la empresa recuperada, del cine y el video desde “La Mirada del Sur”, y los textos de poesía colgando como frutos entre los fresnos del parque de la Universidad, de las radios populares y comunitarias con la crítica a los modelos de desarrollo…

El eje del encuentro había sido sagazmente elegido, como para permitir y alentar todos estos cruces. Se trataba, se trata, de definir o avizorar espacios públicos, territorios reales o simbólicos. De ver cómo están o han sido apropiados. De buscar la manera de reapropiarlos para un proyecto de libertad.

Pero si bien la elección de este gran tema - encrucijada, fue sin duda sagaz, no habría habido tantas presencias, creo, si no se viniera dando una historia de territorio compartido: este, este territorio en estado magmático que se da entre la sociedad y al menos una parte de la universidad, en este lugar.

En estos días recordé más de una vez aquello de Martin Buber “todo conocimiento nace del encuentro”. En estas Jornadas, se trata de un conocimiento fuertemente vinculado con la acción.

Seguramente es mucho lo que estoy olvidando, en el apuro de esta crónica. Al menos quisiera no pasar de largo presencias como la de los estudiantes que ofrecían sus materiales impresos, sus “postales” de fuerte contenido social; o la de las chicas de un taller comunitario que aromaban las Aulas Nuevas con un olorcito de tortas fritas…

Al menos, quiero recordar lo que para mí fue más importante. Aquí en Roca, en estas Jornadas, he sentido el hormigueo de la historia. La historia que vuelve a comenzar cada vez, si queremos. He sentido que hay plurales cada vez más plurales en construcción, desde muy distintos ámbitos, hacia un mismo proyecto: una sociedad y una historia humanas. He visto que pueden caer muchos bancos y bolsas, pero que esta empresa se levanta cada vez más. Y me ataca un optimismo de pata en el suelo, de cosas que están creciendo desde el pie. Me da un poco de risa pensar en los boludos que repetían eso del fin de la historia… Justamente cuando está empezando con más firmeza, porque empieza desde más abajo.

Espacios por recuperar, las empresas, las tierras, la universidad, los medios de comunicación, el agua, el aire, la palabra, el fuego… Recuperaciones que están en pleno decurso.

Tema para otro día, es pensar qué particulares desarrollos se conjugan para que esto pueda suceder en el Comahue, el divisadero. Es algo que apenas si se da en universidades y en intelectuales colonizados, que tenemos de sobra en el país. Me pregunto si la larga lucha universitaria, si el hecho de no haberse quedado con un residuo de cátedras procesistas, la viva presencia y demanda de las comunidades originarias, la tradición de una iglesia que no quiso ser oficial desde tiempos de Jaime de Nevares… ¿será algo, o todo esto, lo que ayuda a este hormigueo de la historia?

Un abrazo y un enorme agradecimiento por el don de vida que ha sido este encuentro. A María, quien eligió hacer trabajo social en una empresa recuperada; a los hospitalarios integrantes de la Cooperativa de Trabajo de J.J.Gómez (ex Fricader); a los jóvenes periodistas Albano y Gustavo; a Jorge, a las chicas de la organización; a Juan Raúl, y a todos los que no alcanzo a nombrar pero cuyos rostros y gestos no dejaré de tener presentes.

Un gran abrazo para todos.

Ramón Minieri.
13 de octubre de 2008.

martes, 7 de octubre de 2008

Poesía contra interventores. Olvido cordobés de Nicolás Guillén.

Poesía contra interventores
Olvido cordobés de Nicolás Guillén



Nada sé, nada se sabe,

ni nada sabré jamás,

nada han dicho los periódicos,

nada pude averiguar . . .

Era una mañana hermosa, en la primavera de un año terrible.

En la estación del Mitre esperaban los tres. Hablaban de las cosas del momento: los muchachos muertos en el mitin atacado por la derechista Legión Cívica; las cesantías en la Normal Garzón Agulla, que derruían la reforma del secundario de Luz Vieira Méndez; y más, más cesantías, en la Universidad y las escuelas.

Hay palabras típicas de cada tiempo. Algunas de la Argentina de 1947 son: intervención; cesantías (en plural); prohibición. En el correo detienen un libro de Waldo Frank, por ser de izquierda. A un alumno de la Jerónimo Luis de Cabrera le vedan pronunciar su discurso, pese a que es el mejor egresado. El Consejo de Educación prohíbe leer “El crimen de la guerra” de Juan B. Alberdi - inspirador de la Constitución Nacional.

Los tres hombres que están en la estación ferroviaria saben de estas cosas. Uno estuvo preso. Otro ha atendido a víctimas de una guerra civil, baleadas por pensar distinto. El tercero ha visto fraudes y asesinatos políticos. Quizás por eso están juntos aquí.

La locomotora negra entró resollando en la estación. El tren se detuvo y ellos se acercaron a los vagones dormitorios. La colecta había permitido pagarle al visitante un viaje cómodo.

Allí estaba él en la escalerilla, cargando su maleta. Moreno y rechoncho, de boca generosa y nariz “como nudo de corbata”, reconoció a uno de los tres:

- Amigo Gregorio, qué alegría...

Y el doctor Bermann hizo las presentaciones:

- Nicolás Guillén... El amigo David Kahn. El amigo Fantini.

Así llegó a Córdoba el poeta, el 10 de setiembre de 1947.

“Aquí están los que codo con codo
todo lo arriesgan; todo
lo dan con generosas manos;
aquí están los que se sienten hermanos” ...

Gregorio Bermann, cordobés, orador en actos mordidos por tiros y cachiporras, fue uno de nuestros primeros psicoterapeutas. Una paciente le dió el título que él más valoró: “el doctor que ayuda a vivir”. Sembró sus cartas por todo el país: en un arrinconado archivo de Bahía Blanca supe de su amor de lector por el ensayista peruano José Carlos Mariátegui.

Somos los libros que leímos. En una línea de Mariátegui encontró Bermann su propio pensar: “no hay separación entre la estética y lo político”. Para estos luchadores la poesía era el taller de diseño de una sociedad mejor. “La vanguardia poética es eso: vanguardia.” Política y poética se enlazaban para proyectarse más allá de versos y elecciones.

Bermann conoció a Nicolás Guillén durante la Guerra Civil española, y promovió su venida a Córdoba.

El Dr. Carlos Fantini tendrá apenas treinta años de edad y se dice radical: en pleno auge peronista, es una osadía. Y en los años ’30 y ’40, un marbete dudoso. Radical, de cuáles. Algunos pelearon contra el fraude autoritario, hasta la prisión y la muerte. Pero otros compartieron una fórmula con los fraudulentos. Algunos enfrentaron la corrupción; otros cobraron coimas. Pero este joven viene con gente de izquierda a recibir a Nicolás Guillén, el “hombre de seis mil versos” – ninguno de ellos complaciente o prosaico.

“No sé por qué piensas tú,
soldado, que te odio yo,
si somos la misma cosa
yo,
tú.” ...


El otro es el doctor David Kahn. Hijo de un inmigrante ucraniano que fue peón de campo, desempeñó mil oficios para poder estudiar. En 1943 lo detuvieron en una manifestación contra la dictadura. El gobierno militar llenó trenes de presos. Allí arracimados discutían y se ayudaban socialistas, comunistas, radicales. Kahn fue a parar a Devoto. Un preso dejó caer un papelito en una estación, para informar el rumbo del tren; y al punto de destino acudieron los amigos, con comida y pedidos de habeas corpus.

Kahn es un destacado alergólogo. Como Bermann, está abriendo rumbos en la medicina. Pero sabe que la salud, antes que en los consultorios, se gana en las luchas de la sociedad – o se pierde. Y él está donde haya una marcha, visible o invisible, por las causas de todos.

Los cuatro bromean mientras van hacia las grandes puertas de la estación: el visitante sabrá disculpar la ausencia de los interventores de la provincia y de la Universidad, ironizan…

Se estrechan las manos y quedan en verse al otro día. El poeta se aloja en “El Refugio”, la casa de Bermann y su esposa Leonilda.

Esa vez Guillén estuvo diez días en Córdoba. Gozó del abigarramiento, las charlas, la tonada, en esta ciudad donde la vida callejea. Fue a Villa del Totoral (donde también recalaba Pablo Neruda) donde paró en casa de Rodolfo Aráoz Alfaro y su esposa, la cuentista chilena Margarita Aguirre. Anduvo por Río Cuarto, y de allí volvió a la capital provincial.

La Alianza Francesa y el partido Comunista lo agasajan. Pero no lo nombran las revistas literarias o académicas. Quizás incomoda su afiliación al comunismo.

Sólo encuentro su huella en La Voz del Interior del 11 de setiembre:

“Nicolás Guillén visitó nuestra Casa. Desde ayer es huésped de nuestra ciudad el famoso poeta cubano”...“Su visita responde a la iniciativa de un grupo de intelectuales del medio, interesados en brindar a las gentes de esta ciudad la oportunidad de escuchar al poeta en la interpretación de sus propios versos. Hombre de vasta cultura y nobles inquietudes, ofrece el poderoso atractivo de una recia personalidad que hemos podido apreciar en su visita a nuestra casa”

En la foto están él, Bermann, Kahn y el redactor Manuel Herrera. Se anuncia que va a leer y comentar sus poesías en rueda de amigos, “en un local de Avenida Olmos 165”; firmará ejemplares de sus obras en la Librería de Miguel Molina en pasaje Muñoz, y dará una conferencia en la Asociación Española.

Al otro día, el diario trae palabras de Guillén:

“Hemos mirado siempre hacia Europa, despreocupándonos de lo americano. Para lograr nuestra emancipación del tutelaje espiritual, debemos conocernos y entendernos mejor”…“liberarnos de Europa para abarcar mejor las cosas nuestras.” ...
La poesía debe ser fundamentalmente poesía; pero no deben faltarle los indispensables elementos de rebeldía, de carácter revolucionario social y humano, para que tenga realmente dimensión lírica” …

Guillén se sacó una foto ante una cámara de cajón en la Plaza San Martín. El niño de entonces que hoy me confía la foto, recuerda una discusión con él. Al chico le parecía injurioso llamarlo “negro”. El poeta, que usaba con ufanía esta palabra para referirse a sí mismo, le dijo a Osvaldo Kahn que injuriosa no es la negritud sino la esclavitud, cualquiera sea su forma.

A fines de setiembre Guillén partió de Córdoba, y poco después de la Argentina. En su despedida dejó un mensaje a los poetas: “bajen de la torre de marfil quienes aún no lo han hecho, y aprendan que el derecho a la rosa no está nunca antes que el derecho a la vida “.

En La Voz del Interior, Gregorio Bermann le dedicó un artículo:

“Gracias a Guillén tocamos el milagroso cuerpo de un verdadero poeta” … “De esta poesía que está tan distante de la subpoesía, como la ciencia de los sabios de verdad, de la de los mercaderes del conocimiento que pululan por nuestras universidades y comisiones culturales. Ojalá Córdoba, tan falta de poetas como sobrada de doctores y versificadores, encuentre en el claro y alto ejemplo de Nicolás Guillén, una de sus fuentes de superior inspiración.”

En un libro póstumo, Guillén recordaría a Córdoba:

“lo criollo gana en hondura a medida que se aleja de la calle Florida.”... Las ciudades del interior “crecen no como Buenos Aires, de afuera hacia adentro, sino como los árboles, de la raíz hacia el sol.”...”Córdoba, con su famosa universidad tres veces centenaria, con su alma inconfundible, viva hasta en el acento con que suena el español en la voz de sus habitantes, nos transmite una ambición cosmopolita.”...

...Estos son los que sueñan despiertos,
los que en el fondo de la mina luchan
y allí la voz escuchan
con que gritan los vivos y los muertos


Córdoba tiene para Guillén el rostro de sus huéspedes

“amigos de las artes y las letras en perpetua vigilia”... "No llega a la Capital figura de algún conocimiento a quien falte su invitación para visitar el interior: tales heroicos amigos afrontan los gastos de traslado y residencia y retribuyen de manera generosa la actividad intelectual del visitante, agasajado y atendido con una discreción, con una fineza que en nada desmerecen del ámbito porteño.”

Pero a la vez señala un punto de fractura:

“En manos del Gral. Perón la cultura oficial ha devenido mediocre, por el afán “centralizador” del gobierno. Muchas grandes figuras de la enseñanza fueron desplazadas y sustituidas en universidades y liceos por una burocracia de aluvión. Pero la cultura “oficial” no es la cultura argentina, que vibra en el aire rebelde, y en los núcleos amantes de ella, diseminados por el territorio nacional.”

El triunfo de los interventores

Aquellos interventores han sido olvidados. Casi tanto como aquel “moderno calientapies eléctrico Gignoli”. Y mucho más que don Fulgencio, Mandrake, el Toddy o la pomada Sloan.

Pero ganaron la batalla. Porque la presencia de Nicolás Guillén y la obra de sus amigos siguen excluidas de la memoria colectiva. Ningún nombre de calle recuerda a Bermann, Kahn, Juan Zanetti. Y no hay otros hitos que nos inviten a preguntarnos quiénes fueron y qué hicieron esas personas.

Es mucho lo que se olvida con esa visita, que atravesó una encrucijada de nuestra historia reciente, un momento en que el control del estado buscaba ocupar y controlar espacios generados y gestionados por una sociedad llena de vitalidad, en asociaciones y grupos independientes. En medio de esa batalla que la sociedad perdió, y mientras llovían intervenciones, cesantías y prohibiciones, algunos cordobeses se empeñaron en seguir generando actividades culturales y educativas autónomas.

¿Será por eso que quisieron olvidarlos?


(Esta crónica es parte de "Historia de Olvidos".)

Textos de N. Guillén tomados de Motivos de son (1930), Cantos para soldados... (1937), Páginas vueltas (1989) y Prosa de prisa (1961). Datos brindados por la Dra. Silvia Bermann y el Dr. Osvaldo Kahn, y de la obra de Luis V. Sommi.

P.S.:

El querido amigo a distancia Robert Gurney, a quien conozco indirectamente gracias a la compartida amistad de Raúl Artola, me hizo llegar esta poesía de la que es autor:


La vanguardia


Leí ayer
parte de
la Historia de Olvidos
de Ramón Minieri
y cómo Córdoba olvidó
a Nicolás Guillén.

Habla de Gregorio Bermann
y José Carlos Mariátegui.

Bermann encontró
su propio pensamiento
en unas líneas
de Mariategui.

Dice:
Somos también
los libros
que hemos leído.

No hay separación
entre la estética
y lo político.

La poesía
es el taller de diseño
de una sociedad mejor.

La vanguardia poética
es eso
vanguardia.

Política y poética
se enlazan
para proyectarse
más allá
de versos
y elecciones.

¿Es por eso que mataron
a Lorca
a Tilo Wenner
y desterraron a Larrea,
a Alberti,
y a no sé cuántos más?





Gracias, Robert.