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Todas las mañanas ella, la imponente, viene hasta la puerta de la casa del petisín. Hay entre ellos una amistad que está más allá de las palabras y de los gestos. Simplemente él sale, se sientan uno cerca de la otra, y miran callada y calmosamente los autos y la gente que pasa. Así pasan las horas. Al verlos, recuerdo que alguna vez se ha dicho que el silencio compartido es posible sólo en esas relaciones de profunda y duradera confianza.
Nunca los escuché ladrar. Tampoco he visto que se miren entre sí. Pero cuando ella está encaminándose hacia la casa del amigo, desde media cuadra antes se la ve mover la cola, como anticipando el feliz encuentro.
Guillermo Enrique Hudson se extasiaba contemplando las conductas de los animales que no respondían a ninguna explicación utilitaria. Como por ejemplo, las danzas en círculo de algunos pájaros en la playa, o el vuelo ambicioso y altísimo del chajá. Él habría disfrutado conociendo a estos amigos silenciosos.
Nunca los escuché ladrar. Tampoco he visto que se miren entre sí. Pero cuando ella está encaminándose hacia la casa del amigo, desde media cuadra antes se la ve mover la cola, como anticipando el feliz encuentro.
Guillermo Enrique Hudson se extasiaba contemplando las conductas de los animales que no respondían a ninguna explicación utilitaria. Como por ejemplo, las danzas en círculo de algunos pájaros en la playa, o el vuelo ambicioso y altísimo del chajá. Él habría disfrutado conociendo a estos amigos silenciosos.
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