Mostrando entradas con la etiqueta Chuang Tzu. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Chuang Tzu. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de enero de 2009

Ponete en el lugar del chancho




Cerdos para el sacrificio

(otra lección de Chuang Tzu acerca del poder y por qué perdura)


El Gran Augur, que sacrificaba cerdos y leía presagios en el sacrificio, apareció vestido con sus largas túnicas oscuras en la pocilga, y se dirigió a los cerdos de la siguiente manera:

-He aquí el consejo que os doy. No os quejéis por tener que morir. Dejad de lado vuestras objeciones. Os alimentaré con granos selectos durante tres meses, y yo mismo tendré que observar una estricta disciplina durante diez días y ayunar durante tres. Después extenderé alfombras de hierba y ofreceré vuestros jamones y paletillas sobre fuentes delicadamente talladas, con gran ceremonia. ¿Qué más queréis?

Después, reflexionando, consideró la cuestión desde el punto de vista de los cerdos:

- Por supuesto, supongo que preferiríais alimentaros de comida grosera y ordinaria, y que os dejaran en paz en vuestras pocilgas.

Pero de nuevo, viéndolo desde su punto de vista, contestó:

- ¡No, definitivamente, no existe un tipo más noble de existencia! Vivir honrado, recibir el mejor de los tratos, montar en una carroza con magníficos ropajes, a pesar de que en cualquier momento uno pueda caer en desgracia y ser ejecutado, ése es el noble aunque incierto destino que he elegido.

De modo que optó en contra del punto de vista de los cerdos y adoptó el suyo propio, tanto para él como para los cerdos.

¡Qué afortunados aquellos cerdos, cuya existencia fue así ennoblecida por alguien que era, a la vez, un autoridad del Estado y un ministro de la Religión!

(De: El camino de Chuang Tzu. Versión de Thomas Merton.)
Te pregunto, me pregunto: ¿Con quién te identificás? ¿Con el cerdo, con el augur, con el estado, con la religión? Y... ¿cuál es la diferencia?