sábado, 29 de noviembre de 2008

Las hormigas. Poesía.


(Foto: la magnolia en el patio de la casa de Olga Orozco, Toay).


Las hormigas


1

Es su casa
me dicen –
yo no encuentro nada de ella.

Sus libros, dicen
esos
en tumulto agolpados al borde tras los vidrios
como las almas anhelantes de los muertos
cuánto que nadie les conversa

Y está cerrado el cuarto de su infancia
quizás siempre lo ha estado
aún para ella

Sólo se siente un tiempo ardido
un aire que crepita en la sequía.


2

Pero el patio es una Arabia
caravana de aromas
de inciensos y resinas
detenida:

la magnolia
que reina y que padece

la sofora que enciende
su innumerable candelabro de oro,

y la sombra de toro que enristra sus moharras,
y el molle y su carcaj flechando soles.


3

Ella no cabe adentro de la casa
adentro
de vitrinas o muebles
no cabe en municipio ni catastro
ni en la memoria de las gentes
salvo para romperla
salvo
para romperse.

4

La magnolia agoniza
y al extremo
prorrumpe en flor,

después
sus alas caen
enrojecen
en el ardor del tiempo

hasta que las hormigas las destazan
las sumen en su oscuro,

a fermentar
qué vinos de dulzura
qué hongos o qué alucines –

por eso a veces
en los días de sequía
ves hormigas aladas.


En la casa de la poetisa Olga Orozco, Santa Rosa de Toay, noviembre de 2008.

La mejor explicación de la "crisis económica global"


La “crisis actual” (así la llaman), de fines de 2008, y la política económica de diversos países, Argentina incluida, explicadas por el pensador chino Yuan Tzu (el maestro Yuan*) (369 – 290 a.E.C.)


Violentando cajas fuertes

Como garantía contra los ladrones que roban bolsos, desvalijan equipajes y revientan cajas fuertes,
uno debe asegurar todas sus posesiones con cuerdas, cerrarlas con candados y acerrojarlas con cerrojos.
Esto (para los propietarios) es del más elemental sentido común.
Pero cuando aparece un ladrón fuerte, se lleva todo,
se lo echa a la espalda y sigue su camino, con un solo temor:
que cedan las cuerdas, candados y cerrojos.
Así, lo que el mundo llama un buen negocio no es más que una forma
de amasar un botín, empaquetarlo y asegurarlo,
formando una caja cómoda para los ladrones más audaces.
¿Quién hay, entre los llamados inteligentes,
que no desperdicie su tiempo amasando un botín
para un ladrón mayor que él?

*

En la tierra de Khi, de pueblo a pueblo
se podía oír el canto de los gallos, el ladrido de los perros.
Los pescadores lanzaban sus redes,
los campesinos araban los anchos campos,
todo estaba pulcramente señalado con líneas de demarcación.
En quinientas millas cuadradas había templos para los antepasados,
altares para los dioses de los campos y espíritus del grano.
Cada cantón, condado y distrito
era gobernado con arreglo a las leyes y estatutos…
Hasta que una mañana el fiscal general, Tien Khang Tzu,
liquidó al rey y se apoderó de todo el Estado.
¿Quedó acaso conforme con robar la tierra? No;
se apoderó también de las leyes y los estatutos,
y con ellos de todos los abogados, por no mencionar a la policía.
Todos formaban parte del mismo paquete. /…/
Nadie levantó la voz contra Khang Tzu
y durante doce generaciones el estado de Khi perteneció a su familia.
Nadie interfirió sus derechos inalienables.

*
El invento de las pesas y medidas,
la firma de contratos y la implantación de sellos
facilitan el robo.
Enseñar amor y obligaciones
es suministrar un lenguaje adecuado
con el cual demostrar que el robo
es en realidad para el bien de todos.
Un hombre pobre ha de ser ahorcado
por robar una hebilla de cinturón;
pero si un hombre rico roba todo un Estado
es aclamado como el estadista del año. /…/

*

Moraleja:
cuantos más principios éticos y deberes y obligaciones acumules
para meter en cintura a todo el mundo,
más botín acumulas para ladrones como Khang.
Por medio de argumentos éticos y principios morales
se demuestra finalmente que los mayores crímenes eran necesarios
y que fueron un señalado servicio a la humanidad.

(Versión de Thomas Merton).

*También trasliterado como Chuang Tsé, Chuang Tzu, Zhuang Tzu.

viernes, 28 de noviembre de 2008

País de la Sal. Poesías.


País de la Sal


Este
es el país de la Sal
el país de la sed

La sed
es un árbol sin párpados
de cornamenta blanca

Y del árbol de la sed
crecen
las varas de los rabdomantes

varas enhiestas
que despiertan manantiales
cuando piafan.

Este
es el país de la Sal

el comienzo
del comienzo de todas las aguas.


Todas las poesías de este libro en http://paisdelasal.blogspot.com/

jueves, 27 de noviembre de 2008

Tené de ahí que se cae...

G. W. Bush mira hacia el futuro con las lentes tapadas.


No es epifanía la de Epifanio, o
apuntalá que se cae.

En torno a un artículo aparecido en el Diario Río Negro, sección Opinión, el 27 de noviembre de 2008.


Epifanía significa aparición. En la historia cristiana, aparición de un astro que anuncia la venida del salvador, y luego manifestación de la divinidad encarnada a los hombres.

Pero el artículo de opinión del Dr. Hugo R. Epifanio en el diario Río Negro de hoy (27 de noviembre de 2008) no aporta nueva luz, ni es portador de símbolos de esperanza. En realidad, lo sustancial de su argumentación ya fue expresado por George W. Bush, en frases que incluimos al final de este comentario. No sólo no es alentador; tampoco es veraz.

Lo tomaremos en cuenta, no teniendo en cuenta quién sea el opinante, ni porque su aporte resulte original o especialmente interesante, sino precisamente porque es un muestrario del pensamiento estereotipado con que algunos grupos de interés y sus ideólogos intentan “explicar” el proceso económico en curso.

La columna se titula “No es el fin del capitalismo.” Quizás alguien haya dicho que sí lo es, y el Dr. Epifanio ha considerado necesario rebatirlo. O alguien estará temiendo que sí lo sea, y hay que calmarlo. Pero queda por saber a quién se le está respondiendo.

En el primer párrafo, el articulista toma con todo coraje el rábano por las hojas:

El libertinaje financiero con la creación de instrumentos sofisticados y el "apalancamiento" consecuente, más la baja de tasas implementada desde la Reserva Federal de los EE. UU. en favor de un mayor consumo son, entre otras razones, las que llevaron a esta crisis financiera mundial que nadie con vida haya visto jamás.

Esto es un sofisma funcional a la perpetuación del actual estado de cosas. Según este juicio, que en estos días repiten varios representantes del fundamentalismo del mercado (oligopólico), no hay problema con el sistema capitalista. En el peor de los casos, la dificultad es de índole moral. El libertinaje. Y la intervención estatal, claro. Estos factores provocaron la crisis. Queda implícito que el capitalismo ha de ser bueno, bonísimo. Bastaría con que los banqueros de algún modo no fueran “libertinos”, y que el Estado no pretendiera regular tasas ni favorecer el consumo. Eso es lo que produce las crisis, “entre otras razones” que el articulista no señala. (Nada menos científico que el uso de la palabra “etcétera”, dicen. O de sus equivalentes, como esas “otras razones” que el opinante guarda para sí.)

La forma en que está redactado el párrafo no permite saber si se ha querido decir que esta es la mayor crisis financiera mundial que se haya visto, o simplemente la crisis que se haya visto. Ni una aserción ni la otra son veraces. Las crisis cíclicas y destructivas del capitalismo son desde hace rato “las peores que se hayan visto”; y vienen siendo crisis, y se las ha visto, por lo menos desde mediados del siglo XIX.

¿Que la causa sea el “libertinaje”? Pero en un sistema de desaforado individualismo y apropiación privada, motores del progreso a la manera capitalista, ¿a qué se le llama “libertinaje”?. Y ¿quién califica a los “libres” (si algo de libertad, libre competencia y demás supuestos liberales tiene vigencia hoy) y los diferencia de los “libertinos”, que parecen ser los que tienen la sartén por el mango? Estos últimos (entendiendo por tales los que buscan su provecho a cualquier costo social o ambiental, los que se valen del apoyo de los Estados, lográndolo por connivencia, soborno o presión) no nacieron hoy. Desde que el capitalismo es capitalismo, tiene estos rasgos de exacción y atropello. El articulista debiera repasar cómo fue el proceso de formación originaria de los capitales europeos que sirvieron para las revoluciones agraria, comercial e industrial.

Tanto en las crisis del siglo XIX, como en la de 1929 y años subsiguientes, los “economistas” del sistema salieron a decir que el problema era el libertinaje. Es decir, la especulación desenfrenada. Hasta alguna novela hay que pinta esto, en la Argentina de 1890. Pero habría que aceptar por una parte, un dato empírico: la especulación no es la semillita que se pueda escupir, separándola de la bondadosa pulpa del capitalismo. Ambos vienen juntos. El proceso de acumulación de capitales, de excedentes crecientes cuyos propietarios y gestores buscan oportunidades de inversión, no es otra cosa que el resultado propio del sistema capitalista.

Por otra parte, habría que repasar conceptos elementales de historia económica, para entender cómo y por qué se producen estas crisis cíclicas, emergentes financieros que obedecen a características sistémicas. La causa no es el libertinaje de nadie, ni la especulación. La causa de fondo es la disparidad cada vez mayor entre los ingresos del trabajo y los del capital. Es decir, lo que hace al capitalismo como tal.

Los ingresos del trabajo se reducen o quedan comparativamente rezagados, pero entonces la masa de consumidores también ve disminuidas sus posibilidades de comprar los productos que el sistema produce cada vez en mayor cantidad. ¿Cómo se llena la brecha entre una oferta creciente y una demanda que corre peligro de estancarse por falta de una mejor distribución del ingreso? Con el crédito. Llámese tarjeta de crédito, préstamo personal, prendario o hipotecario. Y cuando no puede expandirse el crédito porque ya no queda alguien con calificación de riesgo adecuada a quien prestarle, pues entonces, disminuimos las calificaciones necesarias. Y se les presta a los llamados “ninja” (no income, no job, no aptitude). Pero el motivo de fondo es resolver esa brecha generada por la desigual, cada vez más desigual distribución del ingreso – una desigualdad que en el caso de los Estados Unidos se acentuó significativamente en la era Bush. Esto, hasta que la burbuja estalla.

El Dr. Epifanio estima que algunas intervenciones estatales son buenas para mantener este bonísimo sistema que es el capitalismo. Por ejemplo, él aprecia “la ayuda estatal coordinada entre los países centrales” que, según su vaticinio, determina que “ya pocas o ninguna entidad financiera caería”. En cambio, no es bueno para el Dr., que en los países europeos mantenga su vigencia lo que él denomina “el estado benefactor”, que “contribuirá a demorar su salida de la crisis.” Ante estas afirmaciones, no puede uno menos que formularse aquella antiquísima pregunta: cui bono? ¿Para quién o quiénes es buena la forma de intervención que beneficia a las grandes entidades financieras? ¿Por qué sólo en algunos casos se califica a un Estado como “benefactor” con sentido peyorativo? ¿No hay algunos Estados que son “benefactores” para los grandes bancos? Pero si acudir a salvar a esos bancos con billones de dólares es bueno, ¿por qué no es bueno que algún Estado acuda a ayudar en alguna medida a sus trabajadores con un modesto seguro de desempleo o una prestación social? Sería preferible quizás diferenciar los términos: hay Estados benefactores… de los grandes capitales, y otros a los que desde hace ya tiempo se denomina “de compromiso social”. Parece arriesgado pronosticar que estos últimos no generen condiciones para resolver la crisis cíclica de igual o mejor manera que los primeros. De hecho, las políticas keynesianas, la experiencia del gobierno de Roosevelt y las de las políticas anticíclicas del siglo XX, pueden abonar el razonamiento contrario.

El Dr. Epifanio concluye su artículo con un párrafo que posiblemente haya considerado tranquilizante:

Por ahora, EE. UU. seguirá siendo líder, no sólo por la existencia del dólar elegido por el resto del mundo como factor de intercambio y de protección, sino también y fundamentalmente por su distancia con el resto de los países en ciencia y tecnología. Como indicativo, es suficiente saber que posee más del 80% de las mejores 200 universidades del mundo. Y en la historia de la humanidad esto tiene un valor preponderante.
Ahora bien, para unos cuantos, el dólar no es factor de intercambio ni de protección. Tampoco está muy en claro cuál es el criterio para decir cuáles son las mejores 200 universidades del mundo; porque si estas sirven para reproducir el complejo militar – industrial, la despolitización obediente, la guerra y el deterioro ambiental, permítame dudar un poco de la calificación que Ud. formula. Posiblemente haya que confrontar también algunos índices del estado de la educación pública en ese país.

Pareciera que la moraleja final del Dr. Epifanio coincide en lo sustancial con los recientes ensalmos de G. W. Bush en la reciente cumbre de Lima:

- “Por más de una década el mercado libre probó ser una vía eficaz.”

- “El crecimiento económico en esta región podría ser ilimitado y es algo que concierne a los pueblos libres. Todo país que sea honesto con su pueblo contará con el apoyo de Estados Unidos.”

- “Nuestros socios pueden estar seguros de que la agenda compasiva de Estados Unidos se mantendrá.”

- “Seguiremos inspirando al mundo.”

- “Que Dios los bendiga.”

Le diría al Dr. Epifanio, que no me siento más tranquilo después de estas aserciones de Bush. Ni siquiera la deficiente formulación invita a la calma. Al contrario. Uno sigue preguntándose para quién o quiénes lo que Bush llama “el mercado libre”, que de hecho es oligopólico, ha probado “ser una vía eficaz”. Él no lo deja en claro, ni tampoco el artículo del doctor. Me temo que esta afirmación de George W. es tan poco acertada como aquel bushismo de que "Estados Unidos y Japón llevan un siglo de firme amistad".

También cabe preguntarse quién califica a “los países que son honestos con sus pueblos”, suponiendo que la honestidad o deshonestidad sea cosa de un país y no de un gobierno. Ya un poco despavorido, pienso cuál es “la agenda compasiva de Estados Unidos” (porque si esta que conocimos era la “compasiva”, cómo será la otra!). Me pregunto qué dimensiones de la vida social son las que pueden experimentar un “crecimiento indefinido”; y si no sería mejor revisar qué es lo que crece, para qué, en beneficio de quiénes y en qué sentido. Y en fin, me pregunto si quienes seguirán inspirando al mundo con la bendición de Dios serán George W. Bush, Dick Cheney, Condoleezza Rice, la Haliburton, Enron y todo el conglomerado de pocas y grandes empresas amigas de Bush y su gabinete.

Es de temer que, como dice el Dr. Epifanio, esto no sea el fin del capitalismo. A la vista de este haz de paralogismos, ocultamientos y distorsiones, es de temer que sí quiera ser el fin del pensamiento. El pensamiento propiamente tal, que es creativo, capaz de innovar… y de entender para transformar, en atención a ciertos valores que hacen que seamos humanos.


martes, 25 de noviembre de 2008

Michael Moore, palabras contra la dominación

Foto: después de la difusión de su documental "Sicko", Moore participa
en una movilización por un sistema público eficiente de salud.


MICHAEL MOORE Y LA FUERZA DE LAS PALABRAS

Este comentario nace de otro comentario que nació de otro comentario. Infatigable tejido social del conocimiento y la discusión que lo alumbra. Un artículo de Zlavoj Zizek sobre Barak Obama y los “cínicos” que no apuestan por él, me llevó a escribir una refutación de sus paralogismos –un rechazo al meloneo (ver en este mismo blog). A su vez, mi comentario incitó a un amigo anónimo (que firma “Diógenes – cínico y a mucha honra”) a formular el suyo: en él nos invitaba a releer un libro de Michael Moore, “Estúpidos hombres blancos”, como para enfriar los entusiasmos fáciles en torno a un presidente demócrata en Estados Unidos. A Diógenes que trajo a colación este libro, los debates vernáculos pro- o contra- Obama, le suenan a discusiones entre la servidumbre acerca del nuevo dueño de la mansión. Y él no quiere representarse como parte de la servidumbre.

Me puse entonces a buscar el libro de Moore, a quien conocía sólo como el documentalista de aquel impecable e implacable “Bowling for Columbine” (2002) y luego “Fahrenheit 9/11” (2004), entre otras obras cinematográficas.

¡Qué sorpresa! Este muchacho, nacido en 1954 en una familia de demócratas católicos irlandeses, básicamente buenas personas liberales” como él lo dice, (en esto, parecido a los Kennedy) se había convertido para el 2001/2002 en un lúcido portador de la conciencia crítica de su pueblo frente a la dominación en Estados Unidos. Y eso, en un ambiente comunicacional ensombrecido por el Estado Policía que sucedió al 11 de setiembre: el gobierno robocop del que se perdió el control remoto.

Moore encontró que esa dominación es un sistema articulado en el que no hay casualidades: la estupidización masiva, la ruina de las bibliotecas públicas, el abandono de la educación por el Estado, la “flexibilización” de las normas de resguardo ambiental y del contrato laboral (algo sabemos de esto por acá), el descontrol de la explotación del medio ambiente para elevar al máximo las ganancias de las grandes empresas, la concentración económica, el fomento al desempleo, la enseñanza de la sumisión, la guerra permanente en el extranjero, son todos engranajes relacionados, que refuerzan recíprocamente su acción.

Repasemos los temas fuertes de este libro, publicado en castellano en 2003:

- en el país de la “prensa libre”, existe en la práctica una cuasi censura; las empresas editoriales procuran no difundir un libro como el de Moore, que confronta con la Doctrina de la Seguridad Integral; los editores le piden que rehaga el 50% del texto; cuando el autor se niega a tal demanda, no distribuyen la obra; y cuando finalmente lo hacen, es porque el libro está siendo un éxito de venta en el extranjero;

- en el país de la “democracia”, el descarado fraude electoral de George W. Bush y asociados, con manipulación de padrones, papeletas y recuentos, y apoyado por una Corte adicta, le permite apropiarse de una presidencia que no ganó por la vía de los votos; de ahí el pedido que Moore hace llegar, en serio, a las Naciones Unidas para que intervengan en su país y depongan a un régimen fraudulento y despótico; por motivos mucho menos claros, otros países han sido invadidos en nombre de la misma democracia;

- Bush y su alibabesco gabinete destruyeron velozmente acuerdos políticos que cimentaban la paz internacional; reducen la legislación protectora y achican los fondos destinados al cuidado ambiental, al sostenimiento de los sistemas cultural, educativo y de salud, a la vivienda social; recortan el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, de las mujeres, la protección de los niños… y en fin, todo lo que no sea el negocio de los oligopolios;

- hay dudas fundadas de que el presidente del estado más armado del mundo sepa leer; y si en caso de tener que afrontar una decisión difícil poseería el equilibrio y la lucidez propias de un hombre normal; (acerca de la lectura: fíjense qué buen argumento para futuras campañas que la promuevan - si no leés vas a ser como George W.);

- en el país definido por sus gobernantes y publicistas como el de la “igualdad de oportunidades”, se acelera el empobrecimiento pasmoso de los sectores de medios y bajos ingresos, en paralelo con el enriquecimiento escandaloso del 1% más rico del país. La indagación de Moore acerca de los niveles salariales comienza cuando se entera de que, por obra y gracia de las grandes empresas de aeronavegación, el piloto del avión comercial en el que viaja cobra un sueldo tan exiguo que tiene que solicitar asistencia social;

- el gran peligro son los hombres blancos. Moore recapitula sus propias vicisitudes: han sido blancos los que en diversos momentos de su vida lo estafaron, postergaron o echaron, así como los descubridores y propagadores de una serie de males que aquejan a toda la humanidad (bombas atómicas, guerras, compuestos químicos nocivos, fraude electoral, genocidios)… Pese a esto, el estereotipo que venden los medios de comunicación es el de un delincuente negro: “pareciera que en todas las ciudades el mismo negro con la misma gorra es el que comete todos los atentados contra la propiedad”;

- persiste la práctica generalizada de segregación y postergación de los negros, enraizada en la larga tradición esclavista del país, vigente hasta hace dos generaciones. Esta persistencia se demuestra con observaciones directas, números y datos concretos que prueban la posición subalterna de los afroamericanos salvo en el béisbol y el rap. Se dirá que algún juez de la Corte Suprema o algún Colin Powell “llegaron”… casos excepcionales en los que, oh casualidad, son promovidas las personas más reaccionarias;

- hay desoladoras evidencias de que los ciudadanos de la nación imperial, los soldados del primer ejército del capitalismo, constituyen “un país de burros”: la mayoría de los adultos, legisladores incluídos, no superaría una modesta evaluación de ingreso al colegio secundario. En este marco, los tragicómicos “bushismos” no son anécdotas aisladas, sino emergentes de un estado asnal fomentado y alentado desde los poderes, y representado en un presidente borrico (con perdón de Platero y familia). El Estado abandona las escuelas y estas son copadas por las empresas oligopólicas, que hasta llegan a establecer contenidos y actividades educativas (lo que será el programa de Estudios Nutricionales auspiciado por una fábrica de hamburguesas, o el de Economía cuyos lineamientos y textos elabora, produce y provee la General Motors!);

- hay comprobaciones igualmente desoladoras, estadística en mano, de la postergación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social de esa “sociedad igualitaria”;

- las políticas de Bush no significaron una ruptura con respecto a las de Bill Clinton; la única diferencia finca en que este último mantenía una apariencia de progresismo, sonreía mejor, y tenía aventuras que distraían a la gente. Entre otras menudencias, Clinton: truncó el posible desarme nuclear total que ofrecía la Rusia postsoviética; permitió que las industrias automotrices no disminuyeran los niveles de contaminación generados por los motores que les ponen a sus autos; alentó la invasión de reservas naturales para beneficiar a la minería y a la extracción de petróleo.

Larga y fatigosa lista es esta, rebelde a todo resumen. Invito a remitirse al original, que enriquece estas noticias terribles con anécdotas individuales que hasta suelen resultar divertidas. De todos modos, lo que se percibe como fenómeno y proceso en todas las páginas del libro, es la destrucción de la vida social cotidiana y sus pautas por el frenesí neoliberal y la voracidad de los grandes capitales en los Estados Unidos. No se trata de economía, sino de la vida misma, tonto! Cosa parecida a lo que significó para nosotros la tiranía militar. Lo cotidiano está teñido y acotado por la dominación. El agua corriente ya no es potable: contiene cada vez más arsénico, pero las leyes ahora lo permiten; los autos contaminan cada vez más, pero no hay normas que lo impidan, ni aliento a tecnologías alternativas; si un miembro de la familia se enferma, la cobertura del seguro social estará limitada en el tiempo y en las prestaciones; y en fin, a la vista de cómo están los tiempos, no conviene cambiar la puerta descascarada y rota del garage. Y en esa sociedad desaparecen los varones, y aumenta la agresividad y el desamor.

Intento conectar todo este mapa de ruinas que presentaba Moore en 2003, con lo sucedido recientemente – la victoria de Obama en las elecciones presidenciales. Algunos análisis señalan que ha sido el voto de las etnias postergadas, de los negros y de las mujeres, el que le ha permitido al candidato demócrata ese holgado triunfo.

En un principio Moore se opuso a Obama, porque este había votado a favor de la guerra en Irak. En realidad, los tres candidatos demócratas votaron de ese modo. Pero luego Moore decidió apoyarlo, cuando se trataba de elegir entre él o Hillary Clinton. Parece que ese apoyo fue importante para la campaña del ahora electo presidente.

Me pregunto si el mejor servicio de Moore a esa campaña no ha sido más bien, varios años antes, un libro como “Estúpidos hombres blancos”. Las ideas de ese libro circulan también entre quienes no lo han leído, ya sea por medio de los documentales, o porque después de publicado el volumen, esas ideas empiezan a “estar en el aire” de la época. Como dijera don Ata,

Si uno pulsa la guitarra

pa cantar coplas de amor,

de potros, de domador,

de la sierra y las estrellas,

dicen : ¡Qué cosa más bella!

¡Si canta que es un primor!

Pero si uno, como Fierro,

por ahi se larga opinando,

el pobre se va acercando

con las orejas alertas,

y el rico vicha la puerta

y se aleja reculando.

El libro convoca a los sujetos de la explotación: negros, mujeres, trabajadores, empleados del montón. Y hace que los blancos de clase media, por la vía de la revelación o del ridículo, perciban su posición de dominados que se hacen cómplices de la dominación. Todos van parando las orejas.

Visto desde fuera de los Estados Unidos, Moore ha sido una voz clamando en el desierto. Pero con su propia obra ha poblado de camaradas ese desierto. La relación de ida y vuelta entre esa obra y la historia reciente, la historia de hoy mismo, invita a apostar por lo que puede hacer un intelectual que se juega por la causa común. Y a apostar también, cómo no, por el poder de las palabras.


jueves, 20 de noviembre de 2008

Se olvidaron de Obligado, pero no de Halloween


Reconocimiento británico: devolución de banderas
capturadas en la vuelta de Obligado.


Qué casualidad: olvidados de Obligado...

En los últimos tiempos me dedico a investigar episodios vinculados con un tema central: la construcción del olvido social. El olvido es parte de la memoria de la colectividad; definir los olvidos – algo que se hace desde los factores de poder, formal o no – contribuye a definir los recuerdos y los proyectos válidos. No se recuerda lo que no se quiere o no conviene recordar, porque perturbaría a ciertos proyectos de dominación.

Por eso me parece especialmente significativo que hoy, 20 de noviembre, no se haya hecho ninguna mención, en ningún medio o programa, al combate de la vuelta de Obligado (20-11-1845).

Me limitaré a recordar aspectos básicos de ese episodio en el que los argentinos de entonces enfrentaron a las naciones más poderosas del globo para defender sus derechos como colectividad y como estado – y no les fue tan mal:

- el combate de la vuelta de Obligado se produce en el contexto de la intervención anglo francesa; las flotas de los dos imperios más poderosos en aquel momento desarrollaban acciones en el río de la Plata y afluentes, para imponer las políticas imperiales: su “derecho” a navegar esos ríos como si fueran aguas internaciones… y la libre venta de mercaderías de sus fábricas sin pagar aduanas argentinas. Ya lo habían logrado en China. En suma, una suerte de ALCA sobre la boca de los cañones de las flotas. Para afianzar esta postura, envían río arriba una flota de naves mercantes, custodiadas por otras de guerra. Se creía que esas naves demostrarían la capacidad de las naciones interventoras para comerciar a su gusto en el interior de la Argentina;

- el dictador Juan Manuel de Rosas (que no dejó de serlo porque librara esta acción) ordenó la resistencia armada frente a ese atropello;

- soldados y paisanos argentinos dirigidos por Lucio N. Mansilla establecieron un sistema de detención en el Paraná, en la Vuelta de Obligado (cerca de San Pedro) para detener a las naves invasoras. Se atravesaron gruesas cadenas sobre el río, aprovechando rocas y sobre lanchones; y se instalaron baterías en la costa;

- como suele sucedernos, los cañoncitos eran viejos y poco fiables; los soldados vestían harapos; el armamento era precario y las raciones escasas;

- a la vista de los adversarios, los criollos escucharon las palabras de Mansilla, un general que estaba junto a sus soldados en la línea de fuego:”¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra Patria, al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes que verlo bajar de donde flamea”;

- en el combate fueron inutilizadas, incendiadas o hundidas varias naves de los agresores imperiales; diez sobre un total de once resultaron averiadas en distinta escala; finalmente, agotadas las municiones y excedidas las fuerzas patriotas, quedó libre el paso. Pero ninguna nave pudo tomarlo ese mismo día río arriba, por las averías que les había provocado el fuego de los criollos;

- el irlandés argentino J. B. Thorne quedó sordo por el impacto de una bala de cañón cerca de él. Se levantó y siguió peleando. Le quedó el honroso apodo de “El sordo de Obligado.” El teniente Romero pereció cuando combatía al frente de sus hombres. Oficiales a la par de soldados, médicos (O'Donnell, Salvarezza) y civiles, se desempeñaron valerosamente;

- el desempeño de los argentinos mereció el reconocimiento formal de franceses e ingleses (ver foto);

- con el combate de Obligado no cesó la resistencia patriota; en San Lorenzo, Quebrachito y Tonelero, las flotas extranjeras sufrieron nuevas pérdidas bajo el cañoneo argentino, y la expedición comercial – militar concluyó en un fracaso. Las potencias interventoras no volvieron a intentar otra invasión similar;

- la donación hecha por José de San Martín de su sable corvo a Juan Manuel de Rosas, es en reconocimiento a su desempeño frente a esta agresión externa: “el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la Independencia de la América del Sud le será entregado al Excmo. Señor general de la República Argentina, don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que han tratado de humillarla” (testamento del 23. 1. 1844);

- en aquel momento, los países latinoamericanos saludaron como propia la lucha de la Vuelta de Obligado; y todavía hoy, una estación del metro de Paris (rebautizada “Argentina”) recuerda el acontecimiento;

- la ley nacional 20.770, sancionada por iniciativa del historiador José María Rosa, estableció que el 20 de noviembre es el Día de la Soberanía Nacional.

Pero hoy ningún medio de comunicación social (ni siquiera el canal oficial) dedicó algunos minutos a recordar esta acción de resistencia a los imperios. ¿De dónde sacan las efemérides nuestras radios, diarios y televisoras? ¿Del libro Guinness? ¿Por qué perdemos el recuerdo de algunos momentos tan significativos de nuestra historia?

Considero que esta aparente casualidad es parte de un proyecto de construcción de olvido histórico. Supongo que por estos días los docentes de historia están por demás atareados con el cierre de planillas y calificaciones que les demanda esa burocracia cada vez menos educativa; las maestras y directoras están agobiadas con la preparación de las fiestas de fin de cursos; los periodistas están ocupadísimos indagando cómo se va a jugar la Copa Davis o se va a correr el rally Dakar en estas neocolonias; los dirigentes políticos, diputados, senadores, gobernadores, ministros y demás, están sumamente atareados en semblantear las internas o las externas, en la declaración de la milanesa napolitana como patrimonio cultural en Buenos Aires o en la penalización de menores o en las regalías, y no tienen tiempo para dedicar a estas cuestiones.

Pido que al menos desde la sociedad misma dediquemos un recuerdo, no tanto a Rosas, sino a los humildes paisanos que sin mucho armamento ni mayor palabrería, se plantaron para decir “fuera el Imperio”. Me pongo de parte de ellos.
Un abrazo.
Ramón

lunes, 17 de noviembre de 2008

Secretos y mentiras. Rupatini y Badía.


En la foto, cacería de onas en Tierra del Fuego. En el centro, a los pies, el cadáver de un ona. Del Álbum editado por Tipografía Salesiana, de Turín, 1907, con el epìgrafe "Cacciatori di indii nella Terra del Fuoco". Incluída en el libro de José María Borrero "La Patagonia Trágica", Buenos Aires, Editorial Americana, 1967.

Secretos y mentiras.

Rupatini y Badía

Por estos días estuve recordando con frecuencia a Santiago “Yorek” Rupatini. Y saludo con alegría de corazón este recuerdo, pequeño triunfo de la memoria sobre la injusticia y el crimen.

Yorek se pronuncia “Yor-k”, con un espacio libre, como para una vocal sin tono. La palabra, como el propio Rupatini decía, significa “hermano” en su idioma, el selknam. Él quería que lo llamaran así. Veo ahora que una calle de Tolhuin (quizás la ciudad más nueva de nuestro paìs, fundada en 1972) lleva el nombre “Santiago Rupatini”. Bajo el mismo nombre se lo menciona a Yorek en un expediente de “concesión” (en realidad, menguada devolución) de tierras fueguinas a integrantes del pueblo ona.

Para mantener viva la memoria, quiero compartir con ustedes lo que recuerdo de mi encuentro personal con Yorek Rupatini, en 1964 – hace nada menos que 44 años.

Estaba yo cursando el colegio secundario en Bahía Blanca. Me vinieron a buscar unos amigos, los Fantini, hijos de un periodista que vivía en la calle Rodríguez al 500, diciéndome que en su casa había alguien a quien debía conocer.

Los visitantes en casa de los Fantini eran dos, que habían hecho etapa durante ese día, esperando una combinación de vuelos. Venían de Ushuaia y tenían que seguir viaje hacia Buenos Aires. Uno de ellos, Rodolfo Casamiquela, por entonces un joven investigador que ya había publicado algunos trabajos sobre temas paleontológicos y antropológicos (en particular recuerdo uno sobre Lihué Calel). El otro era Rupatini.

Yorek era bajo y corpulento, con un fuerte tórax y manos grandes, curtidas en el trabajo del campo. Aunque aquel día de primavera era bastante fresco, le bastaba con una camisa liviana de cuadros. Luego comentaría que sentía demasiado calor si se ponía alguna prenda más. Utilizaba una campera tan sólo para llevarla al brazo.

Era un hombre de aspecto sereno, que nos contemplaba a los charlatanes adolescentes de ciudad con divertido interés, y nos hablaba con parquedad. Frecuentemente sonreía.

Ante todo, Yorek nos enseñó a llamarlo así. Después comentó el motivo por el que se lo llamaba “el último ona”: el sólo tenía conocimiento de que existía una pequeña comunidad de tres onas en el campo: su esposa, su hermano y él mismo. Los dos primeros habían fallecido ya. Comentó que era estéril; no había podido tener hijos, y atribuía esto a que su grupo había comenzado a tomar bebidas alcohólicas a raíz de su contacto con los blancos; de ahí el daño.

Nos describió su vida como campesino, los trabajos que realizaba en la cría de ovejas.

Algunos de nosotros habíamos leído el libro de José María Borrero “La Patagonia Trágica” (esa primera parte, donde investigaba el genocidio de los onas). Obligada fue entonces la pregunta por las matanzas de onas encomendadas por los Menéndez, por Rosa Braun y alguno más del linaje. Rupatini contó algunos episodios de estas matanzas que él conocía, y supimos entonces que nada en el libro de Borrero era exageración: el envenenamiento de una ballena para que la comiera un grupo indígena, las cacerías de personas, el pago a los cazadores por cada oreja de indio entregada, y luego por testículos de ona. No sólo se había destacado como cazador el tristemente célebre Colorado Mc Clellan; también alguno de los estancieros había participado. Así lo demostraba una célebre fotografía de Rosa Braun como cazadora, vistiendo breeches y botas, con el pie sobre un cadáver de ona y el fusil apoyado en el suelo, de la que alguien había sacado una copia - el original estaba en el Archivo Salesiano, a la sazón guardado en la sede de la Inspectoría de la congregación, en Bahía Blanca.

Charlamos largamente hasta la tarde. Entre otros temas, recuerdo que Yorek nos comentó que cuando se peleaba con su hermano por cuestiones de momento, o porque habían tomado, “nos puteábamos en castilla”, porque en ona no existían insultos personales. Se reía al narrar esto.

Yorek iba a ser presentado en un programa de televisión de aquellos tiempos. Entre La caldera del diablo, El show de Dick van Dyke, el clan Stivel y Pinky, se le daba un espacio a un integrante de un pueblo originario, claro que con sesgo pintoresquista – “tenemos al último ona”. Por su parte, Rupatini pensaba que podría aprovechar ese espacio para dar un mensaje en defensa de los derechos de los indígenas.

Tres días después, Yorek y Casamiquela pasaron de nuevo por Bahía Blanca en su viaje de regreso.

Esta vez no tuvimos mucho tiempo para conversar. Pero retengo un dato fundamental de lo que Rupatini nos relató. Un día antes de su presentación en el programa televisivo “me llamaron para saber qué pensaba decir. Les dije que se quedaran tranquilos, que no iba a contar nada. Y no conté nada; para qué.”

No supe más de Yorek Rupatini.


Hace pocos días, por el canal oficial pude ver algunas escenas registradas en la estancia María Behety, de Tierra del Fuego. Era en un programa dirigido por Juan Alberto Badía, “Estudio País 24”.

Roland Barthes habría estudiado el programa de Badía como una puesta en escena de un argumento de final feliz. En cada región del país este conductor, que aparece como un buen tipo, muestra todas las cosas buenas y la gente buena. El paisaje está integrado habitualmente por elementos naturales definidos como paradisíacos, sin elementos o actividades contaminantes. En esa clase de lugares vive “gente” que se lleva bien, que se pone de acuerdo para hacer actividades interesantes. No se ven comunidades que estén reclamando nada. Hay en cada entrega del programa un concurso, relacionado con datos puntuales, y no con interpretaciones o con distintas ideas. En el certamen se valora la memoria de tipo enciclopédico acerca de lo que se podría llamar “triunfos argentinos”: “cuál es el producto más importante”, “quién fue el que se destacó por”, “en qué actividades sobresale Argentina”… Se nos presenta un país exitoso, sin problemas ni conflictos. Este paraíso está constituido especialmente por las pequeñas localidades del llamado “interior”, donde se supone que la gente es buena, que no hay problemas de “inseguridad”, que de algún modo todos tiran para adelante y se llevan bastante bien entre sí.

En el caso particular de la estancia María Behety y de otras escenas fueguinas, en el programa se exhibió la proverbial bondad de las ovejas. (Nadie recordó aquella observación tan realista de Tomás Moro: “suele ocurrir que las ovejas se comen a los hombres”). Se mostró la habilidad de los esquiladores. Se elogió a esos pioneros (los primeros estancieros, no los peones) que vinieron a hacer patria en aquellas latitudes.

De los onas en ese contexto, de su expolio y matanza, ni palabra. Es que no se los podía encajar en un relato idílico. Supongo que los harán aparecer en algún otro momento, cuando se presenten imágenes de algún museo fueguino. Es un modo de correr a un costado a los pueblos originarios: presentándolos meramente como objetos de colección.

Ese programa “Estudio País 24” es un plato fuerte de la televisión oficial. Ocupa dos horas diarias, de lunes a viernes.


Después de ver esa recorrida por la estancia María Behety, se me presentó la imagen de Rupatini. Ese paisano más decente y de palabra más digna que un montón de funcionarios, animadores de televisión y seudo periodistas de estos tiempos.

En su homenaje, estos renglones.

Ramón






ZIZEJ, OBAMA, ENTUSIASMOS Y SOFISMAS

Zizej y Obama. Entusiasmos y sofismas.
Comparto con ustedes una carta de lector que envié en relación con este tema:

Revista “Ñ” – Correo de lectores

Estimados:

El artículo de Slavoj Zizej que publican en la edición del 15 del corriente (“¿Por qué se equivocan los cínicos?”) es una burla al entendimiento del común.

Parece que al filósofo mediático, la lectura de Kant no le ha servido de mucho a la hora de usar la lógica más elemental. Sus argumentos para pretender que nos encamotemos con Obama son:

- que todo aquel que no se entusiasma con la victoria electoral de BO es un cínico;
- que un amigo suyo, “izquierdista estadounidense experimentado y nada propenso a engañarse”, lloró cuando se enteró de esa victoria electoral;
- que millones de personas se entusiasmaron en todo el mundo, desde Berlín a Río;
- que la victoria de BO se inscribe en la misma línea que la Revolución Francesa vista por Kant, como signo de posibilidad;
- que lo bueno de Obama es haber traído nuevas palabras a la política en EEUU;
- que no hay otras posiciones que: palabras más que hechos / vs. / hechos y no palabras. No queda lugar para los que queramos confrontar, comparar y ver cómo juegan estos dos planos;
- por consiguiente, los que queremos mirar también un poco los hechos, estamos casi haciendo “una de las cosas más estúpidas”.

No hace falta pensar mucho para rechazar estos sofismas. Uno podría decir:

- soy un izquierdista, o tengo un amigo izquierdista, quizás más experimentado que el estadounidense amigo de Zizek, y no lloré ese día;
- vivo en una ciudad que se llama también Río (Colorado, donde en 1984 hubo una manifestación de todo el pueblo para demandarle al entonces presidente que no pagara la deuda externa), y acá no he visto el entusiasmo en las calles;
- he visto entusiasmo en el mundial del ’78, y gente que se juntó en la plaza el 2 de abril de 1982, pero no creo que eso haya sido un signo de posibilidad… o sí?;
- no parece muy válido, salvo para la lógica de las ventas, el argumento “coma Obama, millones de entusiastas no pueden equivocarse”; es como el cuento aquel de las moscas;
- a veces la introducción de nuevas palabras sirve sólo para cambiarle de collar al perro, o de zanahoria al burro;
- no necesariamente los que no somos entusiastas somos cínicos; puede ser que, tras una o varias experiencias de frustraciones, dolores, engaños, en países sudacas, simplemente nos hayamos puesto cautos;
- desde esa cautela, me arrogo el derecho de mirar también los hechos y no sólo las palabras, sin aceptar por ello el rótulo de la estupidez.

Me quedo pensando cómo se fabrican estos fenómenos intelectuales tipo Zizek, izquierda conveniente por dos pesos, del que quizás se vendan muchos más libros que de Kant, aquel hombre modesto, a quien convendría leer en directo. O de Scalabrini Ortiz, por decir uno de estas latitudes.
Convendría también releer a Bellah Madsen, que estudió la necesidad de "corazón", de pegamento afectivo, para sostener este bichoco capitalismo tardío. Para entender de algún modo a los Corín Tellado de las elecciones USA.
Con lo precedente, no quiero tampoco ponerme en "anti Obama". Sólo se trata de sostener que, desde aquí y desde ahora, conviene observar, evaluar, y no entusiasmarse antes de tiempo.

Atentamente.

Lic. Ramón Minieri

domingo, 16 de noviembre de 2008

Historia, educación, localizaciòn y política

Río Colorado visto desde la ermita, década de 1950.
(Hacer un clic sobre la imagen para ampliar).


CARTA ABIERTA
Historia y política en la escuela.

Dirijo la presente en calidad de carta abierta al señor Gobernador de la provincia de Río Negro, a los legisladores de la misma, a las autoridades educativas de la provincia y sus regiones, al personal directivo de establecimientos educativos, y a los colegas docentes, especialmente del nivel medio.

Lo hago para advertirles que, posiblemente por inadvertencia y algo de negligencia, se está desarrollando en nuestras escuelas y colegios un proceso que la UNESCO ha denominado “historicidio”, y que atenta contra la conservación de la entidad de los pueblos. Si a alguien le suena a demasía la calificación, valgámonos del término “deshistorización” un proceso de privación simbólica que va en paralelo con la despolitización. Considero que es responsabilidad compartida de los destinatarios de esta carta, aunque en distintas medidas y ámbitos, darse por enterados de esta afirmación, considerarla, y si tiene algo de verdad, ponerse en acción para corregir con urgencia lo que está sucediendo.

Por estos días he podido conversar con chicos que pronto van a egresar de primer año de un colegio público de mi localidad. Al preguntarles qué temas estaban estudiando, me responden: “los sumerios”. Si bien las antiguas civilizaciones de Mesopotamia centraban la subsistencia material y buena parte de su universo simbólico en el manejo del agua y en el riego (incluidas prácticas no muy racionales que siguen en vigencia aquí y ahora), observo que estos aspectos, cuya comparación con el presente de nuestra zona habrían sido fértiles para un pensamiento crítico, no han sido tomados en cuenta. Pero lo que más me preocupa es otro aspecto: con sus 13 ó 14 años de edad, estos muchachitos saben vagamente que hubo sumerios, pero desconocen lo que hicieron sus abuelos o sus padres en esta región. Da lo mismo que si vivieran a mil quilómetros de aquí.

También suelo charlar con chicos de la primaria. He constatado en estos diálogos que también ellos desconocen los procesos básicos de la historia social de la localidad. No me refiero a apellidos y nombres, sino a la configuración de esta sociedad. Estos chicos saben el nombre del pueblo donde viven, pero no se habían enterado de la presencia de pobladores originarios, o de los contingentes migratorios; vale decir, otra vez, no se anoticiaron de cómo vinieron los suyos y por qué ellos están aquí.

¿Será esto así en todas partes? Ojalá que no, porque de lo contrario es para alarmarse. Preferiría creer que estoy ante situaciones aisladas, que se deben, como antes he señalado, a inadvertencia, o a falta de adecuada intervención de quienes deben coordinar los procesos educativos, formular políticas de contenido y sentido democrático, y cuidar que se lleven a cabo.

La opción por “estudiar lo universal a partir de lo local”, sustentada en abundancia de estudios pedagógicos y propiamente históricos, estuvo vigente y se practicó en esta provincia. Pareciera que un proceso de desguace epistemológico y de olvido institucionalizado ha llevado a que se la abandone, sin que nadie haya alegado fundamentación alguna para este cambio.

Perdonen si les recuerdo por qué esta orientación de lo local a lo universal. En primer término (y dando por sabidas las fundadas consideraciones de la psicología evolutiva), porque ella ofrece la posibilidad de que los alumnos realicen investigaciones, o al menos indagaciones, disponiendo de más y mejores herramientas para ello. Ninguno de los chicos de primer año puede leer los originales de la biblioteca de Asurbanipal para conocer el verdadero texto de las lamentaciones por la destrucción de Uruk. No creo que muchos docentes lo puedan hacer tampoco; ni siquiera con una buena recopilación tan tradicional como la de Evans Pritchard. Pero todos pueden leer más o menos bien los documentos que aluden al proceso formativo de nuestro pueblo, a la construcción de sus actividades económicas, a sus ricos movimientos sociales (de trabajadores, de mujeres, de colectividades, de emprendimientos cooperativos). Al hacer su análisis de estos documentos u otros testimonios, chicas y chicos producirían conocimiento. Así no dependerían tanto de lo que dice el docente. Este es el sentido epistemológico, y de suyo a la vez político, del enfoque al que me refiero.

Con esa orientación, los alumnos también descubrirían que aquí se han hecho cosas: construcciones sociales significativas. Que no sólo los sumerios hicieron historia, o los egipcios. También sus abuelos, sus padres. Y que ellos podrán hacerla, modificando algo de lo que los rodea. Y esto lo aprenderán mediante la indagación y la comprobación personal, evaluando y juzgando críticamente, y no porque alguien los instruya al respecto. Porque sería de lo más contradictorio, aprender el protagonismo histórico desde un discurso que viene de arriba.

Pero si el pasado es concebido como algo que pertenece a los sumerios, ¿cómo el presente y la proyección al futuro pueden imaginarse como nuestras?

Creo que la opción, desde un comienzo, por los contenidos universales sin conexión con lo local, es además un modo de desdeñar la cultura de origen de los alumnos. Una manera de decirles, a la vieja manera instruccionista, “lo que usted o los suyos saben o vivieron, acá en la escuela no vale nada.” Vale lo de los egipcios. Pero la práctica del albañil chilote que escuadra dos paredes con la misma fórmula de Imhotep, la vida de lo suyos, sus trabajos y sus fiestas, que reconocen antiquísimos y universales antecedentes…. Eso queda fuera del saber escolar. Del mismo modo que a los ingresantes al Liceo militar o a la ESMA, se les decía que debían dejar colgados sus atributos de masculinidad en la reja perimetral, a nuestros pibes se les dice que dejen colgados allí sus atributos de entidad cultural.

Las personas y los grupos sociales tienen derecho a existir. Si no partimos del pleno reconocimiento de este derecho, y orientamos desde él nuestro trabajo como intelectuales (que caracteriza a docentes y gobernantes), entonces estamos trabajando para alguna otra cosa. Por inadvertencia, claro. O por distracción. O por deseo de evitar conflictos. O porque hablar de los sumerios no requiere que el propio docente haga su investigación y que el estado provincial lo ayude y acompañe en esa tarea.

A la vista de estos datos de realidad, considero que la enseñanza de la historia (me limito a ella, y en los casos aludidos) ha virado en un sentido reaccionario.

Aclararé una vez más que no estoy postulando una historia limitada a lo local, a lo pintoresco, sino que parta de lo local y vuelva sobre ello, con proyectos transformadores. De Certeau, Jean Noel Luc, y tantos otros teóricos, pedagogos y pensadores de la historia alumbran esta opción. No se trata de negar lo universal; muy por el contrario, esta manera de verlo, a partir de lo local y en conexión con lo local, es la que le da sentido para quien lo estudia. Hablando con una metáfora grosera, se trata de crearle “ganchos” a lo universal en lo local, a lo remoto en lo inmediato. Pero si no sabemos lo que ha sucedido aquí mismo, ¿qué herramientas tenemos para pensar lo que sucedió en Eridú en el 3.400 antes de esta era?

Como lo ha expresado poéticamente Edgar Morisoli, el brazo del compás puede abarcar universos; pero la punta tiene que estar hincada en el lugar donde estamos.

Se trata de conectar el saber histórico con nuestra vida, nuestra vida común, para que nos sintamos protagonistas aquí y ahora, y obremos como tales.

Quizás por eso esta propuesta ha quedado en un cono de penumbras, y se la abandonó sin explicitar crítica sustentable alguna a ella. Es otra pésima herencia de los devastadores ‘90; otra forma de apartar el saber de la vida. Cabe comparar este retroceso con la infeliz expresión de aquel presidente de la Nación que festejó el triunfo del sub-20 en un mundial de fútbol “porque ahora esos muchachos podrán ubicarse mejor en el mercado internacional.” Los muchachos educados en un remoto Súmer y desconocedores de la historia propia, estarán orientados hacia lo mismo?

Para dar un ejemplo de lo que significa indagar, criticar, hacer un relato histórico: ¿creen ustedes que las comunidades mapuches desarrollarían el nivel de actividad, de demanda social, de justa reivindicación de sus tierras que hoy muestran de modo ejemplar, si no hubiera sido porque en algún momento construyeron, mediante indagaciones propias, su relato histórico autónomo? Si Roca siguiera siendo un héroe para estas comunidades, ¿creen ustedes que los veríamos actuando con tanta claridad y tesón en la defensa de su existencia como colectivo? Pero entonces, ¿nos parece adecuado que los rionegrinos que van a clases reciban la historia de Lugalzaggisi de Umma, de Urukagina de Lagash, o de algún otro personaje similar, en vez de indagar acerca de los procesos de su propia sociedad, y arrimar elementos de la universalidad para entenderlos y compararlos? ¿Estamos empeñados en formar personas que transformen la realidad, o buenos consumidores acríticos y disciplinados agentes de otros poderes?

Les pido pensemos en serio estos temas, porque hacen a la ciudadanía en sentido más amplio y serio que el electoral. Tienen que ver con la posibilidad de que el tiempo venidero no sea más de lo mismo, sino un futuro. Esto es, un proyecto en el que cada joven y chico rionegrino, con su comunidad de pertenencia que a menudo es anterior a la provincia misma, se sienta capaz de protagonizar desde la crítica y la acción.

Quisiera contribuir a esto, desde las ideas y desde la discusión, que es madre de la luz.

Los saludo cordialmente.

Lic. Ramón Minieri (*)
DNI 5.511.376
Río Colorado

(*) Egresado de la UNS, ex docente y directivo universitario, terciario y en nivel medio, escritor, historiador.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

Diccionario Jázaro. Novela léxico de Milorad Pavic.

(En la foto, el escritor Milorad Pavic - Nacido en Belgrado en 1929.)

Mil libros en un libro

Milorad Pavic. Diccionario Jázaro. Novela léxico en 100.000 palabras. Ejemplar femenino.

Sin saber nada de literatura ni de crítica literaria, quise comentar la lectura de esta obra, quizás para afrontar el enigma de por qué un libro, ciertos trazos negros sobre un fondo blanco, a uno lo fascina y captura. Por qué habrá lecturas que son como mujeres fatales. (Como mujeres mujeres, en fin. )

Este de Pavic, es mil libros en un libro. Casi diría que cada página y cada renglón son umbrales para otro libro más, otro distinto.

La estructura de esta novela es tan soberana, tan insuperable en lo suyo, tan libérrima en su imaginería, que arriesga no existir. Pero afortunadamente sigue ligada a la tierra y al tiempo por mil ataduras mínimas, como el cuerpo de Gulliver en Liliput. Eso la mantiene acá y la hace legible.

Comenzando por el lugar: el escritor Milorad Pavic es nacido, criado y habita en Belgrado. Ciudad, se nos dice, que ha sido conquistada por cuarenta ejércitos, y reconstruida 38 veces sobre sus ruinas.

Pero el lugar es no sólo espacio, es a la vez tiempo. El lenguaje heredado nos engaña cuando separa ambas dimensiones. Captar el tiempo de Belgrado pide un esfuerzo especial, en nuestra era de saturación informativa como política de olvido, en que a fuerza de noticias superpuestas y sucesivas, la historia inmediata queda tapada. Pero Belgrado es la ciudad donde se cometió el primer historicidio calificado como tal por la UNESCO, en tiempos recientes: el bombardeo de la Biblioteca Nacional por los aviones de Clinton y la OTAN, que para nada fue, según confesión de los mandos, un efecto no deseado. Con la Biblioteca se destruyó buena parte de la memoria escrita de los pueblos eslavos del sur, especialmente serbio croatas. Pavic es especialista en la lengua y la literatura serbias.

Estas destrucciones, y las siempre dudosas supervivencias, están en la novela, que consiste en tres diccionarios cruzados, referidos a un pueblo extinguido. Tres diccionarios que son tres lenguajes, es decir tres culturas, es decir tres visiones del mundo, es decir como mínimo tres mundos, donde de distintas maneras se inserta a los jázaros. Todo un debate de interpretaciones contrapuestas, de historias narradas de distintas maneras, aún contradictorias, se da en torno a los ya inexistentes jázaros, a su conversión al cristianismo, al judaísmo y al Islam (según quién la cuenta), con abundancia de razones y episodios que hacen veraz a cada una de ellas.

Así como son tres los diccionarios desde los que se mira y se narra a los jázaros, son tres los personajes que a fines del siglo XVII se encuentran y desencuentran compilándolos, hasta que se mueren o se matan de consuno. Cristiano, turco y judío; imposible la victoria plena o duradera de ninguno. Y otra vez en 1982, por una de esas simetrías caras a Borges y a los que tapizaron de espejos los pasillos de Versalles, tres émulos contemporáneos viven una fatídica historia semejante, con crímenes oscuros incluídos.

En estas tierras que constituyen un corredor de destrucciones, desde los aqueos, pasando por los hunos, los bizantinos, los cruzados, los turcos, y hasta los superbombarderos de las democracias de Occidente, es imposible que una historia se quiera basar solamente en documentos de frágil papel. Hay otros documentos que debieran venir a ayudar: parte del idioma jázaro ha quedado quizás (siempre es quizás) en el parloteo de los loros de la región. Y puede que otros sucesos sean accesibles por la vía del sueño. Asimismo hay libros que están sólo en la memoria de un sirviente que los fue aprendiendo día a día.


Con este comentario deshilvanado no pretendo “dar a entender” el libro de Pavic; tampoco resumirlo. Sólo dar noticia de él, e invitar a otros a la lectura, para no sentirme yo solo con tanta riqueza – y con esta sensación de no estar haciendo sino una cata muy parcial.

Llegado acá entonces, me limitaré a recordar algunas de las muchas imágenes por donde transcurre el relato. Pavic es un imaginero cuyas orfebrerías son de imposible transcripción cinematográfica: sólo pueden transmitirse con las mismas palabras de que están hechas. Y cada una de esas imágenes es metáfora desplegable en varios planos. Tropológica también, porque todas se refieren a nosotros.

Imágenes: la de un libro imprescindible que se hereda en una familia y que se extingue porque su último dueño lo utiliza, hoja por hoja, comida tras comida, para absorber la insana grasa de su plato. Y los hijos no pueden poner coto al desastre. La de otro libro que tiene derecho y revés, y que incluye un reloj de arena, reloj que organiza la lectura, pues hay que invertir el libro y pasar a leer desde el otro extremo, cuando la arena deja de correr. La de un hombre famoso “por saber valorar un sable por su sonido, como se hace con las campanas”; la de dos adversarios que se sueñan recíprocamente. Una iglesia cuyas mitades han sido construídas en comarcas distanciadas por mil kilómetros. Un hombre “atractivo, de amplio tórax, como una jaula para pájaros grandes o fieras pequeñas”. Una familia en la que el derecho a la sucesión está condicionado por el color de la barba de los herederos. El kouros, un sosía onírico: ese otro en el cual uno se transforma al soñar. Un apóstol viajero a tal punto que nunca se mezclaron ante él las migajas de su almuerzo con las de su cena. Los jázaros que leían los colores como si fueran textos. Los lugares donde hay tiempos que corren en dos distintos sentidos, y uno se halla allí en medio. Las instrucciones y consignas para soñantes. La transmisión de noticias mediante aromas…

Todas estas imágenes han sido tomadas de unas pocas páginas de la novela de Pavic.

Y todo ello no es sino una minucia, ay, comparado con lo que se habrá perdido en la Biblioteca de Belgrado. Y no es sino una muestra muy pequeña de la riqueza de este pueblo al que Pavic pertenece, pueblo de múltiples culturas, cuyo diccionario ha de ser al menos tríplice, y cuya existencia va siendo continuamente garroneada por las destrucciones que provocan los Imperios.

Dicen que quizás a Pavic le otorguen el Premio Nobel de Literatura. Ojalá que sí, para homenaje a su fecundidad y como reconocimiento a la sufrida colectividad serbia. Ojalá que no, para que la industria editorial no lo destruya al mercarlo.

Me queda una intriga: cómo será, qué contendrá un ejemplar masculino de este mismo libro. ¿Alguien lo ha conseguido?

Barcelona, Editorial Anagrama, 1989.

Oficio de fundaciones. Poesía.

Foto: Parque Eólico, Comodoro Rivadavia


Oficio de Fundaciones

(Del libro de poesía “Manifiestos para desfundar una ciudad”, 2008, por Ramón Minieri).


1

Nació de lo negado
esta ciudad

un tajo
su comienzo

y la sangre del hermano
abonando el cimiento.

Muro y castigo,
así se funda
nos decían los Grandes Ancianos.


2

Tarde o temprano la tierra confiesa.

En la placita donde fuimos novios
y antes niños
y pájaros

brotan astillas blanquecinas
al pie de las lavandas:

un cementerio
que llenaron la conquista y la viruela

sus muertos rotos bajo los arriates
muertos de nuevo ahora
desnombrados.


3



En el Sur
hay jardines de molinos

rodean las ciudades
de pie en los altos barrancos

murmuran sus oraciones
suaves como máquinas budistas
iluminan sin ruido.

Ciudades de papalotes
diseñadas por Xul Solar

quizás un día de estos levanten vuelo
quizás estén levantando vuelo

ciudades
fundadas con el viento.

Río Colorado – Bahía Blanca, 2000 – 2008.

Bonasso y otros cómplices


El Presidente Héctor Cámpora y el vicepresidente,
Vicente Solano Lima, en 1973.

En torno al libro de Miguel Bonasso “El Presidente que no fue”.

Aquello fue un grande y funesto engaño. Y este libro es la reproducción del engaño.

Aquella vez hubo quienes sabían y no lo dijeron. Su juego pasaba precisamente por no decirlo. Sabían lo que empezaba a acontecer y fraguarse en el círculo áulico del Gran Señor, su emperatriz y su adivino, desde los primeros días de la seudo presidencia de Cámpora. Ahora nos lo confirma un integrante del grupo que sabía y no lo dijo.

Omitiré en este comentario un párrafo sobre el Jefe y su manera de obrar en la ancianidad. Pero sí debo decir que necesitamos una indagación valiente y sincera, sin hipocresía, sin intereses dictados por la condición de posibles albaceas o curadores in lite, acerca de quién era ese Jefe, qué lo poseía, sus decisiones y sus rasgos cuando estaba a punto de deponer a su elegido Cámpora y volver a la Presidencia. Mientras no se haga ese examen, al que Bonasso y muchos otros debieran aportar honestamente, seguiremos escondiendo una pústula que no nos deja caminar bien.

Sostuve que este libro también es un engaño. Quiere presentarnos a un Cámpora admirable, pero queda más bien la idea de alguien más cercano a lo risible – si no se hubiera tratado de una tragedia, eso que él ayudó a producir. O quizás entre lo comprensible y lo risible, con algún destello de grandeza que le fue prestado por el momento, ese cruel Cupido histórico.

Pero ese Cámpora, no nos mientan, tipo simpático y pintoresco en lo individual, estuvo entre los primeros que sabían y no quisieron saber; pudo haber previsto, pudo haber intentado algo, y no lo hizo. La virtud de la “lealtad” no es tal cuando se aproxima a la solidaridad mafiosa; cuando sirve para encubrir o dar paso al crimen.

Por contrapartida, recuerdo a compañeros que perdieron su vida cuando se los involucró en este juego fementido y fatal. Y duele la sensación de sacrificio estéril: de ellos, de un tiempo, de vidas y de años incinerados en la hoguera póstuma del Jefe. Chicas y muchachos sacrificados porque se aprovechó su noble afán de un país con más justicia y libertad. En esto último, libertad, no siempre de acuerdo con Bonasso y su grupo.

En el límite de todo lo que Bonasso, al decir tanto y tanto, no nos dice, está la estrategia, que se creyó sagaz, de ese grupo que apostó a crecer a la sombra del gran hombre y su movimiento. La Sombra se los devoró; y con ellos, a muchos otros. El filicidio de militantes precedió al genocidio procesista.

Otorguemos el beneficio de la duda. Pongamos que estos dirigentes hayan obrado con la mejor intención, al creer que por vía de disimulación iban a heredar el peronismo para su propio proyecto verticalista con rasgos socializantes. Pero aún quedaría en pie el hecho de que supieron lo que sucedía y lo que se tramaba en palacio: pudieron prever la masacre, alertar sobre ella, no mandar gente al muere. No lo hicieron, quizás porque no estaban programados para reconocer esos datos y reaccionar ante ellos. Pero al menos, a esta altura de los tiempos, ¿no debieran pedir disculpas? Reconocer que si no hubo malevolencia, despotismo ilustrado sobre sus propios seguidores, al menos sí hubo error. Y de trágicas consecuencias.

¿Creerán que todo estuvo muy bien, que la equivocación fue del tiempo, de la historia, y no de ellos? ¿No sienten ninguna responsabilidad Bonasso y sus cofrades? Lo escucho a él, como a Dante Gullo, como a los de la empresa “amiga” Electroingeniería, hablándonos con suficiencia de iluminados acerca de todo lo opinable, sea la crisis financiera, la verdadera democracia, o el nuevo poder que quieren investir de sacralidad popular… Y siempre saben, siempre son los esclarecidos.

Esto los ubica en otro lugar que ya deja de ser el de los equivocados, como todos lo somos alguna vez en la historia. Los pone en el lugar de los cómplices.

Ahora bien: si sabían y no avisaron, si ahora no les entra eso de hacerse responsables de algo y pedir perdón por algo, las perspectivas no son brillantes.

En dudosas manos estamos, si estos tipos tienen cargos de gobierno. Por eso, mejor sacarse esa clase de manos de encima. Y esa clase de meloneo libresco, que suele servir sólo a distintos tipos de negocio. Se trata de servir a la vida y a la libertad. Eso, nomás. Eso, no menos.

Ramón Minieri

miércoles, 5 de noviembre de 2008

Lecturas. Soldados de Salamina.

Cartel de la República Española
Joyas del gnomo - Cuaderno de lecturas

“Soldados de Salamina”, novela, por Javier Cercas


Una novela de no-ficción, digamos una crónica, en torno a un instante en la historia “real”: esos segundos durante los cuales un soldado de la República española descubre a un conspicuo falangista prófugo, inerme – y no lo balea ni lo delata.

La obra magistral de Javier Cercas se desarrolla como una música con tres grandes movimientos: Los amigos del bosque, Soldados de Salamina, y Cita en Stockton. El primero atrae por el planteo de una incógnita no definida (algo hay para descubrir en ese episodio, y no sabemos bien qué), por las primeras vagas búsquedas. En el segundo, magistralmente, Cercas logra agrisar y casi extinguir la acción y el interés, perdernos en un pantano del que desesperamos no haya retorno. Es la grisedumbre y el empantanamiento del propio Sánchez Mazas, el falangista de la crónica, de una época y de un régimen que se vuelve logrero. Y cuando uno ya está sintiendo la asfixia, llega el tercer acto, un finale en tono glorioso. Las últimas páginas (precisamente de la 204 a la 209) me parecieron de esas que todos quisiéramos haber escrito, y que sólo ellas bastan para reconocer como grande a un escritor.

El protagonista es el que escribe la crónica, periodista y novelista. El otro protagonista en contrapunto es Sánchez Mazas, escritor hábil aunque no genial, coautor de Cara al Sol, y de consignas y páginas que lo consagraron como uno de los grandes responsables de la exaltación de las derechas y su asalto sangriento contra la República.

Cercas es magistral por lo que dice y por lo que no dice. En Sánchez Mazas dice, descubre, con-siente, los motivos de esa exaltación falangista, la avidez por la diferenciación y la vida peligrosa, por sentirse héroes en un tiempo de masas. Un heroísmo a cuerda, a fricción, estimulado, que suele convivir con cobardías como la del propio Sánchez Mazas, y que morirá en un millonario aburrimiento. Heroísmo que de todos modos parece preferible a la pacata chatura del Caudillo y su régimen.

También es magistral par decir y consentir los motivos y desmotivos del soldado de la República. Quizás el mismo que cruzó dos veces el África con las fuerzas libres de Leclerq, y peleó en cuanta batalla había que librar contra nazis y fascistas.

Lo que no dice, magistralmente también, es si finalmente hemos identificado a quien estábamos buscando. Queda, mejor, la sensación de que en Miralles están y son todos los verdaderos soldados de Salamina, al margen de lo anecdótico. Tampoco dice que el protagonista escritor pueda vivir feliz con su trabajo, ni hallar el amor en una mujer, esa Conchi que lo alienta, lo excita y lo saca de quicio, de la que quiere librarse cada dos por tres. No miente felicidad, sino que narra sólo esa que se halla en dolorosos y jubilosos encuentros fugaces con un soldado al que abraza, con el sentido, el coraje y ciertas victorias de los siempre honrosamente derrotados.
Una épica y un lirismo que se alzan después de la decepción, sin negarla, y por sobre ella.

Soldados de Salamina”. Tusquets, 2008. ISBN 978-950-9779-65-5

Poesía - Del libro "Manifiestos para desfundar ciudades" - Oficio del croto

Posiblemente esta sea una de las últimas fotos del "Puente Viejo" de
Río Colorado. Los gobiernos municipales quieren desguazarlo.


Oficio del croto


El croto
bajo el puente
desconoce
las leyes ojivales
que en sus sesgadas nupcias
engendran un laúd

El es lutier de sí mismo
se ha vaciado
de grey de patria
de oficio y vecindario

enciende
un cabo de cigarro
un clavel rojo
hallado en la basura

y ahora
borracho y hueco
canta:

banderín de ninguna causa
su voz
tremola
señales para otra orilla.

Río Colorado, 1999 – 2008.



(Del libro de poesía “Manifiestos para desfundar ciudades.”)

martes, 4 de noviembre de 2008

Los "Spee" en Argentina, 2

TOCADOS, FUGADOS, HUNDIDOS
Peripecia y drama de los tripulantes del Graf Spee en Argentina

Homenaje a los marineros alemanes muertos en la
batalla del Río de la Plata. El sacerdote también saluda
con la derecha en alto.

Parte 2

Los Spee en nuestra contienda

En la contienda argentina, que por momentos era una sorda guerra civil, los Spee fueron reclutados sin saberlo. Los que fueron internados en Córdoba en setiembre de 1939 saludaron la estatua del General San Martín con el brazo derecho en alto, el día de su llegada. Era el saludo marcial que ellos conocían y utilizaban. Pero el hecho fue criticado y concitó un acto de desagravio por parte de una agrupación radical. La simpatía inicial hacia estos muchachos rubios a los que se veía como víctimas, se diluye al paso del tiempo; con igual liviandad, pasan a ser denigrados como representantes del nazismo – precisamente ellos, los que no habían sido escogidos para regresar a la Alemania nazi. Hojeando los diarios, pasamos de las “extensivas manifestaciones de simpatía” del público cordobés el 21.3.1940, a las críticas implacables de sesenta días después. La propaganda aliada, el hundimiento de un mercante argentino (el “Uruguay”) el 27 de mayo de 1940, los rumores de que entre estos hombres había quienes hacían propaganda nazi o elaboraban planes de fuga (si se quiere, algo coherente con su condición de beligerantes), exacerban los ánimos y ofuscan la capacidad de análisis de mucha gente.

Holger Meding, basándose en documentación del Ministerio de Relaciones Exteriores, afirma que hubo una fuerte presión británica en los días de Pascua de 1940: o el gobierno argentino internaba a los marineros, o se dilataría la renovación del acuerdo de compra de carnes argentinas. Esta habría sido la razón de la internación. Por nuestra parte, comprobamos un giro en la opinión, no sólo a partir de lo que dicen los diarios, sino también de lo que cuentan los propios marinos del Spee.
Los comprensibles intentos de fuga de los internados generan críticas en la prensa. Estas críticas crecen cuando en El Sauce (provincia de Córdoba), un grupo revoltoso, pasado de copas, arría la bandera argentina e iza la alemana. Se difunde la noticia de que el pabellón celeste y blanco ha sido quemado. Los “Spee” se defienden alegando una conjura aliadófila. Los periódicos publican ahora, a mediados del ’40, cartas con conceptos hirientes contra los Spee. Según el Diario “Córdoba”, se valen del subsidio que les paga el gobierno argentino para no buscar trabajo, pasan sus días en lugares de esparcimiento, y hacen propaganda al régimen nazi. Conociendo la laboriosidad y las historias de vida de los Spee, los dos primeros cargos son difíciles de creer.
A tal punto llega la sensación de alarma de los internados, que cuando van al cine lo hacen en grupo, y en el colectivo se ubican espalda contra espalda “por si alguno quería darnos una cuchillada”. Los argentinos de los años 40, divididos agriamente entre proyectos confrontados, fuimos capaces de infligir estos miedos.
Mientras, algún conspicuo argentino se arrimaba al capital o al poder alemán sin que nadie lo amenazara. El general germanófilo Basilio Pertiné, Ministro de Guerra (y suegro de un futuro Presidente de la Nación), estaba en el directorio de la Siemens Schuckert, empresa que colaboró en la fuga de oficiales, junto a su asesor el capitán de navío César Urien, padre de la esposa de otro presidente. Alfredo Fortabat impulsaba su industria cementera de Loma Negra con capitales alemanes. Y cuando se sancionó a los Eichhorn de La Falda por haber apoyado al partido de Hitler, nadie recordó que Henry Ford había contribuido “de manera decisiva” con el movimiento nazi (según diploma firmado por el Führer.)
Es que los pequeños siempre están más expuestos a los giros de la opinión pública y a quienes manipulan sus timones.
Las guerras dan para todo. Por los mismos años hay tenidas masónicas en las Estancias Leleque y El Maitén (Chubut) donde se cifran mensajes para el espionaje inglés; y tenidas satánicas de la Fundación Thule en Florencio Varela, desde donde se organizan las fugas, y adonde después vendría a reparar las cosas la Virgen de Schoenstatt, en tardía contraofensiva católica alemana, para compensar. Las creencias también son armas de guerra. La Associated Press y la Trans Ocean dan gratis la noticia del mismo combate con distinto vencedor. La arqueología descubre escrituras rúnicas en el Paraguay e influencias arias en Santiago del Estero.
Convengamos en que no era fácil vivir en la Argentina de la década de 1940. Difícil para un nativo, el desafío se duplicaba para un extranjero sin fortuna.
En los años de la internación, los Spee se nos aparecen buscando lugares y ocasiones para vincularse con esa sociedad desgarrada de la que eran huéspedes forzosos, y en la que luego buscarían permanecer. Formar un equipo de fútbol, ir al Club Italiano para dar un espectáculo de gimnasia con aparatos, ir a los bailes o al cine (aunque resultara peligroso). En fin, casarse. De los que se quedan en Argentina, 285 marineros contraen matrimonio con “Volksdeutsche” o con criollas.

Otras agonías: reclasificaciones, reubicaciones, repatriación

Los giros de la guerra y de la política exterior argentina repercutían sobre los internados. El poder los clasifica y los reubica. En 1943 se produce una redistribución, por motivos no explicitados. Unos 330 marineros van al aislado Hotel Casino de Sierra de la Ventana. Los que permanecen en sus destinos temen ser redistribuidos. Un segundo reparto, a fin de 1943. En 1944 sólo permanecen en territorio argentino 6 de los 50 oficiales, confinados en Finca La Beba, Florencio Varela.
En 1945, otro bandazo. El gobierno argentino declara la guerra a Alemania. Siguiendo una arraigada costumbre nacional, un gobierno de facto adoptó la importante decisión por decreto el 27 de marzo. Casi de inmediato, y por otro golpe de decreto, se declaró a los Spee “prisioneros de guerra”.
Hubo casamientos de último momento, cuando ya se veía venir el fin de la guerra y aún después. Quizás el afecto se mezclaba con el cálculo, buscando una estrategia para quedarse en la Argentina.

La declaración de guerra argentina se había producido tan sólo cinco días antes de terminar las hostilidades. Tras el fin, un nuevo decreto declaró a los Spee sujetos a repatriación. Se los captura con un despliegue de fuerza que los interesados recuerdan como ignominioso. Los que habían elegido el Uruguay tienen más suerte: si están casados, se les permite permanecer allí. En la Argentina se produce otra oleada de fugas: esta vez los que se ocultan son recientes maridos y padres de hijos pequeños.
Los que aceptan las órdenes vuelven a cruzar el mar en un barco inglés. Llegan a una Alemania devastada y hambrienta. En el camino algún oficial británico los despojó de relojes y bienes personales. Buscan a sus parientes, procuran encontrar un empleo. Aún hoy recuerdan cómo se distribuía el hambre en su patria: cada uno tenía su caja con un candado para guardar el pan; se acopiaban cupones para hacer un buen guiso con carne de buey por semana; los mayores cedían una porción de carne para los niños que pedían comer algo más; los comestibles llegados de Argentina eran bienes preciosos, decisivos para la supervivencia – pero el embalaje tenía que ser muy correcto, pues de lo contrario desaparecían por el camino. Un cigarrillo valía 8 RM, y con la venta de varios de ellos se podía conseguir una barrita de margarina. A veces hubo que pedirle a un pariente que se fuera de casa, porque era imposible sostenerse. Quien tenía unos metros cuadrados de tierra y cultivaba unas papas estaba a salvo. Los fugitivos que volvían del Este no eran bienvenidos, porque se arriesgaba la subsistencia de todos...

Pasaron dos años y medio. Ahora el poder de los aliados volvía a clasificarlos. Tenían que conseguir el certificado de desnazificación (antes se debía acreditar la pureza étnica; ahora, la pureza política). Luego, obtener el permiso de salida (TTD). Al fin, la tenacidad era premiada con el regreso, con pasajes en barco o en avión pagados por las mujeres que esperaban en Argentina. Y un nuevo desgarrón, al separarse de los padres, amigos o familiares de aquel lado.

Regreso sin gloria

Hacia mediados o fines de 1948, en su mayor parte los Spee están de vuelta en Argentina, luego de nueve años de vueltas, tumbos, reclasificaciones, reubicaciones...
Los más afortunados consiguen empleo cerca de sus familias argentinas recobradas. Esos chicos nacidos o crecidos en su ausencia los miran con extrañeza... Otros toman el camino de Buenos Aires, donde se emplean en la Merck, la Orbis, la Siemens, o abren talleres particulares. La naciente industria de los refrigeradores domésticos, la IAME, fábrica estatal de automotres, la Kaiser, primera automotriz privada moderna, les ofrecen otras fuentes de empleo. En general, tienen capacidades que los hacen valiosos para una industrialización incipiente.
Pero son hombres rotos. No pertenecen a un mundo ni a otro. Intentan reproducir la prolijidad del paisaje alemán (más bien el paisaje bávaro o el orden de las barracas), en Sierra de la Ventana, Villa Warcalde, Villa General Belgrano o Florecio Varela. Cortan estrictamente a la misma medida los palitos de los cercos.
Algunos van y vienen, más de una vez. Vuelven allá y no encuentran a ese amigo que quedaba. O si lo encuentran “después de una mañana, no había más para decirnos”. Acompañan a su madre en Alemania en los últimos años, cuidando que ella tenga una vivienda y pueda comer cada día. Vuelven acá y se trenzan en litigios con esos hijos distantes, de quienes alguna vez no se ocuparon, y con quienes ahora no se hablan, aunque vivan en la casa de enfrente.
Los hijos suelen parecerse más a su tiempo que a sus padres. El Club Alemán o la Escuela Alemana ya no son de esos hijos, y tampoco son ya como los viejos quisieran.
¿Acaso algún combatiente concluye bien su vida? Uno me dice “Soy casi más argentina”: un deseo más que una certeza, dicho en un idioma balbuceado.
No hay historia con desarrollo sencillo ni con final feliz. La tortuosidad, la difracción, son precisamente los rasgos que tenemos que buscar y rescatar, para comprendernos mejor. Porque más acá del relato con héroes rubios y finales cómodos, quedan las vidas averiadas de los Spee. Llevan las marcas del nazismo y su derrumbe, pero también las de nuestra guerra civil encubierta.

Hoy presencian otra guerra; tras las clarinadas están como antaño los que manejan y seleccionan, los que dictan horóscopos y noticias, los que clasifican a los cautivos en un mundo cautivo. Todo está en guerra, como de costumbre en estos últimos tiempos. Y hoy, lo descubrimos con ellos, casi todos somos “Spee”.

El autor agradece a los ex marineros del Graf Spee y a sus hijos (Kart Peckhaus, Hans Prokof, H. Schmidtke, Martin Voigtlander) que han brindado sus testimonios para este trabajo. Para el mismo ha consultado también los archivos del diario La Voz del Interior.
(Córdoba, año 2003).

Los "Spee" en Argentina


TOCADOS, FUGADOS, HUNDIDOS
Peripecia y drama de los tripulantes del Graf Spee en Argentina


PRIMERA PARTE

No hay finales, ni felices


Una historia con final feliz es doblemente sospechosa. Pretende dar por concluidas ciertas cosas – seguramente antes de tiempo. Y elude preguntar quién establece los finales, para qué.

Cuando se trata de los tripulantes del Graf Spee (“los Spee”) que se quedaron en nuestro país, sorprende la rapidez con que ha cristalizado un relato socialmente correcto y sin conflictos. Ese relato comenzó a circular en vida y a la vista de la mayoría de los protagonistas, a pesar de ciertos hechos contradictorios. Según la versión canónica, los marineros de este buque, tras librar una batalla heroica a fines de 1939 en el Río de la Plata se aquerenciaron sin mayores dificultades en nuestro país. Muchachos “todos parecidos”, rubios y atléticos, ajenos a la guerra y al nazismo, aquí se casaron, constituyeron familias felices, fundaron pequeñas empresas vinculadas al desarrollo técnico y gozaron de reconocimiento social.

En los pliegues de esta versión quedan envueltos los olvidos: la historia del ebrio, la del que muere como indigente, la del que aún hoy se despierta gritando bajo los cañonazos que golpean su sueño, la del que ha perdido toda comunicación con sus hijos. Están las trayectorias de los fugitivos y los muertos misteriosamente muertos. Y es como para preguntarnos qué pasa con nosotros, con este espejo distorsivo de nuestra memoria social – rezagado o utópico, alterado siempre, literal nunca. Para eso, vayamos en busca de lo que el relato oficial no nos cuenta – acerca de ellos, o de nosotros mismos.

De la barraca al cuartel

Antes de terminar su adolescencia, los muchachos alemanes de la década de 1930 eran reclutados para el Servicio de Trabajo (RAD). En los barracones y campos del servicio les daban alojamiento, comida, dinero para pequeños gastos y ocupación en trabajos públicos. Pero, bajo el régimen nazi recién inaugurado en 1933, se les daba especialmente disciplinamiento e ideología. Una jerarquía de jefaturas y una vida cotidiana sin espacios privados ni elecciones individuales moldeaban a estos soldados adolescentes armados de palas lustrosas. Como en otros tiempos y lugares, la presión del desempleo masivo servía para manipular poblaciones y facilitaba el encuadramiento y la ideologización de los jóvenes.

Cuando terminaba el RAD , el voluntariado militar era una opción deseable. La Marina de Guerra recibía abundantes solicitudes juveniles, por el exotismo de sus destinos y la buena atención dada a sus hombres.

Todas las historias parecen ser una misma historia, cuando escuchamos a aquellos muchachos hoy octogenarios: un tránsito desde la barraca del Servicio de Trabajo a los cuarteles de la Escuela de Marinería, empujados por la desocupación y la pobreza. Los relatos eluden toda referencia política.

La asombrosa campaña del acorazado de bolsillo

El Admiral Graf Spee fue construido para burlar restricciones: las que Alemania había acordado con sus vencedores tras su derrota en la primera guerra mundial. Para cumplir con las limitaciones de tonelaje, los constructores navales desarrollaron novedosas aleaciones de acero. Botado en 1934, el Spee combinaba una abrumadora potencia de fuego con un menor peso, una mayor velocidad y una autonomía más amplia que sus homólogos. De ahí su nombre de “acorazado de bolsillo”, que en nuestras tierras se aplicó al infaltable petiso cascarudo de toda barra de amigos.

El Graf Spee y sus marineros conocieron otras aguas y guerras antes de venir al Plata: cruceros de entrenamiento por el Báltico y el Mar del Norte, presencia como factor de presión en la España de la Guerra Civil, en Memel. Con emoción en la voz, un “Spee” recuerda: una mañana en este puerto lituano, vio allá arriba un banderín especial: el Führer, Adolfo Hitler, estaba alojado en el buque.


El 21 de agosto de 1939, trece días antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, la nave zarpó de Alemania en viaje secreto. Se presentía la guerra; como en 1914, “era un extraño verano de anhelo / el ángel del odio batía un tambor en el cielo”... El 1º de setiembre la Wehrmatch invadía Polonia; el 3, Inglaterra y Francia declaraban la guerra al invasor.


El Spee ya rondaba en guerra de corso contra los mercantes ingleses por el Atlántico Sur. El 30 de setiembre ultimaba al vapor Clement, de Liverpool, su primera presa. Siguieron otras hasta totalizar nueve, con 50.089 toneladas de alimentos y materias primas hundidas; y sin una sola víctima propia o ajena.

Quedaba yugulada una ruta vital: el maíz, los combustibles, el yute y las carnes no llegaban a Inglaterra. El Escuadrón Sudamericano de la flota inglesa se puso a la caza del cazador. Cada carguero inglés radiaba una vez por hora su posición; cuando esto no sucedía, se orientaba la búsqueda hacia el último punto indicado.


El 13 de diciembre las tres naves británicas perseguidoras, el Exeter, el Ajax y el Achilles, rodearon al Spee frente a las costas uruguayas. Allí se produjo la batalla del Río de la Plata. Los cañones del Spee dejaron al Exeter fuera de combate y al Ajax con importantes averías. Pero el acorazado alemán, ya con pocas municiones, fue afectado en instalaciones vitales por los disparos ingleses. Su comandante, Hans Langsdorff, resolvió hacer escala en Montevideo. Bajo la presión diplomática de los británicos, el gobierno uruguayo fue estricto en la fijación de un plazo de 72 horas para que el buque se hiciera nuevamente a la mar. Por otra parte, Langsdorff estaba incorrectamente informado: los servicios de inteligencia británicos le hicieron creer que una poderosa flota, que incluía un portaaviones, lo esperaba a la salida del estuario. Así pues, antes de expirar el plazo el barco fue retirado de puerto y hundido por los propios germanos en aguas del Plata.

Las charlas de café y los comentarios de la prensa caen en una visión futbolística de la guerra. Para los diarios uruguayos, Langsdorff equivocó la jugada: el Exeter era una nave pequeña, y los otros dos navíos británicos estaban averiados...

Mientras el acorazado arde y se hunde, la gran mayoría de los 1055 tripulantes fue traída a Buenos Aires, desobedeciendo a la Prefectura uruguaya.

Y aquí empieza la historia de los Spee en Argentina.

Defraudados, internados y fichados

En el relato de los veteranos palpita un duradero resentimiento. Hasta hoy se repiten expresiones desdeñosas hacia los diplomáticos. Alguien recuerda que el embajador alemán, von Thermann, se acercó a saludar a Langsdorff en la barcaza que lo llevaba a Buenos Aires, y lo invitó a almorzar. Y elogia la respuesta del oficial: “Señor, aquí hay más de mil hombres que necesitan comer.”

También se filtra una resignada disconformidad con el gobierno argentino. Es que hubo una inconsecuencia. Tras consultar a los gobiernos de Argentina y Uruguay, los diplomáticos alemanes habían sugerido el desembarco en Buenos Aires, donde les habían asegurado el trato “como náufragos, que podrán ser repatriados” (según la Convención de La Haya de 1907); en cambio en Montevideo serían internados.

Pero esta expectativa fue defraudada. El canciller Cantilo, tras conversar con los embajadores aliados, propuso internar a estos “beligerantes”, ya no “náufragos”; el gabinete nacional siguió su criterio, y el presidente Ortiz decretó la internación.

Es que la Argentina estaba desgarrada por un conflicto interno. Se enfrentaban “germanófilos” y “aliadófilos”; pero la cuestión no era de política exterior, sino de dos concepciones enfrentadas de nación. Una vertiente autoritaria, jerárquica y tradicionalista, adoptaba los ropajes del nacionalismo y pregonaba sus simpatías con Hitler y Mussolini. En la vereda de enfrente, las corrientes liberales y la izquierda sostenían con mayor o menor sinceridad un ideario republicano, y congeniaban con Inglaterra, Francia y Estados Unidos. La reciente guerra civil española con la victoria de Franco, invitaba a pensar en las soluciones armadas. Había quienes cruzaban la calle cuando veían venir a uno del bando contrario; los simpatizantes de una u otra causa se reunían en confiterías enfrentadas.

En ese clima, a pesar de las protestas alemanas y de la amistosa visita del germanófilo Almirante Scasso, ministro de Marina, los marinos alojados en el Hotel de Inmigrantes fueron destinados a distintas localidades del interior.

Antes de partir, todos ellos iniciaron una duradera costumbre argentina: la de andar con el documento encima. Hasta los años 40 un argentino podía ir a una escribanía, registrar una compra y tan sólo declarar cuál era su nombre. Tras la revolución militar de 1943, la cédula se vuelve imperativa, hasta para comprar un pasaje de tren. Los “Spee” sirvieron para ensayar la nueva moda. En el Hotel de Inmigrantes se les confeccionó una Cédula de Internación que merece el regodeo de un periódico derechista: “tiene cubierta de tela gris, datos del titular, foto, dígito pulgar derecho, casillas para asentar el cumplimiento de las presentaciones ante las autoridades del lugar donde sea remitido, cada vez que así se disponga”. ¿Signo de modernidad, o de control?

Fugados y quedados

Aquí se produjo una primera división. Conforme a las Convenciones de La Haya, los oficiales recibieron un trato distinto: se les daba libertad bajo palabra en Buenos Aires. Los subsidios del gobierno argentino también marcaban las diferencias: 350 pesos mensuales para ellos, 90 para los marineros. Y distintos fueron los destinos. Mientras más de un marinero añoraba su país natal y deseaba una fuga imposible, 46 de los 50 oficiales “huyeron” a Alemania; muchos para hacerse cargo del mando de submarinos. La Argentina confirmaba una larga tradición en materia de evasiones pactadas de prisioneros, iniciada por los hermanos Rodríguez Peña en 1806.


Pero no sólo oficiales eran beneficiarios del privilegio de la fuga. En junio de 1942 ya otros 50 hombres habían huído hacia Alemania. Para 1945 los fugados sumaban 254 (la cuarta parte de la tripulación), en su mayoría suboficiales y técnicos en radio. Unos 60 en realidad permanecieron ocultos, haciendo espionaje en Argentina.

Las palabras y los silencios dibujan un croquis de las evasiones. Algunos oficiales superiores, junto con la inteligencia militar alemana y contando con la “distracción” de los militares argentinos, organizaron la escapada de quienes serían más útiles al poder, a la maquinaria bélica germana. Los otros tuvieron que quedarse en tierra extraña; alguno de ellos todavía siente la necesidad de aclarar que cierto oficial, que permaneció aquí, “no era de esos pitucos”.

Barracas, empresas, hoteles...

Otro Martín Pescador separó a los marineros internados. Algunos fueron acaparados de entrada por empresas o instituciones germanas. En la Embajada, en la aeronáutica Cóndor, la Siemens o la Merck, el Hotel Eden de La Falda o la Clínica El Diquecito, estaban mucho mejor que sus camaradas destinados a nuevas barracas, ahora en campos de internación, (como el de la IV División, camino a San Roque) con escasas posibilidades de empleo, distrayendo sus ratos de ocio con una costura o un tejido.

Las decisiones de las empresas alemanas no eran autónomas. Desde el ascenso de Hitler al poder se impuso una política de “unificación y coordinación” (Gleichschaltung) de todas las asociaciones, círculos, empresas y fundaciones alemanas en el exterior, incluída la Cámara de Comercio alemana en Argentina. También en este caso el poder separaba y escogía.


(Sigue en parte 2)