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martes, 9 de diciembre de 2008

Palabras de amor. La última carta de Nicola Sacco contra algunas mentiras.


(Nicola Sacco y Bartolomeo Vanzetti durante la parodia de juicio.)



Palabras de amor. La última carta de Nicola Sacco a su hijo Dante.

Karol Woijtyla, llamado luego Juan Pablo II, postuló en alguno de sus documentos una “civilización del amor”. Bella consigna por cierto, que a uno le suena a trovador provenzal – alguno de aquellos cantores de un país que fue asolado por una Cruzada ordenada por un Papa antecesor del propio Woijtyla, genocidio y culturicidio del cual nadie en la Iglesia Católica se ha arrepentido hasta hoy.

Este cura Woijtyla mentía, en un intento de hallar una coartada para encubrir la complicidad de la dominación de la Iglesia con las demás dominaciones. La verdadera y férrea consigna es Ama a tu patrón más que a ti mismo, pero no ames al compañero que viene a proponerte rebeldía”.

La bella consigna de "la civilización del amor", poco tiene que ver con la ideología y la práctica del propio Woijtyla y de su inmediato sucesor, el ex integrante de las Juventudes Hitlerianas, a las que nunca renunció, Joseph Ratzinger, llamado Benedicto XVI. (¿Alguien vio la carta de renuncia? ¿Alguien ha escuchado que este blanquísimo cura haya dicho que le erró y haya pedido disculpas? Sólo nos quedan las fotos de él levantando la mano derecha. ¿Era para pedir una hostia?)

Una muy buena idea, esa de la civilización del amor. Como para preguntarse: ¿quiénes constituyen y forman la verdadera civilización del amor, civilización a la vez utópica y venidera? ¿En qué actos, en qué palabras la fundan?

Mi parecer es que sólo aquella/aquel que juega su cuerpo, su nombre y su recuerdo a la revolución, es capaz de pronunciar verdaderas palabras de amor. No son pues palabras de amor las de Ratzinger, ni las de quienes lo adoptan como guía. “Un ciego sólo puede guiar a los otros ciegos al abismo.” No son palabras de amor las que se pronuncian en las telenovelas, ni las de estos falsos profetas. Todas ellas están tasadas, a tantos pesos por vocablo exitoso, por punto de rating, o por colecta conseguida.


El 23 de agosto de 1927, el obrero inmigrante italiano Nicola Sacco y su compañero Bartolomeo Vanzetti fueron electrocutados en la prisión estatal de Charlestown, en el Estado muy blanco anglosajón, garantista, progre y demás, de Massachussets. Se los había acusado de haber asesinado a un pagador y a un sereno para robar la caja de sueldos de una empresa en ese mismo Estado.

Ya por entonces habían aparecido muchos indicios de que los dos condenados no eran autores de esos asesinatos. Se comprobó que jamás habían matado a nadie. Pero se los juzgaba y condenaba, en realidad, por ser activistas de un movimiento de trabajadores contestatario, y por haber luchado contra las patronales explotadoras.

Para ver de qué lado están las letras del amor, y si es del mismo lado que las letras de la verdadera justicia, los invito a leer algunos textos contrapuestos: un considerando de la sentencia que dictó el inicuo juez Thayer en 1926 contra la vida de estos hombres (una frase en la que el juez establece dónde está la moral, y cómo, para él y su clase, lo revolucionario es inmoral); el mensaje de este mismo juez a uno de sus amigos; la única frase que nos queda de Celestino Madeiros, ejecutado por crímenes comunes junto a Sacco y Vanzetti; las palabras de Bartolomeo Vanzetti en los instantes anteriores a su ejecución en la silla eléctrica; y el texto de la última carta de Nicola Sacco, dirigida a su hijo Dante.


Un considerando de la sentencia dictada por el juez Thayer


“Aunque el reo pueda no haber cometido el crimen que se le imputa, es culpable sin duda desde un punto de vista moral, porque es enemigo de las instituciones vigentes.”


El mismo juez Thayer le comenta su sentencia a un amigo


“¿Viste lo que les hice a esos cabrones anarquistas el otro día?”



Habla el “delincuente común” Celestino Madeiros


Esto dice, luego de auto inculparse por los asesinatos falsamente atribuidos a Sacco y Vanzetti

“¿No ven que estos no pueden haber matado a nadie? Vi venir a la mujer de Sacco con los chicos, y me dio pena por los chicos.”


Ultimas palabras de Bartolomeo Vanzetti, al pie de la silla eléctrica.


“Quiero deciros que soy un hombre inocente. Nunca he cometido un delito, aunque sí a veces algún pecado. Soy inocente de todo delito. No sólo de este, sino de todos. Soy un hombre inocente. Quiero perdonar a algunas personas por lo que ahora me están haciendo.” (Bartolomeo Vanzetti tenía 49 años de edad).


Carta de Nicola Sacco a su hijo Dante
(18 de agosto de 1927).

Mi querido hijo y compañero:

“He tenido siempre la idea de escribirte esta carta, pero la huelga de hambre y el pensamiento de que tal vez no lograra explicarme bien me han hecho retrasarla todo este tiempo. /…/

Si no ocurre nada entre el viernes y el lunes, nos electrocutarán el 22 de agosto… Por lo tanto, aquí estoy contigo lleno de cariño y con el corazón abierto, como he estado siempre en el pasado. /…/

Creo que nuestro afecto recíproco es hoy más profundo que en cualquier otro momento, pues no sólo es muy grande, sino que se puede comprobar el amor fraterno no solamente en la alegría, sino también en la lucha y en el sufrimiento. Recuerda esto, Dante. Hemos demostrado esto y, modestia aparte, estamos orgullosos de ello. /…/

Lo que voy a decirte ahora te va a conmover, pero no llores, Dante, porque se han derramado muchas lágrimas en vano, y tu madre ha llorado durante siete años sin que sirviera para nada. Así que, hijo mío, en lugar de llorar, sé fuerte para poder consolar a tu madre, y cuando quieras distraerla de su desaliento, te diré lo que yo solía hacer. La llevaba a dar un largo paseo por el campo, a recoger flores silvestres de aquí y de allá, y a descansar a la sombra de los árboles, en medio de la armonía de los riachuelos alegres y la suave tranquilidad de la madre naturaleza, y estoy seguro de que a ella le gustará mucho que lo hagas, y tú te sentirás feliz con ello.

Pero recuerda siempre, Dante, que en el juego de la felicidad no tienes que usarla para ti solo, sino mirar un paso detrás de ti. Ayuda a los débiles que piden ayuda, ayuda a los perseguidos y a las víctimas, porque ellos son tus mejores amigos; son los camaradas que luchan y caen, como cayeron ayer tu padre y Bartolo por la conquista de la alegría, de la libertad para todos los pobres trabajadores. En esta lucha por la vida encontrarás más amor y serás amado.

Lo que tu madre me ha contado que decías durante esos días terribles en que estaba en la celda de los condenados, en ese lugar inicuo, me ha dado una gran alegría, porque me demostraba que serás el muchacho querido con el que siempre he soñado.

Por lo tanto, suceda lo qué suceda mañana, cosa que nadie sabe, si nos matan no debes olvidar mirar a tus amigos y camaradas con la misma sonrisa de gratitud con que miras a los seres queridos, pues ellos te quieren del mismo modo que quieren a todo camarada perseguido que ha caído. Y esto te lo dice tu padre, que te ha dado la vida, tu padre que te ha querido y los ha visto y que conoce la nobleza de su fe (que es la mía) y el gran sacrificio que siguen haciendo por nuestra libertad; pues he luchado con ellos y son los que tienen aún nuestra última esperanza y hoy pueden todavía salvarnos de la silla eléctrica; es la última lucha entre los ricos y los pobres por la seguridad y la libertad. Hijo, quiero que comprendas en el futuro esta inquietud y esta lucha a vida o muerte.

/…/ Dante, pueden crucificar hoy nuestros cuerpos, como lo están haciendo, pero no pueden destruir nuestras ideas, que servirán para los jóvenes que vengan después.

Dante, cuando antes he dicho tres seres humanos enterrados, quise decir que con nosotros hay otro joven que se llama Celestino Madeiros, al que van a electrocutar al mismo tiempo que a nosotros. Ha estado ya dos veces antes en esa horrible celda de los condenados, que deberían destruir las piquetas del verdadero progreso, esa horrible celda que será para siempre la vergüenza de los ciudadanos de Massachusetts. Deberían destruir el edificio y levantar una fábrica o una escuela para enseñar a muchos de los cientos de huérfanos pobres del mundo.

Te pido una vez más que quieras a tu madre y estés cerca de ella y de los seres queridos en estos días; estoy seguro de que con la ayuda de tu valor y de tu bondad sentirán menos la pena. Y tampoco olvidarás, hijito mío, quererme a mi también un poco, puesto que pienso tanto y tan a menudo en ti.

Saludos fraternales a todos los seres queridos; muchos besos a tu pequeña Inés y a tu madre. Para ti, un abrazo de todo corazón.

Tu padre y compañero

(Al escribir esta carta, Nicola Sacco tenía 36 años de edad).


Nota (1): a pesar de múltiples pedidos, reclamos y presentaciones probatorias, el Estado de Massachussets tardó 50 años, hasta 1977, para revisar los veredictos contra Sacco y Vanzetti. Quizás los que deciden estas cosas siguieran creyendo que se había hecho lo correcto. El gobernador George Dukakis (aquel demócrata que según Al Gore era“demasiado partidario de las libertades”; aquel mismo que perdió la presidencial de 1988 frente a Bush padre) exculpó a Nicola y Bartolomeo precisamente el 23 de agosto de 1977. Nótese que el autor de la medida fue el Gobernador, y no algún tribunal de aquel Estado.


Crímenes de Estado y de sistema, como este, ayudan a entender por qué palabras como activista, anarquista, comunista, socialista, son tabú en los Estados Unidos, y suscitan tanto rechazo como aprensión. Es que el látigo instruye.

Pero se comienza a vencer al látigo a partir del momento en que nos autorizamos todas las palabras. Más aún si son palabras de amor. Es decir, palabras de revolución.

Nota (2): Hermoso modo de dirigirse a un hijo o a un padre, ese de llamarlo también "compañero". Hermosa palabra esa, que no debiéramos dejar que nos expropien para usarla mal: compañero, el que comparte con nosotros el pan. No utiliza ese vocablo ninguno de los Papas que se han mencionado aquí. Es otra pista para detectar dónde se construye de veras la Civilización del Amor.




jueves, 27 de noviembre de 2008

Tené de ahí que se cae...

G. W. Bush mira hacia el futuro con las lentes tapadas.


No es epifanía la de Epifanio, o
apuntalá que se cae.

En torno a un artículo aparecido en el Diario Río Negro, sección Opinión, el 27 de noviembre de 2008.


Epifanía significa aparición. En la historia cristiana, aparición de un astro que anuncia la venida del salvador, y luego manifestación de la divinidad encarnada a los hombres.

Pero el artículo de opinión del Dr. Hugo R. Epifanio en el diario Río Negro de hoy (27 de noviembre de 2008) no aporta nueva luz, ni es portador de símbolos de esperanza. En realidad, lo sustancial de su argumentación ya fue expresado por George W. Bush, en frases que incluimos al final de este comentario. No sólo no es alentador; tampoco es veraz.

Lo tomaremos en cuenta, no teniendo en cuenta quién sea el opinante, ni porque su aporte resulte original o especialmente interesante, sino precisamente porque es un muestrario del pensamiento estereotipado con que algunos grupos de interés y sus ideólogos intentan “explicar” el proceso económico en curso.

La columna se titula “No es el fin del capitalismo.” Quizás alguien haya dicho que sí lo es, y el Dr. Epifanio ha considerado necesario rebatirlo. O alguien estará temiendo que sí lo sea, y hay que calmarlo. Pero queda por saber a quién se le está respondiendo.

En el primer párrafo, el articulista toma con todo coraje el rábano por las hojas:

El libertinaje financiero con la creación de instrumentos sofisticados y el "apalancamiento" consecuente, más la baja de tasas implementada desde la Reserva Federal de los EE. UU. en favor de un mayor consumo son, entre otras razones, las que llevaron a esta crisis financiera mundial que nadie con vida haya visto jamás.

Esto es un sofisma funcional a la perpetuación del actual estado de cosas. Según este juicio, que en estos días repiten varios representantes del fundamentalismo del mercado (oligopólico), no hay problema con el sistema capitalista. En el peor de los casos, la dificultad es de índole moral. El libertinaje. Y la intervención estatal, claro. Estos factores provocaron la crisis. Queda implícito que el capitalismo ha de ser bueno, bonísimo. Bastaría con que los banqueros de algún modo no fueran “libertinos”, y que el Estado no pretendiera regular tasas ni favorecer el consumo. Eso es lo que produce las crisis, “entre otras razones” que el articulista no señala. (Nada menos científico que el uso de la palabra “etcétera”, dicen. O de sus equivalentes, como esas “otras razones” que el opinante guarda para sí.)

La forma en que está redactado el párrafo no permite saber si se ha querido decir que esta es la mayor crisis financiera mundial que se haya visto, o simplemente la crisis que se haya visto. Ni una aserción ni la otra son veraces. Las crisis cíclicas y destructivas del capitalismo son desde hace rato “las peores que se hayan visto”; y vienen siendo crisis, y se las ha visto, por lo menos desde mediados del siglo XIX.

¿Que la causa sea el “libertinaje”? Pero en un sistema de desaforado individualismo y apropiación privada, motores del progreso a la manera capitalista, ¿a qué se le llama “libertinaje”?. Y ¿quién califica a los “libres” (si algo de libertad, libre competencia y demás supuestos liberales tiene vigencia hoy) y los diferencia de los “libertinos”, que parecen ser los que tienen la sartén por el mango? Estos últimos (entendiendo por tales los que buscan su provecho a cualquier costo social o ambiental, los que se valen del apoyo de los Estados, lográndolo por connivencia, soborno o presión) no nacieron hoy. Desde que el capitalismo es capitalismo, tiene estos rasgos de exacción y atropello. El articulista debiera repasar cómo fue el proceso de formación originaria de los capitales europeos que sirvieron para las revoluciones agraria, comercial e industrial.

Tanto en las crisis del siglo XIX, como en la de 1929 y años subsiguientes, los “economistas” del sistema salieron a decir que el problema era el libertinaje. Es decir, la especulación desenfrenada. Hasta alguna novela hay que pinta esto, en la Argentina de 1890. Pero habría que aceptar por una parte, un dato empírico: la especulación no es la semillita que se pueda escupir, separándola de la bondadosa pulpa del capitalismo. Ambos vienen juntos. El proceso de acumulación de capitales, de excedentes crecientes cuyos propietarios y gestores buscan oportunidades de inversión, no es otra cosa que el resultado propio del sistema capitalista.

Por otra parte, habría que repasar conceptos elementales de historia económica, para entender cómo y por qué se producen estas crisis cíclicas, emergentes financieros que obedecen a características sistémicas. La causa no es el libertinaje de nadie, ni la especulación. La causa de fondo es la disparidad cada vez mayor entre los ingresos del trabajo y los del capital. Es decir, lo que hace al capitalismo como tal.

Los ingresos del trabajo se reducen o quedan comparativamente rezagados, pero entonces la masa de consumidores también ve disminuidas sus posibilidades de comprar los productos que el sistema produce cada vez en mayor cantidad. ¿Cómo se llena la brecha entre una oferta creciente y una demanda que corre peligro de estancarse por falta de una mejor distribución del ingreso? Con el crédito. Llámese tarjeta de crédito, préstamo personal, prendario o hipotecario. Y cuando no puede expandirse el crédito porque ya no queda alguien con calificación de riesgo adecuada a quien prestarle, pues entonces, disminuimos las calificaciones necesarias. Y se les presta a los llamados “ninja” (no income, no job, no aptitude). Pero el motivo de fondo es resolver esa brecha generada por la desigual, cada vez más desigual distribución del ingreso – una desigualdad que en el caso de los Estados Unidos se acentuó significativamente en la era Bush. Esto, hasta que la burbuja estalla.

El Dr. Epifanio estima que algunas intervenciones estatales son buenas para mantener este bonísimo sistema que es el capitalismo. Por ejemplo, él aprecia “la ayuda estatal coordinada entre los países centrales” que, según su vaticinio, determina que “ya pocas o ninguna entidad financiera caería”. En cambio, no es bueno para el Dr., que en los países europeos mantenga su vigencia lo que él denomina “el estado benefactor”, que “contribuirá a demorar su salida de la crisis.” Ante estas afirmaciones, no puede uno menos que formularse aquella antiquísima pregunta: cui bono? ¿Para quién o quiénes es buena la forma de intervención que beneficia a las grandes entidades financieras? ¿Por qué sólo en algunos casos se califica a un Estado como “benefactor” con sentido peyorativo? ¿No hay algunos Estados que son “benefactores” para los grandes bancos? Pero si acudir a salvar a esos bancos con billones de dólares es bueno, ¿por qué no es bueno que algún Estado acuda a ayudar en alguna medida a sus trabajadores con un modesto seguro de desempleo o una prestación social? Sería preferible quizás diferenciar los términos: hay Estados benefactores… de los grandes capitales, y otros a los que desde hace ya tiempo se denomina “de compromiso social”. Parece arriesgado pronosticar que estos últimos no generen condiciones para resolver la crisis cíclica de igual o mejor manera que los primeros. De hecho, las políticas keynesianas, la experiencia del gobierno de Roosevelt y las de las políticas anticíclicas del siglo XX, pueden abonar el razonamiento contrario.

El Dr. Epifanio concluye su artículo con un párrafo que posiblemente haya considerado tranquilizante:

Por ahora, EE. UU. seguirá siendo líder, no sólo por la existencia del dólar elegido por el resto del mundo como factor de intercambio y de protección, sino también y fundamentalmente por su distancia con el resto de los países en ciencia y tecnología. Como indicativo, es suficiente saber que posee más del 80% de las mejores 200 universidades del mundo. Y en la historia de la humanidad esto tiene un valor preponderante.
Ahora bien, para unos cuantos, el dólar no es factor de intercambio ni de protección. Tampoco está muy en claro cuál es el criterio para decir cuáles son las mejores 200 universidades del mundo; porque si estas sirven para reproducir el complejo militar – industrial, la despolitización obediente, la guerra y el deterioro ambiental, permítame dudar un poco de la calificación que Ud. formula. Posiblemente haya que confrontar también algunos índices del estado de la educación pública en ese país.

Pareciera que la moraleja final del Dr. Epifanio coincide en lo sustancial con los recientes ensalmos de G. W. Bush en la reciente cumbre de Lima:

- “Por más de una década el mercado libre probó ser una vía eficaz.”

- “El crecimiento económico en esta región podría ser ilimitado y es algo que concierne a los pueblos libres. Todo país que sea honesto con su pueblo contará con el apoyo de Estados Unidos.”

- “Nuestros socios pueden estar seguros de que la agenda compasiva de Estados Unidos se mantendrá.”

- “Seguiremos inspirando al mundo.”

- “Que Dios los bendiga.”

Le diría al Dr. Epifanio, que no me siento más tranquilo después de estas aserciones de Bush. Ni siquiera la deficiente formulación invita a la calma. Al contrario. Uno sigue preguntándose para quién o quiénes lo que Bush llama “el mercado libre”, que de hecho es oligopólico, ha probado “ser una vía eficaz”. Él no lo deja en claro, ni tampoco el artículo del doctor. Me temo que esta afirmación de George W. es tan poco acertada como aquel bushismo de que "Estados Unidos y Japón llevan un siglo de firme amistad".

También cabe preguntarse quién califica a “los países que son honestos con sus pueblos”, suponiendo que la honestidad o deshonestidad sea cosa de un país y no de un gobierno. Ya un poco despavorido, pienso cuál es “la agenda compasiva de Estados Unidos” (porque si esta que conocimos era la “compasiva”, cómo será la otra!). Me pregunto qué dimensiones de la vida social son las que pueden experimentar un “crecimiento indefinido”; y si no sería mejor revisar qué es lo que crece, para qué, en beneficio de quiénes y en qué sentido. Y en fin, me pregunto si quienes seguirán inspirando al mundo con la bendición de Dios serán George W. Bush, Dick Cheney, Condoleezza Rice, la Haliburton, Enron y todo el conglomerado de pocas y grandes empresas amigas de Bush y su gabinete.

Es de temer que, como dice el Dr. Epifanio, esto no sea el fin del capitalismo. A la vista de este haz de paralogismos, ocultamientos y distorsiones, es de temer que sí quiera ser el fin del pensamiento. El pensamiento propiamente tal, que es creativo, capaz de innovar… y de entender para transformar, en atención a ciertos valores que hacen que seamos humanos.


martes, 25 de noviembre de 2008

Michael Moore, palabras contra la dominación

Foto: después de la difusión de su documental "Sicko", Moore participa
en una movilización por un sistema público eficiente de salud.


MICHAEL MOORE Y LA FUERZA DE LAS PALABRAS

Este comentario nace de otro comentario que nació de otro comentario. Infatigable tejido social del conocimiento y la discusión que lo alumbra. Un artículo de Zlavoj Zizek sobre Barak Obama y los “cínicos” que no apuestan por él, me llevó a escribir una refutación de sus paralogismos –un rechazo al meloneo (ver en este mismo blog). A su vez, mi comentario incitó a un amigo anónimo (que firma “Diógenes – cínico y a mucha honra”) a formular el suyo: en él nos invitaba a releer un libro de Michael Moore, “Estúpidos hombres blancos”, como para enfriar los entusiasmos fáciles en torno a un presidente demócrata en Estados Unidos. A Diógenes que trajo a colación este libro, los debates vernáculos pro- o contra- Obama, le suenan a discusiones entre la servidumbre acerca del nuevo dueño de la mansión. Y él no quiere representarse como parte de la servidumbre.

Me puse entonces a buscar el libro de Moore, a quien conocía sólo como el documentalista de aquel impecable e implacable “Bowling for Columbine” (2002) y luego “Fahrenheit 9/11” (2004), entre otras obras cinematográficas.

¡Qué sorpresa! Este muchacho, nacido en 1954 en una familia de demócratas católicos irlandeses, básicamente buenas personas liberales” como él lo dice, (en esto, parecido a los Kennedy) se había convertido para el 2001/2002 en un lúcido portador de la conciencia crítica de su pueblo frente a la dominación en Estados Unidos. Y eso, en un ambiente comunicacional ensombrecido por el Estado Policía que sucedió al 11 de setiembre: el gobierno robocop del que se perdió el control remoto.

Moore encontró que esa dominación es un sistema articulado en el que no hay casualidades: la estupidización masiva, la ruina de las bibliotecas públicas, el abandono de la educación por el Estado, la “flexibilización” de las normas de resguardo ambiental y del contrato laboral (algo sabemos de esto por acá), el descontrol de la explotación del medio ambiente para elevar al máximo las ganancias de las grandes empresas, la concentración económica, el fomento al desempleo, la enseñanza de la sumisión, la guerra permanente en el extranjero, son todos engranajes relacionados, que refuerzan recíprocamente su acción.

Repasemos los temas fuertes de este libro, publicado en castellano en 2003:

- en el país de la “prensa libre”, existe en la práctica una cuasi censura; las empresas editoriales procuran no difundir un libro como el de Moore, que confronta con la Doctrina de la Seguridad Integral; los editores le piden que rehaga el 50% del texto; cuando el autor se niega a tal demanda, no distribuyen la obra; y cuando finalmente lo hacen, es porque el libro está siendo un éxito de venta en el extranjero;

- en el país de la “democracia”, el descarado fraude electoral de George W. Bush y asociados, con manipulación de padrones, papeletas y recuentos, y apoyado por una Corte adicta, le permite apropiarse de una presidencia que no ganó por la vía de los votos; de ahí el pedido que Moore hace llegar, en serio, a las Naciones Unidas para que intervengan en su país y depongan a un régimen fraudulento y despótico; por motivos mucho menos claros, otros países han sido invadidos en nombre de la misma democracia;

- Bush y su alibabesco gabinete destruyeron velozmente acuerdos políticos que cimentaban la paz internacional; reducen la legislación protectora y achican los fondos destinados al cuidado ambiental, al sostenimiento de los sistemas cultural, educativo y de salud, a la vivienda social; recortan el reconocimiento de los derechos de los trabajadores, de las mujeres, la protección de los niños… y en fin, todo lo que no sea el negocio de los oligopolios;

- hay dudas fundadas de que el presidente del estado más armado del mundo sepa leer; y si en caso de tener que afrontar una decisión difícil poseería el equilibrio y la lucidez propias de un hombre normal; (acerca de la lectura: fíjense qué buen argumento para futuras campañas que la promuevan - si no leés vas a ser como George W.);

- en el país definido por sus gobernantes y publicistas como el de la “igualdad de oportunidades”, se acelera el empobrecimiento pasmoso de los sectores de medios y bajos ingresos, en paralelo con el enriquecimiento escandaloso del 1% más rico del país. La indagación de Moore acerca de los niveles salariales comienza cuando se entera de que, por obra y gracia de las grandes empresas de aeronavegación, el piloto del avión comercial en el que viaja cobra un sueldo tan exiguo que tiene que solicitar asistencia social;

- el gran peligro son los hombres blancos. Moore recapitula sus propias vicisitudes: han sido blancos los que en diversos momentos de su vida lo estafaron, postergaron o echaron, así como los descubridores y propagadores de una serie de males que aquejan a toda la humanidad (bombas atómicas, guerras, compuestos químicos nocivos, fraude electoral, genocidios)… Pese a esto, el estereotipo que venden los medios de comunicación es el de un delincuente negro: “pareciera que en todas las ciudades el mismo negro con la misma gorra es el que comete todos los atentados contra la propiedad”;

- persiste la práctica generalizada de segregación y postergación de los negros, enraizada en la larga tradición esclavista del país, vigente hasta hace dos generaciones. Esta persistencia se demuestra con observaciones directas, números y datos concretos que prueban la posición subalterna de los afroamericanos salvo en el béisbol y el rap. Se dirá que algún juez de la Corte Suprema o algún Colin Powell “llegaron”… casos excepcionales en los que, oh casualidad, son promovidas las personas más reaccionarias;

- hay desoladoras evidencias de que los ciudadanos de la nación imperial, los soldados del primer ejército del capitalismo, constituyen “un país de burros”: la mayoría de los adultos, legisladores incluídos, no superaría una modesta evaluación de ingreso al colegio secundario. En este marco, los tragicómicos “bushismos” no son anécdotas aisladas, sino emergentes de un estado asnal fomentado y alentado desde los poderes, y representado en un presidente borrico (con perdón de Platero y familia). El Estado abandona las escuelas y estas son copadas por las empresas oligopólicas, que hasta llegan a establecer contenidos y actividades educativas (lo que será el programa de Estudios Nutricionales auspiciado por una fábrica de hamburguesas, o el de Economía cuyos lineamientos y textos elabora, produce y provee la General Motors!);

- hay comprobaciones igualmente desoladoras, estadística en mano, de la postergación de las mujeres en todos los ámbitos de la vida social de esa “sociedad igualitaria”;

- las políticas de Bush no significaron una ruptura con respecto a las de Bill Clinton; la única diferencia finca en que este último mantenía una apariencia de progresismo, sonreía mejor, y tenía aventuras que distraían a la gente. Entre otras menudencias, Clinton: truncó el posible desarme nuclear total que ofrecía la Rusia postsoviética; permitió que las industrias automotrices no disminuyeran los niveles de contaminación generados por los motores que les ponen a sus autos; alentó la invasión de reservas naturales para beneficiar a la minería y a la extracción de petróleo.

Larga y fatigosa lista es esta, rebelde a todo resumen. Invito a remitirse al original, que enriquece estas noticias terribles con anécdotas individuales que hasta suelen resultar divertidas. De todos modos, lo que se percibe como fenómeno y proceso en todas las páginas del libro, es la destrucción de la vida social cotidiana y sus pautas por el frenesí neoliberal y la voracidad de los grandes capitales en los Estados Unidos. No se trata de economía, sino de la vida misma, tonto! Cosa parecida a lo que significó para nosotros la tiranía militar. Lo cotidiano está teñido y acotado por la dominación. El agua corriente ya no es potable: contiene cada vez más arsénico, pero las leyes ahora lo permiten; los autos contaminan cada vez más, pero no hay normas que lo impidan, ni aliento a tecnologías alternativas; si un miembro de la familia se enferma, la cobertura del seguro social estará limitada en el tiempo y en las prestaciones; y en fin, a la vista de cómo están los tiempos, no conviene cambiar la puerta descascarada y rota del garage. Y en esa sociedad desaparecen los varones, y aumenta la agresividad y el desamor.

Intento conectar todo este mapa de ruinas que presentaba Moore en 2003, con lo sucedido recientemente – la victoria de Obama en las elecciones presidenciales. Algunos análisis señalan que ha sido el voto de las etnias postergadas, de los negros y de las mujeres, el que le ha permitido al candidato demócrata ese holgado triunfo.

En un principio Moore se opuso a Obama, porque este había votado a favor de la guerra en Irak. En realidad, los tres candidatos demócratas votaron de ese modo. Pero luego Moore decidió apoyarlo, cuando se trataba de elegir entre él o Hillary Clinton. Parece que ese apoyo fue importante para la campaña del ahora electo presidente.

Me pregunto si el mejor servicio de Moore a esa campaña no ha sido más bien, varios años antes, un libro como “Estúpidos hombres blancos”. Las ideas de ese libro circulan también entre quienes no lo han leído, ya sea por medio de los documentales, o porque después de publicado el volumen, esas ideas empiezan a “estar en el aire” de la época. Como dijera don Ata,

Si uno pulsa la guitarra

pa cantar coplas de amor,

de potros, de domador,

de la sierra y las estrellas,

dicen : ¡Qué cosa más bella!

¡Si canta que es un primor!

Pero si uno, como Fierro,

por ahi se larga opinando,

el pobre se va acercando

con las orejas alertas,

y el rico vicha la puerta

y se aleja reculando.

El libro convoca a los sujetos de la explotación: negros, mujeres, trabajadores, empleados del montón. Y hace que los blancos de clase media, por la vía de la revelación o del ridículo, perciban su posición de dominados que se hacen cómplices de la dominación. Todos van parando las orejas.

Visto desde fuera de los Estados Unidos, Moore ha sido una voz clamando en el desierto. Pero con su propia obra ha poblado de camaradas ese desierto. La relación de ida y vuelta entre esa obra y la historia reciente, la historia de hoy mismo, invita a apostar por lo que puede hacer un intelectual que se juega por la causa común. Y a apostar también, cómo no, por el poder de las palabras.