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lunes, 18 de agosto de 2008

Lo que está en juego en el juego: el cosmos, los dioses, la muerte.

Apuntes para mi columna en FM La Comarca, de La Adela (provincia de La Pampa) en el programa "Ladran, Sancho", el sábado 16 de agosto de 2008. Ramón Minieri.


LOS MITOS DEL JUEGO

Cada sábado, en esta columna de inactualidad, narramos algún mito. Hoy, confesando nuestro oportunismo, ya que están en pleno desarrollo los Juegos Olímpicos de Beijing, vamos a contar y comentar algunos mitos relacionados con el juego.

La canción para entrar en tema es "Jugar por jugar" de y por Joaquín Sabina.


JUEGO, MUERTE, DIOSES

¿Juego juguetón o juego riesgoso?

La letra de Joaquín, genial juglar, nos transmite el sentido del juego juguetón, ese que se permite hacer malabarismos con todo, sin asignarle gravedad a nada. Nos lo dice el estribillo:


Y jugar por jugar
sin tener que morir o matar,
y vivir al revés
que bailar es soñar con los pies.


La cara juguetona del juego, esa que pone en juego el juglar, se denomina en nuestro idioma con el mismo vocablo que la otra faz, la más seria y terrible. Me dicen que en inglés "play" y "game" hacen referencia a cada una de esas dos caras. ¿Será realmente así?

Parece también que dos palabras heredadas, "ludus" (que está en nuestro "lúdico" y en el ludo) y "jocus", las dos del latín, señalan estas dos caras del jugar. Juego viene del latín jocus y este a su vez deriva, o bien de una raíz indoeuropea diu-div, en su forma div-yati, "jugar, estar contento, saltar" o bien de jak que tiene un significado base de "burlar" y... marquemos esto, "arrojar". La "jaculatoria" y el dardo latino ("jaculum"), ese que se arroja y es mortal, vienen de esta palabra. En cambio lúdico, ludo, del latín ludus tienen como raíz indoeuropea lug-leg o rug-reg, "saltar", "exultar". Hay un aparatito, el ludión, que aunque está dedicado seriamente a la didáctica de la ciencia, sin embargo tiene un pequeño juglar incorporado, y de él toma su nombre.

Aunque esto de calibrar los matices de las palabras nos pone frente a fenómenos harto resbaladizos, me atrevería a proponer que muchos vamos a estar de acuerdo en que se dice :"esto es un juego muy serio", o "son las reglas del juego", con cierto sentido de gravedad; mientras que no diríamos que lo lúdico es muy serio, o que estas son las reglas para lo lúdico.

Sabina se asume como un juguetón vital; su canción es puro "ludus". De modo muy distinto se pronuncia alguien que se presenta como un profesional del juego: William Shankly (1913 - 1981) entrenador de fútbol, afirmó "Mucha gente piensa que el fútbol es un juego a vida o muerte; pero es mucho más importante que eso".

Permítanme un relato personal. De muchacho me fue dada la oportunidad de conocer y tratar personalmente a Ezequiel Martínez Estrada. Durante los últimos meses de su vida fui diariamente a su casa, para escucharlo; poco podía yo aportar a una conversación con él. Entre los episodios de su vida que me narró, estaban las caminatas y partidas de ajedrez que sostuvo con Horacio Quiroga.

Quiroga iba a visitarlo a Ezequiel a su casa. Conversaban hasta que anochecía, y entonces Quiroga empezaba a despedirse. Martínez Estrada le ofrecía caminar algunas cuadras con él. Frecuentemente sucedía que en el curso de la caminata Quiroga iniciaba una partida de ajedrez, enunciando el primer movimiento, pongamos "Peón cuatro rey". Su compañero no podía resistirse al envite. Así se desarrollaba la partida mientras iban caminando hacia la lejana casa de Quiroga. A veces terminaba el juego a mitad camino. Entonces el ganador iniciaba otra partida. Para cuando llegaban a lo de Quiroga, más de una hora después de haber salido, esta otra partida recién estaba promediada. Entonces emprendían el camino de nuevo hacia la casa de Martínez Estrada, jugando siempre. Y quizás luego volverían a lo de Quiroga. "Y a veces se nos hacían las cuatro de la mañana", contaba riendo don Ezequiel.

¿Qué hay de posesivo y terrible tras el juego, y no sólo tras el juego de naipes o la ruleta, que produce historias como esta?

Hay otras donde el juego se desata igualmente que en las caminatas de los dos escritores, pero con consecuencias más terribles. En el Mahàbhárata, el príncipe tahur Shakuni conspira con el jefe del clan de los Kauravas, Duryodhana, para arruinar con malas artes a su adversario, el noble Yudishtira. Ya en el momento de invitar a este y a toda su parentela a la fiesta, el mensajero anticipa "Se va a jugar un gran juego". Y dice el texto que "Yudishtira se entristeció enormemente", y no estaba dispuesto a jugar con Shakuni. Pero "no podía rehusar la invitación de Dhritarashtra, o despreciar un desafío a la lucha o al juego con sus iguales, por ser un verdadero kshatriya". Un código entre pares, código de cierta nobleza, obliga a jugar. Actitudes semejantes he visto en jugadores actuales, a quienes se los invita a una partida difícil, cuando ya casi no tienen con qué apostar.

Hay que decir que en esta partida ya estaban interviniendo los dioses. Al artero Duryodhana le sucedió aquello que anunciaba el sabio Sanjaya "Los dioses primero privan de la razón al hombre a quien quieren perder." La máxima ha pasado de sabio en sabio, hasta que no hace mucho la recitaba el historiador norteamericano Charles Beard, como una de las grandes lecciones de la historia.

Volviendo a la partida, el noble Duryodhana, sintiéndose obligado por la ley del juego entre pares, no sólo pierde el reino y todos sus bienes, sino hasta su esposa, la bella Draupadi.

La misma concepción del juego que obliga al hombre y provoca su perdición aparece en el mismo libro, en la historia de Nala y Damayanti. También este último pierde todo en el juego... salvo, esta vez, su bella esposa.

Más allá del juego por jugar, comienza el juego total y fatal. Y comenzado, ya no se detiene.


El juego, la muerte, los dioses

Así los dioses intervienen en el juego, desde antes que al hombre se le ocurra la idea misma de la partida. Y juegan también entre ellos. Y la creación y destrucción de mundos es un jugar de los dioses.
A veces un dios desafortunado en sus amores, como el lúcido Apolo, provoca la muerte de su amada o de su amado. Apolo instituye juegos en favor de Hyacinthos, el infortunado Jacinto, cuya lamentable muerte por un golpe del disco arrojado por el dios se conmemora cada año, así como luego su resurrección en el tiempo de las floraciones. Posiblemente los Juegos Olímpicos hayan comenzado como otro ritual fúnebre. Hay dos versiones míticas que se entrecruzan cuando nos referimos a Olimpia. Por una parte se nos dice que los juegos nacieron como un homenaje al difunto rey Pelops. Por otra, que Heraklés, Hércules, ganó allí una carrera, y dispuso que se la realizara cada cuatro años en homenaje a Zeus. Posiblemente Heraklés mató a alguien e instituyó el juego para recordar a la víctima, y con carácter propiciatorio. Habrá que volver sobre esto, para entender cómo la carrera se relaciona con el homenaje a los difuntos.
En la Ilíada, los juegos por el finado Patroclo ratifican este vínculo. En la Eneida, los juegos por Anquises, que su piadoso hijo Eneas manda celebrar en Sicilia.
El juego puede traer muerte, como aquel lanzamiento de disco. Se juega por los muertos, como en Olimpia y en Sicilia.
Muerte y regreso en los juegos de mesa

Manuel Sánchez Dragó (en "Gargoris y Habidis") observa que el Juego de la Oca es una lección encubierta acerca del camino de la vida, y de las reencarnaciones. Se producen idas y vueltas, detenciones; hay vicisitudes que obligan a volver al punto de partida. Y el puntaje debe ser exacto para que el jugador pueda ingresar al espacio paradisíaco, o al Nirvana, o como quiera se llame ese lugar del logro final. Un juego así, de camino, parece haber sido el que se halla en las sepulturas reales de Ur (2.800 a.C.) no muy distinto del "senet" egipcio (del que parece proceder nuestro backgammon).

La rayuela es asimismo un juego de idas, retornos, pruebas repetidas, hasta que el jugador acierta con el "cielo".

De modo sutil, estos juegos de niños nos vinieron transmitiendo un conocimiento distinto del que recibíamos en la escuela o en la parroquia.

Quizás en la actualidad este mismo papel lo desempeñen los juegos para play station o computadora. Del mismo modo que el relato iniciático se expresa en el cine, en una multitud de road movies o de argumentos de ciencia ficción como The Matrix.


Juego, cosmos, muerte


En alguna oportunidad, esas muertes relacionadas con el juego significan algo más que anécdotas individuales (una vez más, es para preguntarse si existe lo individual, y en su caso, cómo es posible que exista). La lucha entre Pandavas y Kauravas que se desarrolla en el Mahàbhárata, quizés está cifrando una pugna cósmica - que ha de finalizar con la destrucción final de los Kauravas, pero en última instancia con la extinción del mundo.

Hay juegos cosmológicos. ¿Acaso no lo es el trompo? Su aparente dormición, su quietud, sin embargo es actividad. Está en movimiento como el dios aristotélico, el primer móvil inmóvil. Es la figura de lo extático generador. Los juegos de Shiva con su tamboril que genera mediante la palabra y que destruye, están en la misma línea de imaginería simbólica.

La relación entre juego y dinámica del cosmos, y entre esta y la muerte, quizás halla su expresión más gráfica en el juego de pelota de los quiché, tal como se lo narra en el Popol Vuh. El juego de pelota es el lugar y el tiempo de encuentro y combate entre este mundo y el subterráneo, entre los dioses terrestres y los infernales. El resultado del juego es indiscutible: en la lucha entre la Luz y la Oscuridad, los perdedores son decapitados, y el Sol de la nueva edad se nutre para ascender y prosperar.

Llamativo es que los juegos suelan experimentar un clivaje desde lo múltiple hacia lo agonal. Empiezan siendo para más contrincantes, pero desembocan en una lucha entre dos. El nombre persa "shatrang", transformado por los árabes en "axatrang", es el origen de nuestra palabra "ajedrez". Pero "shatrang" procedía del hindú "Chaturanga"... y este vocablo significaba "cuatro temas", porque el juego estaba diseñado para cuatro jugadores (amarillo, rojo, verde y negro) enfrentados por parejas. No perduró esta opción, como ninguna de las otras propuestas ajedrecísticas (entre ellas, algunas de Alfonso El Sabio) que pretendieron establecer un ajedrez para más de dos.

Interesante es anotar también que el primer ajedrez se jugaba con dados. Estos decidían quién jugaba, y qué movimientos podría hacer. Un "generador de azar", en este caso el dado, introducía el acaso como una constante cósmica, aún en los juegos que hoy son "sólo de inteligencia".

¿Dios juega a los dados?

El hinduísmo aceptaba que un dios juguetón pusiera fin a los mundos. En nuestros días, se ha planteado un debate a partir de una reflexión de Einstein "no creo que Dios juegue a los dados". En una de sus recientes clases públicas, "¿Juega Dios a los dados?" Stephen Hawkins afirma que no sólo juega, sino que "además suele arrojar sus dados donde no se los ve". Más allá del agotamiento del determinismo de la física clásica, del principio de incertidumbre de Werner Heisenberg (1926) y del desarrollo de la mecánica cuántica, en la actualidad el estudio de los agujeros negros abona esta idea de los dados que nadie ve... pero que deciden fenómenos en el campo de lo visible.
Jorge Luis Borges y el juego
Juego, muerte, dioses... Hombres que manejan los trebejos creyéndose dioses; hombres y dioses que son a su vez trebejos...
Acudo a la poesía de Borges; él incluyó a esos "dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez" entre los diez justos que en esta generación salvan al mundo. También a él con su poesía lo atrapó el juego:
Ajedrez
II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.
No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.
También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y blancos días.
Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonías?
Jorge Luis Borges

Un abrazo para todos ustedes.
Ramón. Río Colorado, noche del 19 de agosto de 2008.

domingo, 17 de agosto de 2008

No se puede creer ni en los bustos... de bronce

En el diario "Río Negro" del domingo 17 de agosto aparece la noticia que copié al pie. El busto de quien en vida fuera don Manuel R. Novillo, descubridor del yacimiento ferrífero de Sierra Grande e impulsor de su aprovechamiento... no era de don Manuel R. Novillo.

Sería interesante conocer la historia del busto apócrifo. Qué apremiado funcionario o miembro de la comisión de la Biblioteca compró ese producto, para satisfacer una demanda social "por favor hágalo rápido, porque tenemos encima la fecha del aniversario" ; y quién optó por la vía fácil para resolver el pedido "Ma sí, dale... total esta altura, qué saben qué cara tenía el viejo"...

Y qué momento el de la revelación, cuando las hijas del prócer prorrumpieron en un "¡Pero ese no es papá!"

Hay más de un caso parecido, en nuestra región al menos. El busto "de San Martín" que prestigia el boulevard del Libertador en La Adela (La Pampa) retrata en realidad las facciones de Carlos M. de Alvear. Y el "Coronel Estomba" de un monumental retrato al óleo que le habían vendido a la Municipalidad de Bahía Blanca era en realidad un mariscal napoleónico, cuyo retrato copió algún artista oportunista.

El suceso invita a revisar más de una idea aceptada.


Por una parte, qué consumidores de próceres somos - solamente o especialmente los argentinos, o también otros pueblos? La gente busca figuras señeras como sea; y como la oferta no crece, hay que inventar un poco, o generar sustitutos para adecuarse a la demanda. De paso, la oportunidad es propicia para que alguien se lleve esa pintura o esa estatuilla que no hallaba comprador. La lógica sería: "Querés un prócer, ahí tenés un prócer".

Por otra parte, ¿cuántos "venerados" serán o habrán sido realmente como aquellos a los que creemos venerar? Las investigaciones que llevan a revisar la identidad y el comportamiento de los próceres, borronean y desmienten más de una de sus imágenes heredadas. Se susurra por ahí que José de San Martín era un mestizo, cuyo verdadero progenitor fue el mismo padre de Carlos de Alvear - por donde el "error" del busto de La Adela no lo sería tanto... Y sin susurros, sabemos que más de uno cuyo nombre ornamenta nuestras calles, no merecería tantas loas.

En fin, amigos míos, no se puede creer ni en los bustos. Ni siquiera en los de bronce.

Y adónde irá a parar ahora el Novillo que no lo era. Habría que crear el museo del fraude. (El mayor problema será cómo seleccionar las piezas que ingresan, para evitar la pronta saturación del espacio de este museo).


SIERRA GRANDE: No era el que se pensaba

El busto que por 20 años estuvo en la biblioteca popular no era de Manuel Reinero Novillo, que en la década del 40 descubrió el hierro en esta ciudad. El año pasado las hijas de Novillo estuvieron en Sierra Grande y uno de los lugares que visitaron fue la biblioteca, que lleva el nombre de su padre. Pero para su sorpresa se encontraron con un busto supuestamente del descubridor de la cuenca minera, incluso lleva una leyenda que dice "Luis Novillo", pero "ése no es papá" exclamaron las descendientes y desde allí el busto fue retirado de la sala y archivado.