Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta viaje. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de febrero de 2009

Por qué "Antefuturos". Los viajeros, el viaje.

Inmigrantes italianos en la cubierta de un barco, 1918.
Antefuturos

Los viajeros, el viaje


Cuánto viaje para llegar hasta acá; hasta vos que estás leyendo, hasta mí que estoy escribiendo, a ambos lados de este espejo imperfecto. Cuántos viajeros, desde el comienzo de la especie, se han ido pasando la semilla, de un siglo a otro, de un continente a otro, como en una carrera de postas. Y con la semilla un encriptado de sueños, fantasmas, miedos y alegrías: nombres de mitos con los que nos hacemos y deshacemos.

Decía que somos algo más que viajeros. Somos el viaje mismo; en nosotros está cifrado todo lo que ha sucedido. Estuve ahí, podemos decir cada vez. Estuve a la orilla de ese río de Siberia y en ese monte del Cáucaso. Estuve en ese barranco de Etiopía y en esa antigua ciudad. Estuve con los bárbaros y con los imperiales, con los peones que arrastraron piedras en Sacsahuaman, quizás sin ganas y sin saber para qué, y con los que sabían, y con los que después asaltaron la fortaleza. Encuentro mi cara y la tuya ahí arriba, en la foto de esos inmigrantes arracimados en la cubierta del barco que los traía a la América, a los logros y decepciones de la América.

Estuvimos ahí. Estamos ahí todavía, porque ese ahí es parte nuestra.

A veces pensamos que este viaje es una larga serie de derrotas. Qué pocos festejos nos han tocado vivir; y aún estos, qué relativos, qué sospechables. Fiestas de príncipes nuevos que luego se volvían tiranos, de revoluciones que después fueron traicionadas. Y aunque nada de eso nos sucediera o nos afectara, de todos modos seremos siempre vencidos por el olvido y la muerte. Pero en perder y perder está nuestro ganar: el viaje sigue y con él seguimos después de cada derrota, más allá de lo derrotado.

El viaje sigue. Por eso los antepasados son antefuturos. Revisando su legado de deseos y frustraciones recogemos lo esencial para la próxima etapa. Si el viaje es aprendizaje, como en Wilhelm Meister, en el cuento del Compañero de Viaje de Andersen y en tantos otros relatos, entonces siempre hemos estado aprendiendo, y seguimos aprendiendo.
Ramón
Jueves 5 de febrero de 2009

Ese primer lugar

La bahía de Genova, el mar Ligur, la montaña y el boscaje.




Ese primer lugar

La vida de mi abuelo Luis Parodi, que traté de narrar en el artículo anterior, parece trazar una parábola. Comienza con días felices, y luego se hunde en pérdidas: la hermana, el hermano, la música, la floresta, el mar, todo lo pierde.

Después se toma la revancha. Pieza por pieza va recuperando lo perdido. Reconquista la música, el amor, la belleza, el orgullo patriótico. Hasta que un nuevo golpe le arrebata casi todo. Creo que de algún modo decidió que no valía la pena envejecer. Como lo había anunciado a menudo, murió a los 60.

¿Acaso durante nuestros años de vida buscamos recuperar un primer lugar perdido? Para él fueron las colinas y boscajes, el mar y la ópera de Génova. Quizás para mí lo sea ese rincón de la cocina de mi abuela, donde en los días fríos se sentía el aliento cálido de la cocina económica y se veían arder las maderitas. Esa mesa con un hule verde sobre la que siempre estaba el milagro de los libros y de las revistas, en los que había tanto para ver – eran inagotables, como la conversación de la nonna Viola.

¿Es así?

Quería compartir con vos estas preguntas. ¿Qué viajes te hacen ser? ¿A cuáles de los viajeros sentís cerca? ¿También añorás un lugar primero?




Ramón.


Febrero de 2009.