
Foto: el obispo Mariavita Claudio Antonio Páleka.
(Tanta alharaca con el Código Da Vinci… y todo eso ya estaba en Río Negro).
Un operativo romano de destrucción de la competencia.
Claudio Páleka, obispo, y su no-Museo
Conocí a Claudio Páleka, obispo de la Iglesia Católica Mariavita en la Argentina, en 1994. Yo estaba trabajando en alguna oficina pública de Viedma, y él (un tipo alto, de frondosa barba oscura y modales afables, como un vital pope griego) apareció de visita allí. Venía desde la región andina, y traía una carpeta.
Cuando abrió esa carpeta, brotaron de los textos y las fotos la maravilla y el misterio. Páleka quería contar cómo era “su museo”, que no era museo ni tampoco suyo. Formado en antropología social, había encontrado la manera de generar una experiencia intercultural extraordinaria.
Él mantenía relaciones cordiales, de respeto y mutua comprensión, con una comunidad mapuche de aquella región. Durante el verano, las machi le prestaban algunos de los elementos de su culto, por un mes y medio o dos. Y este hombre organizaba un trayecto místico, un recorrido ascendente en un cerro cercano a Bariloche. En cada una de las estaciones del itinerario, bajo un baldaquino o en un pequeño toldo, uno podía abismarse en la contemplación y sentir la fuerza de algunos de esos objetos. Piedras, plumas, kultrunes, fajas u cántaros de uso ritual, ponchos, grecas, cestos, vibraban silenciosamente en las sucesivas ambientaciones.
¿Cómo llamar a esto? Me parece irreverente decir “muestra”. Lo que fuere, había sido titulado “Patagonia Mística”.
Páleka me explicó: de ese modo, las personas que no pertenecían al pueblo mapuche podían acceder a una experiencia de participación en su mundo sagrado, sin que mediaran demasiadas palabras o conceptos. Pude estar después en el lugar; la vivencia era de verdad “liminar”: uno sentía que estaba trasponiendo un umbral, percibía algo más que lo visible. Y el abordaje era llamativamente respetuoso.
Terminado el tiempo del préstamo, él devolvía los objetos a las machi. Me comentó que también se interesaba por aprender de ellas. Se consideraba un aprendiz de la religión y la cosmovisión mapuche.
Un nombre por él mencionado me llamó la atención. El lugar de prédica y encuentro que dirigía en Mallín Ahogado (una zona de El Bolsón) se llamaba “Misión María Reina de las Flores”. Recordé la antigua advocación Regina Florum: era la patrona de los alquimistas de los siglos XII y XIII, la que presidía las floraciones de la materia en su transformación. (En el vocabulario alquímico se decía “la flor del azufre”, como aún hoy decimos la flor de la harina: su consumación, su expresión con la mayor pureza.)
Para la iglesia Mariavita, María Reina de las Flores es la Gestora de los Imposibles, y la Patrona de la Naturaleza – conexiones que reviven tanto la alquimia como las creencias en torno a la Candelaria, cuyo culto tradicional fue extirpado por las jerarquías de la Iglesia romana en nuestro país.
Las machis y el obispo
Me pregunté cómo era posible que un obispo de una iglesia católica realizara estas actividades. Y se lo pregunté a él también. Me respondió desde su concepción de “catolicismo”, que es la de su Iglesia. Esta mantiene el nombre de católica, aunque el Fichero de Cultos no haya aceptado tal denominación, a pedido de la Romana y para evitar confusiones. Lo mantiene, porque retoma el sentido de “universal” que esa palabra connota. No porque aspire a dominar el mundo, sino porque pretende aceptar y reconocer las diversidades. Por ello, se nos dice, esta iglesia valora y explora los caminos con que distintos pueblos se aproximan al Misterio, a lo divino; y los incluye en su repertorio simbólico y en sus prácticas. Paleka ha estudiado la alquimia tanto como el chamanismo, para integrarlos en el corpus de su iglesia.
Este extraño obispo me transmitió una imagen de fuerza espiritual, consagración y apertura a la experiencia religiosa propia y ajena. No se parecía mucho en esto a la generalidad de los curas o dignatarios de la Iglesia Romana.
Me había dicho que la iglesia de la que es obispo era el resultado de una escisión no muy antigua de la católica romana, un intento de regresar a las fuentes, como lo pretenden todos los cismas. En este caso, recuperar algunos rasgos de la iglesia de las catacumbas, la unión fraterna, la unción, y el carisma de los primeros tiempos.
La historia de los Mariavitas
Después me puse a indagar y encontré algunos datos sugerentes.Los Mariavitas nacieron como grupo religioso en 1893; los fundó en Polonia la religiosa clarisa Francisca Kozlowzka, que acentuaba el culto de la Eucaristía y de la Virgen. El grupo no fue autorizado por la Iglesia Romana. Los obispos polacos lo expulsaron de ella en 1906.
La imitación de la vida de María (“Mariae Vitam Imitare”) constituía el programa de vida de la comunidad y de sus integrantes, y el centro de su culto. De allí el nombre de lo que se iba definiendo como una nueva Iglesia.
Este grupo de cristianos díscolos hacia la jerarquía romana, se acercó a otros disidentes, los llamados “Viejos Católicos”, grupos de curas y laicos que se apartaron de la Iglesia Romana a partir de 1870, porque no digerían el nuevo dogma de que el Papa era infalible. En 1909 los Mariavitas se incorporaron a la Unión de Utrecht, en la que se encontraban todas las iglesias separadas del catolicismo romano por ese u otros motivos de resistencia antijerárquica.
En las referencias de Internet aparecen dos datos inexactos: uno, que los Viejos Católicos están relacionados con el lefebvrismo. Al contrario, su apartamiento de la Santa Sede se debió a su vocación más horizontalista, diríamos más democrática o consejalista, sinodial. Por eso Pío X, destacado en la serie de papas reaccionarios del siglo pasado, los excomulgó sin ambages. El otro dato inexacto, que los Mariavitas son un desprendimiento de los VC. En realidad, existían desde años antes, y sólo por un tiempo permanecieron en este agrupamiento.
La sucesión apostólica y los Viejos Católicos
Una precisión interesante: los Viejos Católicos mantienen la llamada Sucesión Apostólica. Significa esto que sus obispos han sido ordenados por algún otro obispo que lo fue por otro obispo… y así, esta noria de consagraciones nos lleva supuestamente hasta uno de los Doce Apóstoles, los primeros obispos, que a su vez fueron instituidos por Jesucristo.Según la Iglesia romana, esta sucesión apostólica genera un efecto práctico: los sacramentos que administran estos obispos “separados” son válidos pese a la escisión. Válidas sus misas, consagraciones, matrimonios, extremaunciones, bautismos… Lo mismo sucede por ejemplo con la Iglesia de Inglaterra.
El cura y luego obispo Jan Kowalsky, uno de los fundadores de la comunidad, fue el primer obispo Mariavita. Lo consagró un obispo “válido” de los Viejos Católicos (Mons. Gul, de Utretcht). Kowalsky, a quien los fieles consideraban encarnación del Arcángel Miguel, fue muerto por los nazis en Dachau. Los curas y obispos cuyas consagraciones proceden de él, están insertos en la sucesión apostólica. Es el caso de Páleka.
No es pequeña entonces la cuestión que implican estos “cismáticos”, para quien piense conforme a la lógica del Papado y las jerarquías romanas. Este cisma hace aparecer una iglesia innovadora, sin una frondosa jerarquía ni compromisos con el poder, con una pronunciada espiritualidad y con dogmas más cercanos a la sensibilidad de los creyentes: realmente competitiva. Por supuesto cuando decimos “innovadora”, es desde el esquema temporal con que nos manejamos habitualmente; porque para los fieles Mariavitas, su iglesia es más bien “originaria” que nueva.
Quizás por estos rasgos competitivos, en los exabruptos de la jerarquía romana contra estos que denomina “hermanos separados”, hay muy poco de hermandad y mucho más de condenación. Y algunas inexactitudes.En 1924 los Viejos Católicos declararon a los Mariavitas fuera de su Unión; pero no por esto dejó de tener validez la sucesión apostólica que habían adquirido.
La causa de la separación fue la considerable importancia que los Mariavitas le venían asignando a María, Reina de las Flores y de la Vida, en su dogma y en su culto. Una mujer ocupa el centro de su universo simbólico; en ella se retoma la tradición de las grandes diosas y de las vírgenes sincréticas de los siglos XI a XIV. (Otra versión adjudica el disgusto de los Viejos Católicos con los Mariavitas, a que estos últimos aceptaban las relaciones entre varones y mujeres de su clero.)
Desde esta perspectiva, la aproximación de Paleka a las machis en estos tiempos y latitudes no era casual, mera cuestión de vecindad física, sino el resultado de una especial valoración del papel de las mujeres en la vida religiosa y en las liturgias que es parte central del mensaje de los Mariavitas.
¿El misterio está en el pene?
En su pulcro diálogo de sordos con Umberto Eco, el obispo católico Carlo María Martini trata de defender lo indefendible: la exclusión de las mujeres del sacerdocio. Arrinconado, Martini saca a relucir un último argumento: el sacerdocio de los varones es parte del misterio fundante de la Iglesia, dice.Uno se pregunta por qué el pene ha de ser más misterioso que la vagina. En distintos pueblos y religiones las mujeres han sido sacerdotisas, y a veces sólo a ellas se las consideró tocadas por la divinidad. La imagen de misterio más bien se puede asociar a lo vaginal – que por otra parte, es lugar de fecundación y alumbramiento.
(Continúa en el próximo artículo).
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