martes, 2 de septiembre de 2008

La iluminada y el inquisidor. La olvidada Angela Carranza.



La iluminada y el Inquisidor
Una destacada cordobesa del siglo XVII condenada a la desmemoria

(Si desea el texto extenso de este trabajo, puede solicitarlo en este blog)

Ilustración: Auto de Fe de 1699. Grabado limeño. En este auto fue expuesta Angela Carranza.

La construcción política del olvido argentino

La historia de nuestro país es pródiga en desmemorias. Razones de Estado, de género, de geografía política o de etnias –razones del poder, en fin- han construido el desconocimiento de figuras y momentos molestos para la “historia oficial”.
Si una pensadora, además de ser mujer fue oriunda del interior, reivindicó la santidad de un indio, criticó abusos del clero y se atrevió a opinar sobre los dogmas… entonces no cabía para ella otro destino que el ver sus escritos quemados, su pluma confiscada y su palabra borrada.
Esto le sucedió a la beata Ángela, nacida en Córdoba a comienzos de la década de 1640 con el apellido Carranza, y a quien sus adeptos de Lima reverenciaron con el nombre de Ángela de Dios. Su historia nos llega compendiada y narrada por sus poderosos adversarios; es en las exageraciones, en los clivajes y omisiones de este discurso dominante, donde hallamos material para arribar a otro relato.

Vida y milagros: Angela Carranza en Lima

Sabemos que en 1665 Ángela (con 25 años de edad) arribó a Lima, capital del Virreynato al que estas tierras pertenecían. Los cronistas dan a entender que venía de su Córdoba natal. Toda una aventura para una joven, ese viaje y esa radicación en la capital. En la propia Lima tomó los hábitos de agustina – algo que en su época y entre las beatas, no suponía profesar como monja.
Ángela se hizo notar por su piedad, sus visiones, su inclinación al razonamiento teológico y al debate de cuestiones eclesiásticas. Su principal acusador, el inquisidor Francisco de Valera, manifiesta que funcionarios y dignatarios destacados consideraban una distinción el trato con la iluminada: “Tuvo engañado al género humano en este reino, sin reservarse Virreyes, Arzobispos, Obispos y Prelados: hacía felices solo el comunicarla.”
Angela orientaba a los poderosos como a la gente común con sus consejos y visiones. La gente se disputaba sus reliquias, que – otra vez hacemos testimoniar a Valera – llegaron hasta Roma.
Mujer con acceso a Dios y consejera de hombres… para sus acusadores, Ángela era una mistificadora que Satán utilizaba para aumentar su cosecha de almas. Desde una mirada no oficialista, podría decirse que ella daba continuidad al intento de construir un cristianismo de y desde los débiles y las minorías. Y de desconstruir el catolicismo de Roma y la Inquisición. Franciscanos, sefardíes, moros conversos por la fuerza, mujeres, mestizos e indios, delinean el cristianismo de los conquistados, los dominados, los pobres y los débiles, los privados de voz.

Los alumbrados: el otro cristianismo "anarquista"

Los “alumbrados” con quienes se conecta a Ángela, no constituyeron una organización, un movimiento unificado. Sánchez Dragó describe brotes de grupos e individualidades en Castilla y Andalucía, con hiatos en el espacio e intervalos en el tiempo. Pero una y otra vez la aspiración es la misma: la vivencia directa de una relación con la divinidad, no gestionada por las jerarquías; la valoración del sentimiento más que del ritual; la fuerte relación afectiva con Cristo y su Madre. Ese movimiento sin estructuras ni instituciones, supone una religiosidad crítica frente al poder...hasta el punto de ser anarquista, de no proponerse a sí mismo como poder. No nació esta corriente en el siglo XVII, sino que hallamos representantes de ella ya en la Baja Edad Media: la magnífica obra de Margueritte Porette, orientadora de los Hermanos del Libre Espíritu, sentenciada y quemada en 1310; y la casi olvidada Bloemardinne de Bruselas.

Este “otro” espacio simbólico cristiano se diferencia también del dogma oficial porque considera que una mujer puede ser reflejo de Dios, devenir otro Cristo. Expresión máxima de esta valoración de las mujeres, los "guillermitas" de Milán, del siglo XIII, veneraron a la Santa Guillemette de Bohême como encarnación del Espíritu Santo. Los seguidores de esta creencia fueron exterminados por las hogueras de la Inquisición en el siglo XIV. La Iglesia pontifical ha pedido perdón por estos crímenes... es posible hacerlo, cuando ya sus víctimas, y los valores por los que vivieron, han caído en la desmemoria colectiva, por efecto de tan eficaz control social.

Ahora bien: quién califica, quién nombra. La Dra. Rocío Quispe Agnoli señala que mujeres como Ángela Carranza son desplazadas de una a otra etiqueta: de la virtud al vicio, de mujer santa a hereje, de beata a alumbrada. Al imponerles estos últimos nombres, Ángela y otras como ella pasan a ser mujeres peligrosas para el orden y el dogma.

Ese “otro cristianismo” no proscribe el disfrute de la sexualidad y del cuerpo. Se la culpa a Ángela Carranza por haber andado alguna vez semidesnuda y por mantener relaciones amorosas con hombres. Los clérigos de su tiempo veían en estas conductas otras tantas modalidades de rebeldía femenina. El cardenal Adriano de Utrecht en 1519 había ordenado procesar a la visionaria española Francisca Hernández porque “tiene los ojos demasiado alegres para ser beata”. Según el discurso dominante, una buena cristiana tenía que ser fea y aburrida.

Esas mujeres insumisas...

El problema con estas mujeres que rompían con los roles prescriptos, era el de aquella Mari Sánchez de 1579 a quien su cura párroco denunciaba porque “ni quería obedecer ni rreconoçia perlado, diziendo que á solo Dios se deuia la obediencia, y otros muchos errores”... Mari había subido al púlpito para rebatir los dichos del cura de su pueblo, “esa muger hija de un humilde ortolano y seguida por gente simple”.

Pero el colmo del escándalo era la escritura. Refiriéndose a Ángela nos lo dice una vez más el propio inquisidor Valera: “lo que más horrible fue era lo que ocultaba al pueblo y solo manifestado a sus confesores” ... “Esto es, sus copiosos escritos en materias teológicas; en quince años escribió quince libros, compuestos de quinientos y cuarenta y tres cuadernos, con más de siete mil y quinientas fojas, cuyo asunto principal, decía, se encaminaba a que por sus escritos había de declarar la Santa Sede Apostólica por de fe, el misterio de la Concepción purísima de Nuestra Señora, y que para este fin la había Dios elegido singularmente, constituyéndola maestra y doctora de los doctores.”
Y no sólo de la Concepción Purísima trataba Ángela en sus escritos. Allí registraba sus diálogos con el Señor – conversaciones tan confiadas, que Él llegó a decirle: “Con el amor que te tengo no reparo en nada”. Y sus críticas a la vida conventual, a la jerarquía eclesiástica, a la Inquisición, “cueva de ladrones”; al gobierno colonial “lleno de injusticias, codicias, tiranías y ventas de oficios”…

El pecado de la escritura no controlada

La Dra. Quispe Agnoli señala otro terreno en el que Angela Carranza se salió de los roles prescriptos a una mujer de su tiempo: el control de su escritura. “La escritura en la sociedad colonial hispanoamericana fue regulada de manera muy efectiva. Si una mujer escribía, eran hombres (confesores, padres, guías, jueces) los que evaluaban dicha escritura antes de que se hiciera pública y, si era necesario, la reescribían.” Pero “ Ángela revierte la jerarquía religiosa que inaugura la relación entre hombre confesor-guía espiritual y mujer confesada / guiada, al reclamar durante su juicio la propiedad intelectual de sus cuadernos. Además, como podemos observar en las palabras que la autora coloca en boca de Cristo, ella, y solo ella, es el medio de comunicación de la palabra divina. Ángela confronta la esperada humildad femenina, contradice las fórmulas retóricas de falsa modestia, y rompe el voto de obediencia a su confesor.”
¿Faltaba algo para que la cordobesa atrajera la persecución? Quizás esto: sostener, contra el criterio de las jerarquías eclesiásticas, que un indio fallecido en 1677 (Nicolás de Aillón), cuya esposa mestiza Jacinta de Montoya estaba fundando un “recogimiento”, se encontraba en el Paraíso. Allí lo había visto Angela, “gozando de la misma gloria que el rey David”.

Feroz captura, proceso y sentencia

El resto es fácil de imaginar. Una captura sorpresiva a la madrugada, por una calesa verde en la que Angela desapareció; un proceso que duró seis años, con prisión y tormento; 11.000 folios de atestados; un forzado pedido de perdón; y un auto de fe el 20 de diciembre de 1694. Los 543 cuadernos escritos por Ángela fueron quemados. Tajantes edictos del Tribunal de la Inquisición de Lima impusieron a todos los fieles la entrega de sus reliquias y obras. Y la prohibición fue especialmente drástica en lo referente a los escritos:

“sin que puedan /los fieles/ tenerlos, leer los originales, ni copiados ni traducidos en cualquier lengua que sean, ni venderlos, ni imprimirlos, ni rasgarlos, ni quemarlos, ni referir de memoria lo en ellos contenido, debajo de excomunión mayor, pena de quinientos pesos y otras a nuestro arbitrio, porque así conviene al servicio de Dios nuestro Señor y a la mayor exaltación de su fe, y lo contrario haciendo, procederemos contra los inobedientes y rebeldes como contra personas que sienten mal de las cosas de nuestra santa fe católica, apostólica y romana”. (Citado por José Toribio Medina).

Ángela Carranza fue sentenciada a cuatro años de encierro en un convento, a otros diez años de destierro, a la prohibición de hablar de sus experiencias y a la privación de papel, tinta y plumas “para que no escriba”. Hasta el momento no hemos hallado referencias suyas posteriores a 1694.

La Inquisición incesante. Valera, Sarmiento, Granada.

La Inquisición es una institución duradera. Quizás la más vital y presente entre nosotros, aunque sus denominaciones cambien de tanto en tanto. (No hace muchos hemos recordado la quema de un millón de libros en la Argentina de 1981). Ángela Carranza ha sido eficazmente olvidada casi hasta hoy. En su tierra natal poco se ha dicho o escrito sobre ella. La “política de la memoria” instala en el recuerdo colectivo a otras personalidades religiosas más sumisas al orden establecido, como la promocionada madre Tránsito Cabanillas.

Uno de nuestros pensadores ha dejado un retrato grotesco de Ángela. Es Domingo Faustino Sarmiento, que en sus “Recuerdos de Provincia” la sentenció a la caricatura. Y desde una visión racionalista, despreciativa de las creencias populares, el polígrafo Daniel Granada repitió los juicios del atrabiliario Valera y de Sarmiento.

Pero en el límite de lo narrable, allí donde la posibilidad de la memoria confronta con el olvido, está la presencia de Ángela Carranza y de otros que pensaron y sintieron sin someterse al dogma y al poder. Sus procesados y torturados confesores Ignacio Ijar, fray José de Prado y fray Agustín Román; el jesuita chileno Bernardo Sartolo, autor de un libro condenado sobre la vida de Aillón, y el confesor de este, fray Pedro de Ávila Tamayo, son candidatos a revistar en esa inconspicua cofradía. Y el milenarista Manuel Lacunza, con su también condenado libro que Manuel Belgrano hizo reeditar; y nuestro conmovedor Francisco Ramos Mexía, el estanciero amigo de los indios, iluminado y convertido por los escritos de Lacunza.

Sarmiento y Hegel, Marcelino Menéndez y Pelayo, Daniel Granada y el inquisidor Francisco Valera, quizás estarían de acuerdo en desdeñar estas trochas cegadas, marginales al camino real de la memoria sancionada desde el poder.

Pero acaso es momento de revisar hasta dónde nos ha llevado esa historia, dónde nos deja fijados esa memoria. ¿Tenemos hoy tantos motivos para aplaudir sus fastos y recuerdos?

En el ámbito de lo silenciado están las posibilidades de otras historias alternativas. Otros procesos, otros desarrollos, otros países y pueblos yugulados. De esas historias no se puede decir que no fueron: ni siquiera han tenido todavía la oportunidad de ser comenzadas.
(De “Historias del Olvido”.)

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Me parece interesante esta demonización tradicional de la mujer que se atreve a pensar, sentir y opinar por sí misma. Habría que seguir esa historia, viendo cuántas otras mujeres fueron escarnecidas por el mismo motivo.

Anónimo dijo...

Me parece sumamente enriquecedor el abordaje de la historia de nuestros pueblos desde las voces acalladas o anónimas, aquellas no oficiales, sólo así podremos encontrar y afirmar nuestras identidades como americanos. Parafrasenado del cancionero uruguayo que cantó Numa Moraes "la patria (la historia) te dijeron- y te dijeron mal-la Patria la de Artigas (San Martín, Bolívar, etc)- la vamos a encontrar".
Leamos las historias de Artemisa Gentileschi, Juana de Asbaje, sólo algunos ejemplos de rebeldía contra las normas vigentes, normas que sometían, discriminaban y destruían las posibilidades de llegar a desarrollar a una persona como tal, mujeres que lucharon contra un sistema que discriminaba y oprimía, sus vidas aunque acalladas por una "historia falta de memoria", son ejemplos hoy a valorar y revalorar.

Anónimo dijo...

Hola, me gustaría recibir el texto completo de este artículo. Desde ya muchas gracias.

Ramón Minieri dijo...

Estimada/o Anónimo/a Puede enviarme su dirección postal, para que le haga llegar un impreso... o bien una dirección de correo electrónico, para que le envíe un archivo más extenso. Gracias por su interés!

El correo a ramonmminieri@gmail.com

Ramón

Raúl Gómez dijo...

Qué tal Ramón, me gustaria recibir el texto completo. Mi correo es virgo_marte@hotmail.com

De antemano muchas gracias