jueves, 25 de junio de 2009

Juan Raúl Rithner y una efemérides del siglo XX / 2

Santa Cruz, 1921. Presos y esperando. Obreros rurales capturados por tropas de Varela.

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El tiempo no es uniforme


Una y otra vez, en este blog como en otros más apuntados a la crítica política y social, damos vuelta en torno a las concepciones del tiempo. Si el tiempo es lineal, sucesivo y con formato de tren, como lo quieren las concepciones ilustradas y positivistas, entonces el camino hacia una sociedad libre y justa pasa por la evolución, por el pasito a paso del reformismo, por la tarea de las hormiguitas prácticas.

Esa es una visión; no un postulado científico, sino un modo de pensar que luego encuadra los datos empíricos. Pero no la única. Otra visión es la que hemos llegado a entender como necesaria, si de comprender el tiempo se trata. Hay en el tiempo una dimensión de “kairos” (así lo denomina Immanuel Wallerstein). Instancias de irrupción, momentos transversales en los que aflora “otro” tiempo, otra realidad, otras leyes. Y en esas rupturas se revelan las potencialidades latentes en la historia y en lo cotidiano.


Las efemérides del "otro" tiempo


El tiempo disruptivo permite reconocer otras efemérides: tramos de realidad según las leyes de la utopía. En esta otra historia, rescataríamos como instancias de ese tiempo que irrumpe, el momento en que seis obreros ferroviarios de París se quitan sus gorras silenciosamente cuando ven por primera vez el "Guernica" de Picasso; la conmemoración de Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht en Leipzig en enero de 1989, con la que en verdad empieza la caída de los muros ; la creación de la República de San Vicente en la ciudad de Córdoba en 1932 ...


Febrero de 1922. Las putas de San Julián.

La lista es tan extensa como abigarrada. Pero venimos aludiendo a la enciclopedia patagónica, al nuevo vocabulario develado por artistas y pensadores como Juan Raúl Rithner. Y queremos pedirle prestadas a este autor las palabras con que narra uno de estos momentos de kairos: la negativa de las putas del Puerto San Julián, el 17 de febrero de 1922. Ese día se negaron a recibir a los soldados del teniente coronel Héctor Benigno Varela, a quienes consideraron asesinos de la peor especie. Putas más inteligentes y humanas que unos cuantos historiadores y políticos que hasta hoy justifican la matanza.

Así presenta el episodio Juan Raúl, en las páginas 37 y 38 de “El Maruchito”:

VARELA: (El actor que fue Ciudadano y Contador, representa al Teniente Coronel Benigno Varela quien se dirige a uno de sus suboficiales). Les voy a dar el premio que se merecen mis muchachos… La Patria no les puede exigir tanto. Casi un año hace que no se miden como hombres y que no huelen otro olor que no sea a sangre, a pólvora y a huevos… Así que se me va a La Catalana ahora mismo, y me arregla todo con la Paulina Rovira para que sus pupilas me atiendan a los soldados. Que me los compensen con todos los servicios, ¡todos! por tanto sacrificio de andar por estas tierras de mierda matando a esos perros chilotes y anarquistas…

PAULINA: (Sentada con la cabeza de su hija reclinada en su falda, la acaricia y cuenta lo ocurrido. Todo ocurre en otro plano, rodeado de una intimista luz de otra dimensión temporal). Cinco eran, m’hija… Cinco ¡y las cinco se negaron! Por supuesto que me sentí tan feliz cuando me plantearon su huelga. No sé si su huelga… Creo que fue su batalla. Imaginate que éramos la última escoria… Lo más despreciable éramos, pero nos dimos el gusto de pegarles adonde más le duele a un hombre. Para ellos no habría servicio. No hacíamos el amor con los animales.

VARELA: ¡Es un insulto a la Patria! Es una agachada para los uniformes del orden y de la seguridad nacional! Se me van todos para allá ¡y entran sin permiso, carajo! ¡Con las armas en la mano se me meten a La Catalana y se sacan las ganas!

PAULINA: Cinco eran, m’hija. Cinco vulgares mujeres públicas. La Ángela que había sido modista y tendría unos treinta años, la Amalia Rodríguez que era la más jovencita y que fue la primera en agarrar la escoba y sacarlos afuera como lo que eran… ¡Asesinos! ¡Vulgares asesinos que mataban a sus hermanos simplemente porque se lo mandaban los milicos con más galones! Cinco eran, y los pudieron a todos. Bueno, sí… Seis, m’hija… Sí, seis… Yo también los saqué arando del prostíbulo… Me acuerdo que la gallega María estaba como ciega de bronca y les pegó por cada uno de sus hermanos españoles fusilados simplemente porque reclamaban una vida digna y un salario más justo… La Consuelo no se quedó atrás… ¡Y la gringa Maud! ¡Si la vieras, m’hija! Si la hubieras visto a la inglesa – Maud Foster se llamaba-; parecía más criolla que todas nosotras… Tuvieron que irse con las ganas, esos soldados asesinos… Con las ganas, y con la vergüenza de saber que teníamos razón… 17 de octubre de 1922: ¡Le ganamos una batalla a los represores! Varela nos hizo llevar detenidas y nos tomaron declaraciones y nos hicieron sumario, ¡pero no pudieron hacernos abrir de piernas para ellos! En memoria de tantos compañeros fusilados ¡no nos abrimos de piernas! Por tanta sangre, por tanto crimen y tanta injusticia, ¡no nos abrimos de piernas para ellos!



Gracias, Juan Raúl .


(Para ampliar la información y revisar los conceptos sobre este episodio, les sugiero un trabajo de Claudia Elisabet Sastre.)


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martes, 2 de junio de 2009

Música y camino. El tango orre, el poder y el control (1)


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El camino y las músicas

El camino hacia vos mismo - cómo se llama, esa ruta sin número, sin carteles, sin mapa anterior al propio andar… Digámosle camino de individuación, o camino de identidad; siempre y cuando tengas presente que no hay tal cosa como “identidad”, sino tu continuo ir y venir entre identificaciones. Identificaciones sucesivas, contradictorias, pendulares. Al que anda lo caracteriza tan sólo el andar mismo. Su nombre no puede ser sustantivo, sino sólo el adjetivo de un NN: transeúnte. El que pasa a través. Ningún sí mismo le es llegada.

Ese camino pasa por ciertas palabras, ciertos lugares; en ellas, en ellos es donde tomas fuerza. Vas acumulando elementos de quizás utilidad futura pero ignorada; como el joven de aquel cuento que por instrucción de su sapiente compañero acopia en su mochila cosas tan dispares como unas alas de cisne, unas varas de mimbre, un sable…

El camino pasa por ciertas músicas, que aparecen en el momento preciso en que debían ser encontradas y escuchadas. Si acaso antes las habías oído, o si volverán después, no lo percibís. Estaban allí en ese exacto momento; allí se dio una cópula entre tu necesidad de decir y esa música, y basta.

Folklore de los '60, tango de los '20/30

Viajero hacia Simurgh, también yo, como cualquiera, he cruzado varios valles de músicas. Después de una primera adolescencia entre los clásicos y algo de jazz, pasé por el folklore de los ‘60, con su carga de paisaje, de historia de los pobres, de rebeliones y de poesía desatada. Y en algún momento de la treintena (de mi treintena) me encontré con los tangos reos. Los deliberadamente reos, que nacieron así por elección y no por naturaleza.

Para mi comodidad, hice una clasificación personal de esos tangos. Me pareció que fueron compuestos y reproducidos con más frecuencia hasta los comienzos de la década de 1930. Y en el conjunto de lo orre, diferencié los tangos sarcásticos por un lado, de aquellos amargos y protestones por otro, que más bien se compusieron entre 1927 y 1933, hasta que alguien o algo apagó la luz.

Dentro de este subgénero que transité, no incluyo a las composiciones de Discepolín, que dan tela para una larga discusión ideológica.

Orre, burlón, crítico y amargo

Los tangos reos y amargos por donde pasé en viaje hacia mí mismo, hacia mi pueblo y hacia mi tiempo, se llamaban Aquaforte (1931) (aquí por Cristóbal Repetto, poesía de la miseria y la explotación,


Un viejo rico que gasta su dinero
emborrachando a Lulu con su champán,
hoy le nego el aumento a un pobre obrero
que le pidio un pedazo más de pan.

y Al pie de la Santa Cruz (1933), con su letra original,

Declaran la huelga,
hay hambre en las casas,
es mucho el trabajo y poco el jornal;
y en ese entrevero de lucha sangrienta,
se venga de un hombre la Ley Patronal.

En el mismo tango, el reclamo a Dios que formula el padre del obrero preso y confinado:

Qué mal te hicimos nosotros
pa' darnos tanto dolor.

(La letra censurada ejemplifica la cirugía castratoria).

Y también Barrio pobre (1929) (aquí cantado por Luis Cardei), y Ventanita de arrabal (1927), esta vez cantado por Carlos Morel, y La Violeta, por Carlitos Gardel, y Dios te salve m’hijo por el impecable Agustín Magaldi que aconseja

no haga caso a los discursos
del Dotor ni del patrón.


Escucharlos era otro modo de apropiarme de la historia social de mi país, como había sucedido también con la música folklórica. En esta vertiente, lo que encontraba era la historia de los pobres de la gran ciudad rioplatense, matizada con momentos de la vida de la campaña bonaerense.

Una corriente cultural, una música que está en la cresta de su propia ola, llama a las cosas por su nombre. Y por eso tiene un sentido revolucionario. O al menos, revulsivo.

Es una operación doble. La poesía en su clímax despoja a las cosas de sus falsos nombres, sin ira pero sin concesión a lo usual. Y clava en ellas los nombres verdaderos. Porque en poesía, como quizás en nada más, no da lo mismo una palabra que otra.

Me cuesta decidir si esta denudación de los nombres verdaderos es más o menos revolucionaria o revulsiva que el contrafilo de estos tangos: la ironía feroz. Ironía en tangos como Seguí mi consejo de 1929 (por Alberto Golán), Justo el 31, de 1930 (por Julio Sosa ) La mina del Ford de 1924 (por Dragontesa) , Packard, Garufa de 1927 (aquí por Agustín Irusta).

Cuántas canciones tangueras de esa etapa son ejemplos de saludable tratamiento corrosivo aplicado sobre los buenos modales corrientes. Quizás se trata de lo mismo: una denudación, sólo que en este caso dirigida hacia las costumbres, aplicada a la costra de las hipocresías sociales que disfrazan la verdad de la lucha de clases, de la dominación, de la miseria más o menos disimulada con más o menos elegancia.

Las letras de estos tangos y milongas llegaban lejos. Diría que a partir de la escritura circulaban para transformarse en literatura oral. He escuchado versos sueltos de algunas de esas letras en boca de gente de pueblo, utilizados con toda pertinencia para referirse al carnero en la huelga, al simulador, al agrandado... Conocí personas casi iletradas, pero cultas depositarias de un enorme acervo de poesía crítica. Les habían llegado estos tangos, por influencia de algún viejo o de algún cantor.

Hasta que alguien apaga la luz, dije. Un régimen que impone la censura e impide que esas letras lleguen a la radio si no son previamente castradas. El asesinato de un artista. Las listas negras. La promoción de un arte domesticado y conveniente que no fastidia a nadie, que si llega a ladrar alguna vez, nunca muerde (Rimoldi Fraga o Jackson Pollock). Hasta que se logra un arte capón sin víscera utópica.

En la Argentina esta cirugía se ha aplicado con el tango y el folklore, entre los años 30-40 y en los 75-80 del siglo pasado, respectivamente. En el caso del tango, desaparecieron sus especímenes de inclinación crítica social, y quedó en pie como variedad predominante el subgénero caracterizado por el individualismo y el sufrimiento romántico.

Pero volvamos al ámbito de lo orre. Porque un tango de esa especie quiero compartir con ustedes, en el tramo siguiente.
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Se viene la maroma. El tango Orre, 2.

Una foto de 1932: los generales-presidentes J.F. Uriburu y A.P. Justo.
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Manuel Romero


Manuel Romero (1891 – 1954) fue letrista de tangos, dramaturgo (parece que escribió más de 180 obras), cronista, cineasta (que dirigió a Nini Marshall, Tito Lusiardo, Luis Sandrini, Narciso Ibáñez Menta)… en fin, artista múltiple, hábil para llegar a un público multiplicado por las nuevas formas de difusión y reproducción técnica: el biógrafo, el gramófono.

Producía continuamente, de tal modo que siempre había en el mercado algo reciente hecho por él. Corría el riesgo de repetirse más visiblemente que otros, claro. Su tango “Gabino”, por ejemplo, nos dice lo mismo que el célebre “Tiempos Viejos” (te acordás hermano…): que hubo una edad heroica de hombres sin engominar que no consumían cocaína.

Romero fue uno de los conocidos de Gardel, a quien le dio letra más de una vez. Escribió letras de tango y milonga exitosas, populares hasta hoy, y que siempre incluyen un atisbo de observación social: Aquel tapado de armiño, Nubes de humo, Tomo y obligo, Que quéres con ese loro, Patotero sentimental, La muchacha del circo, la antológica Haragán, cuyos dichos expresados por Carlitos se han incorporado al lenguaje cotidiano, Guapo y varón… El suyo era el enciclopedismo de un género en ascenso, que se le anima a todos los temas, para recrear el universo desde su punto de visión. .

Y... Se viene la maroma!


Suya es esta letra menos conocida, escrita en 1932:

SE VIENE LA MAROMA
Letra de Manuel Romero y Mario Batistella
Música de Enrique Delfino música


Cachorro de bacán,
andá achicando el tren;
los ricos hoy están
al borde del sartén.

El vento del cobán,
el auto y la mansión,
bien pronto rajarán
por un escotillón.

Parece que está lista y ha rumbiao
la bronca comunista pa' este lao;
tendrás que laburar pa' morfar...
¡Lo que te van a gozar!

Pedazo de haragán,
bacán sin profesión;
bien pronto te verán
chivudo y sin colchón.

¡Ya está! ¡Llegó!¡No hay más que hablar!
Se viene la maroma sovietista.
Los orres ya están hartos de morfar salame y pan
y hoy quieren morfar ostras con sauternes y champán.

Aquí ni Dios se va a piantar
el día del reparto a la romana
y hasta tendrás que entregar a tu hermana
para la comunidad...

Y vos que amarrocás
vintén sobre vintén,
la plata que ganás
robando en tu almacén.

Y vos que la gozás
y hacés el parisién,
y sólo te tragás
el morfi de otros cien...

¡Pa' todos habrá goma, no hay cuidao...!
Se viene la maroma pa' este lao:
el pato empezará a dominar...
¡cómo lo vamo' a gozar!

Pedazo de haragán,
bacán sin profesión;
bien pronto te verán
mangando pa'l buyón.

¡Ya está! ¡Llegó!¡No hay más que hablar!
Se viene la maroma sovietista.
Los orres ya están hartos de morfar salame y pan
y hoy quieren morfar ostras con sauternes y champán.

Aquí ni Dios se va a piantar
el día del reparto a la romana
y hasta tendrás que entregar a tu hermana
para la comunidad...

Me gusta la versión de este tema que hacen Dahd Sfeir y Rubén Yáñez en su disco “Mano a mano”.


El año 1932 y este tango "posmo"

En 1932, año de nacimiento de Se viene la maroma, el general golpista Uriburu le pasaba el mando a otro militar, no menos golpista pero ungido en comicios fraudulentos, el General Justo. Del nacionalista al liberal, por la fuerza de las armas, como de Lonardi a Aramburu, del Onganía de Salimei al de Krieger Vasena, etcétera.

Es un tango posmoderno, porque en él todo suena a entrecomillado, por y para la ironía. Es una cita burlesca al argumento de aquellos militares y sus orientadores garcas, que sostenían la necesidad de detener el “peligro rojo” que llegaba hasta la Argentina. El sovietismo. Frente a la amenaza disolvente, se alzaba el patriotismo de un Anchorena, un Duhau, un Pinedo, dedicados a balear gremialistas, contratar carneros, cerrar periódicos y perseguir opositores y hasta asesinar a algún senador en el sacro recinto de las leyes, si cabía.
Pero también parece una cita, un entrecomillado, el modo apocalíptico de presentar al “sovietismo”. Quizás porque el que habla en el tango se regodea exagerando los trazos tremendistas, buscando asustar más al burgués. O bien es otro nivel de burla a la oligarquía, que hábilmente le vende este estereotipo de amenaza roja a la pequeña burguesía…

Hasta dónde llegar con el comentario, sin que este empañe el texto mismo... Como quiera que sea, rescato de este tango el abordaje descarnado de la diferenciación social: sauternes y champán vs. salame y pan; el bacán sin profesión vs. el laburante que no gana ni para comer decentemente….


Historias y músicas recuperadas

El título de este tango revelador ha sido retomado en nuestros días por un grupo under del rock platense, que ha querido llamarse “Se viene la maroma.”

Como las empresas recuperadas, hay historias y músicas recuperadas.

Ante ellas, uno siente que el camino de cada quien hacia sí mismo se enlaza de manera inextricable con el camino de un pueblo mutilado, también hacia su propia constitución, a través de múltiples identificaciones.

Libros


Dos libros me ayudaron con este tema:

Ricardo Horvath. Esos malditos tangos. Ed. Biblos col. Latitud Sur 2005. Introd.. de Norberto Galasso.

José Gobello: Conversando tangos. Buenos Aires: A. Peña Lillo Editor, 1976.

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viernes, 22 de mayo de 2009

Obispas, Machis, Duendes. Páleka y la Iglesia Mariavita. 1.



Foto: el obispo Mariavita Claudio Antonio Páleka.


(Tanta alharaca con el Código Da Vinci… y todo eso ya estaba en Río Negro).


Un operativo romano de destrucción de la competencia.


Claudio Páleka, obispo, y su no-Museo


Conocí a Claudio Páleka, obispo de la Iglesia Católica Mariavita en la Argentina, en 1994. Yo estaba trabajando en alguna oficina pública de Viedma, y él (un tipo alto, de frondosa barba oscura y modales afables, como un vital pope griego) apareció de visita allí. Venía desde la región andina, y traía una carpeta.

Cuando abrió esa carpeta, brotaron de los textos y las fotos la maravilla y el misterio. Páleka quería contar cómo era “su museo”, que no era museo ni tampoco suyo. Formado en antropología social, había encontrado la manera de generar una experiencia intercultural extraordinaria.

Él mantenía relaciones cordiales, de respeto y mutua comprensión, con una comunidad mapuche de aquella región. Durante el verano, las machi le prestaban algunos de los elementos de su culto, por un mes y medio o dos. Y este hombre organizaba un trayecto místico, un recorrido ascendente en un cerro cercano a Bariloche. En cada una de las estaciones del itinerario, bajo un baldaquino o en un pequeño toldo, uno podía abismarse en la contemplación y sentir la fuerza de algunos de esos objetos. Piedras, plumas, kultrunes, fajas u cántaros de uso ritual, ponchos, grecas, cestos, vibraban silenciosamente en las sucesivas ambientaciones.

¿Cómo llamar a esto? Me parece irreverente decir “muestra”. Lo que fuere, había sido titulado “Patagonia Mística”.

Páleka me explicó: de ese modo, las personas que no pertenecían al pueblo mapuche podían acceder a una experiencia de participación en su mundo sagrado, sin que mediaran demasiadas palabras o conceptos. Pude estar después en el lugar; la vivencia era de verdad “liminar”: uno sentía que estaba trasponiendo un umbral, percibía algo más que lo visible. Y el abordaje era llamativamente respetuoso.

Terminado el tiempo del préstamo, él devolvía los objetos a las machi. Me comentó que también se interesaba por aprender de ellas. Se consideraba un aprendiz de la religión y la cosmovisión mapuche.

Un nombre por él mencionado me llamó la atención. El lugar de prédica y encuentro que dirigía en Mallín Ahogado (una zona de El Bolsón) se llamaba “Misión María Reina de las Flores”. Recordé la antigua advocación Regina Florum: era la patrona de los alquimistas de los siglos XII y XIII, la que presidía las floraciones de la materia en su transformación. (En el vocabulario alquímico se decía “la flor del azufre”, como aún hoy decimos la flor de la harina: su consumación, su expresión con la mayor pureza.)

Para la iglesia Mariavita, María Reina de las Flores es la Gestora de los Imposibles, y la Patrona de la Naturaleza – conexiones que reviven tanto la alquimia como las creencias en torno a la Candelaria, cuyo culto tradicional fue extirpado por las jerarquías de la Iglesia romana en nuestro país.

Las machis y el obispo

Me pregunté cómo era posible que un obispo de una iglesia católica realizara estas actividades. Y se lo pregunté a él también. Me respondió desde su concepción de “catolicismo”, que es la de su Iglesia. Esta mantiene el nombre de católica, aunque el Fichero de Cultos no haya aceptado tal denominación, a pedido de la Romana y para evitar confusiones. Lo mantiene, porque retoma el sentido de “universal” que esa palabra connota. No porque aspire a dominar el mundo, sino porque pretende aceptar y reconocer las diversidades. Por ello, se nos dice, esta iglesia valora y explora los caminos con que distintos pueblos se aproximan al Misterio, a lo divino; y los incluye en su repertorio simbólico y en sus prácticas. Paleka ha estudiado la alquimia tanto como el chamanismo, para integrarlos en el corpus de su iglesia.

Este extraño obispo me transmitió una imagen de fuerza espiritual, consagración y apertura a la experiencia religiosa propia y ajena. No se parecía mucho en esto a la generalidad de los curas o dignatarios de la Iglesia Romana.

Me había dicho que la iglesia de la que es obispo era el resultado de una escisión no muy antigua de la católica romana, un intento de regresar a las fuentes, como lo pretenden todos los cismas. En este caso, recuperar algunos rasgos de la iglesia de las catacumbas, la unión fraterna, la unción, y el carisma de los primeros tiempos.

La historia de los Mariavitas

Después me puse a indagar y encontré algunos datos sugerentes.Los Mariavitas nacieron como grupo religioso en 1893; los fundó en Polonia la religiosa clarisa Francisca Kozlowzka, que acentuaba el culto de la Eucaristía y de la Virgen. El grupo no fue autorizado por la Iglesia Romana. Los obispos polacos lo expulsaron de ella en 1906.

La imitación de la vida de María (“Mariae Vitam Imitare”) constituía el programa de vida de la comunidad y de sus integrantes, y el centro de su culto. De allí el nombre de lo que se iba definiendo como una nueva Iglesia.

Este grupo de cristianos díscolos hacia la jerarquía romana, se acercó a otros disidentes, los llamados “Viejos Católicos”, grupos de curas y laicos que se apartaron de la Iglesia Romana a partir de 1870, porque no digerían el nuevo dogma de que el Papa era infalible. En 1909 los Mariavitas se incorporaron a la Unión de Utrecht, en la que se encontraban todas las iglesias separadas del catolicismo romano por ese u otros motivos de resistencia antijerárquica.

En las referencias de Internet aparecen dos datos inexactos: uno, que los Viejos Católicos están relacionados con el lefebvrismo. Al contrario, su apartamiento de la Santa Sede se debió a su vocación más horizontalista, diríamos más democrática o consejalista, sinodial. Por eso Pío X, destacado en la serie de papas reaccionarios del siglo pasado, los excomulgó sin ambages. El otro dato inexacto, que los Mariavitas son un desprendimiento de los VC. En realidad, existían desde años antes, y sólo por un tiempo permanecieron en este agrupamiento.

La sucesión apostólica y los Viejos Católicos

Una precisión interesante: los Viejos Católicos mantienen la llamada Sucesión Apostólica. Significa esto que sus obispos han sido ordenados por algún otro obispo que lo fue por otro obispo… y así, esta noria de consagraciones nos lleva supuestamente hasta uno de los Doce Apóstoles, los primeros obispos, que a su vez fueron instituidos por Jesucristo.Según la Iglesia romana, esta sucesión apostólica genera un efecto práctico: los sacramentos que administran estos obispos “separados” son válidos pese a la escisión. Válidas sus misas, consagraciones, matrimonios, extremaunciones, bautismos… Lo mismo sucede por ejemplo con la Iglesia de Inglaterra.

El cura y luego obispo Jan Kowalsky, uno de los fundadores de la comunidad, fue el primer obispo Mariavita. Lo consagró un obispo “válido” de los Viejos Católicos (Mons. Gul, de Utretcht). Kowalsky, a quien los fieles consideraban encarnación del Arcángel Miguel, fue muerto por los nazis en Dachau. Los curas y obispos cuyas consagraciones proceden de él, están insertos en la sucesión apostólica. Es el caso de Páleka.

No es pequeña entonces la cuestión que implican estos “cismáticos”, para quien piense conforme a la lógica del Papado y las jerarquías romanas. Este cisma hace aparecer una iglesia innovadora, sin una frondosa jerarquía ni compromisos con el poder, con una pronunciada espiritualidad y con dogmas más cercanos a la sensibilidad de los creyentes: realmente competitiva. Por supuesto cuando decimos “innovadora”, es desde el esquema temporal con que nos manejamos habitualmente; porque para los fieles Mariavitas, su iglesia es más bien “originaria” que nueva.

Quizás por estos rasgos competitivos, en los exabruptos de la jerarquía romana contra estos que denomina “hermanos separados”, hay muy poco de hermandad y mucho más de condenación. Y algunas inexactitudes.En 1924 los Viejos Católicos declararon a los Mariavitas fuera de su Unión; pero no por esto dejó de tener validez la sucesión apostólica que habían adquirido.

La causa de la separación fue la considerable importancia que los Mariavitas le venían asignando a María, Reina de las Flores y de la Vida, en su dogma y en su culto. Una mujer ocupa el centro de su universo simbólico; en ella se retoma la tradición de las grandes diosas y de las vírgenes sincréticas de los siglos XI a XIV. (Otra versión adjudica el disgusto de los Viejos Católicos con los Mariavitas, a que estos últimos aceptaban las relaciones entre varones y mujeres de su clero.)
Desde esta perspectiva, la aproximación de Paleka a las machis en estos tiempos y latitudes no era casual, mera cuestión de vecindad física, sino el resultado de una especial valoración del papel de las mujeres en la vida religiosa y en las liturgias que es parte central del mensaje de los Mariavitas.

¿El misterio está en el pene?

En su pulcro diálogo de sordos con Umberto Eco, el obispo católico Carlo María Martini trata de defender lo indefendible: la exclusión de las mujeres del sacerdocio. Arrinconado, Martini saca a relucir un último argumento: el sacerdocio de los varones es parte del misterio fundante de la Iglesia, dice.Uno se pregunta por qué el pene ha de ser más misterioso que la vagina. En distintos pueblos y religiones las mujeres han sido sacerdotisas, y a veces sólo a ellas se las consideró tocadas por la divinidad. La imagen de misterio más bien se puede asociar a lo vaginal – que por otra parte, es lugar de fecundación y alumbramiento.

(Continúa en el próximo artículo).
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miércoles, 13 de mayo de 2009

Guerra, gripe, pobreza. Katherine Anne Porter y la escritura de la desolación.


Katherine Anne Porter. Cuentista, novelista, periodista, militante (1890-1980).
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Las noticias de enfermedad, miedo y muerte en las provincias centrales del Imperio de estos días me hicieron sentir contemporáneo de Katherine Anne Porter.

He vuelto a un libro suyo que me ganó de entrada la sede del amor y de la angustia. Amor por los seres débiles que somos, angustia por el entorno civilizado de amenaza. El libro es una colección de relatos suya, Pálido caballo, pálido jinete. Por lo que alcanzo a saber del resto de su obra, está impregnada de mayor pesimismo que esta.

Puesto a buscar datos biográficos de esta magnífica mujer de letras y de militancia social, me sorprendió la púdica mentira, por acción y omisión, de la solapa de su libro editado por Espasa Calpe y Destino. Allí se indica que “creció en una vieja familia católica” (no es cierto)… y en cuanto a su vida luego de haber crecido, tan sólo que residió en París. Unas cuantas biografías en español que encuentro en la red repiten el mohín.

Ningún relato es del todo certero, pero trataremos brevemente de hacer justicia a los padeceres y logros de Katherine.

Nació en Tejas, la crió su abuela (de la que tomó el nombre) porque quedó huérfana de madre a los dos años; fue a la escuela metodista. Se casó y divorció cuatro veces. La primera, con un ranchero tejano borrachín y golpeador, que la tiró escaleras abajo y le rompió una pierna. En ese "ámbito familiar" de casada fue que se convirtió al catolicismo, del que luego abjuró, para volver a profesarlo en sus últimos años de vida. “He perdido hijos de todas las maneras posibles” dijo ella misma. Estuvo en París, sí. Pero estuvo en el México de Pancho Villa y de Diego Rivera, como militante de una revolución que luego la decepcionó. Y también luchó contra la ejecución de Sacco y Vanzetti.

Rota la solapa mojigata, vamos a una muestra de su escritura. Para situarla, una breve información. Entre 1915 y 1918 Katherine (que se había escapado del ranchero bruto y vivía en Chicago), fue una famélica extra de cine, estuvo meses y meses internada en un hospital por un erróneo diagnóstico de tuberculosis que resultó ser bronquitis; luego contrajo una temible influenza, quedó pelada y cuando volvió a tener cabello, era blanco. Tenía 28 años de edad, y había vivido ya mucho. Como el Fedor Dostoievsky que pasó el momento del fusilamiento, decidió que sería escritora.

Pálido caballo, pálido jinete se conecta con esas experiencias de vida de Katherine Ann Porter. La epidemia de gripe, la euforia de la propaganda belicista (en momentos en que los vendedores presionan al pobrerío para que les compre Bonos de la Guerra, amenazando con marcar al remiso, para su desprestigio social), la miseria de la civilización en la que una joven intenta simplemente ser, simplemente ser, pero no hay lugar, aparecen en este escrito. A modo de muestra reducida, transcribo unas pocas páginas en el inserto siguiente.

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Guerra, gripe, pobreza. Katherine Anne Porter y la escritura de la desolación, 2.

Foto: Marcha de voluntarios y reclutados para la Guerra en USA, 1917.
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Compartamos dos páginas de Pálido caballo, pálido jinete (publicado en 1934, y que motivó el inmediato reconocimiento de Porter como una gran escritora):

Miranda y Adam, su recién conocido enamorado, van juntos al teatro. Miren los detalles, por ejemplo esa bandera. Y escuchen el discurso del vendedor de bonos, de guerra.

“Cuando el telón se levantó para el tercer acto, el tercer acto no tuvo lugar enseguida. Apareció un telón de fondo casi cubierto con una bandera norteamericana expuesta de manera inadecuada, clavada en las esquinas superiores, recogida en el medio y clavada otra vez formando pliegues polvorientos. Ante ella posaba un vendedor local de un dólar al año, ahora haciendo su papel de vendedor de Bonos de Guerra. Era un hombre corriente de mediana edad, con un pequeño melón abotonado dentro de los pantalones y el chaleco, una boca apretada y terca, una cara y una figura donde no se podía leer nada, salvo la inepta crónica sensual de un tipo de cincuenta años.” …

- “Parece un pingüino, dijo Adam.-

Ambos se movieron, se sonrieron. Miranda reclamó su mano, Adam tomó la suya y se prepararon a soportar hasta el final el viejo y mohoso discurso con el mismo y polvoriento telón de fondo. Miranda trató de no escuchar, pero oyó. Esos viles hunos… en el glorioso bosque de Belleau… nuestra palabra clave es Sacrificio… la martirizada Bélgica… dar hasta que duela… nuestros pobres muchachos …” /…/


”-Me duele la cabeza, susurró Miranda. Oh, por qué no se callará? –

- No se callará, murmuró Adam. Si quieres, te traigo una aspirina.”

/…/ Atrocidades, criaturas inocentes ensartadas en las bayonetas alemanas… vuestro hijo y mi hijo… la guerra, la GUERRA terminará con la guerra; es la guerra por la democracia, la guerra por la humanidad” /…/ y para demostrar nuestra fe en la democracia compremos Bonos de Guerra y prescindamos del azúcar y de los calcetines de lana” /…/ Miranda se dijo ¿Has mencionado a Adam? ¿Qué me dices de Adam, cerdo asqueroso? /…/ Carbón, petróleo, hierro, oro, finanzas internacionales, por qué no nos hablas de todo eso, pequeño mentiroso?” Luego todo el público canta una canción patriótica. Y Miranda junto con Adam cantan también, “sonriéndose abochornados”.

Los dos jóvenes salen del teatro y conversan durante su paseo por la calle. Adam se refiere con desdén a ese hombrecito que no serviría para ir al combate, como sí lo hará él, el propio Adam.

“-¿Qué puedes esperar de él, Miranda?-

Ella pronunciaba el nombre de Adam a menudo y él rara vez pronunciaba el suyo. La pequeña sacudida de placer que le proporcionó el sonido de su nombre en la boca de él detuvo su respuesta. Por un momento titubeó, y luego empezó desde otro punto de ataque.

- Adam – dijo – lo peor de la guerra es el miedo y la sospecha y la espantosa expresión que hay en todos los ojos que encuentras… como si hubiesen bajado las persianas sobre sus mentes y sus corazones y te vigilasen desde detrás de ellas, listos para saltar si haces un gesto o dices una palabra que no entienden instantáneamente. Me asusta; vivo atemorizada también, y nadie debería vivir atemorizado. Es el emboscarse y el mentir. Es lo que la guerra le hace a la mente y al corazón, Adam, y no puedes separarlos, lo que les hace es peor que lo que puede hacerle al cuerpo.
Adam dijo sobriamente después de un momento:

- Oh, sí, pero supón que uno vuelve entero. La mente y el corazón a veces tienen una segunda oportunidad, pero si algo le sucede a la pobre y vieja estructura humana, bueno, entonces mala suerte, eso es todo.

- Oh, sí – parodió Miranda – Entonces mala suerte, eso es todo.

- Si no fuese – dijo Adam en tono desapasionado – no podría mirarme a la cara a mí mismo.
Así que estaba completamente resuelto. Con los dedos aplastados contra su brazo, Miranda se quedó silenciosa, pensando en Adam. No, no había ningún resentimiento ni rebeldía en él. Puro, pensó, hasta el fondo, impecable, completo, como debe ser el cordero del sacrificio.”


La velada termina en una cafetería.

“Adam con la cara vuelta hacia la calle, pero mirando hacia abajo. Era una cara extraordinaria, tersa, hermosa y dorada bajo la luz sucia, pero ahora fija en una melancolía ciega, una expresión de ansiedad y desesperación doloridas. Durante una fracción de segundo vislumbró a Adam cuando fuera más viejo, la cara del hombre que no viviría para llegar a ser.”…

Como dijera Gustav Mahler al interpretar por primera vez el final de “El Canto de la Tierra”: después de escuchar esto, ¿no sentirán ganas de suicidarse? O de ponerse a putear.

Hagas lo que hagas, quizás podamos estar de acuerdo en que este último párrafo, y aquel primero sobre la bandera y el vendedor de bonos, están entre lo mejor que uno tiene leído, no? Para quien no ha hecho amistad con la escritura de Katherine Anne Porter, le aseguro que hay mucho más, tan sólo en ese libro de relatos. Sin hablar de su novela “La nave de los locos”… quede para otra vez.
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domingo, 10 de mayo de 2009

Las lecciones de los pájaros. Una lectura de W.H.Hudson.


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Un consagrado estereotipo pretende asociar a las y los poetas con las flores, las estrellas y los pajaritos.

Tiene su razón de ser. Se nos quiere vincular nada menos que con tres de las criaturas más fuertes del cosmos y de esta tierra: con las estrellas, que viven sólo un día hasta consumirse; con las flores, sexualidad feroz y desatada del imperio vegetal, verdadero dueño de la tierra, que ha sabido adoptar modales de quietud y disimulo; y con los pájaros, los seres del aire y de la libertad. Todo eso de que tanto carecemos y a lo que tanto nos negamos los humanos. Los pájaros, esas aves sin utilidad para la economía, que nos enseñan a negarnos a todo lo que sea más chico que el cielo y la tierra.

William Henry Hudson

Hudson supo convivir sin estridencias con la pobreza, sin perder la libertad ni dedicarse a otra cosa que lo que amaba desde muchacho: el estudio de la naturaleza. Su admirador Richard Curle nos lo describe, ya en su edad madura, pasando días en la observación de sus amadas aves, “que para él no eran especímenes, porque todo lo que se pareciera a coleccionarlas le resultaba abominable”, sino “criaturas del aire, las más perfectas y libres en la propia esencia de la creación”. Así consideradas, son la poética de lo existente.

En “Aves del Plata”, una y otra vez las observaciones de Hudson, atentas al acontecer concretísimo y menudo, tienen sin embargo un relumbrón de enseñanza secreta. Transcribiré algunas.

La reunión vespertina de las tijeretas

“Las tijeretas no son aves gregarias; sin embargo, una vez al día, justamente antes de que se ponga el sol, todas las que viven en proximidad suben a las puntas de los árboles, y se llaman unas a otras con fuertes y excitados chirridos. Luego vuelan arriba, como cohetes, hasta una gran altura en el aire; después, tras remolinear por unos pocos momentos, se precipitan abajo con la mayor violencia, abriendo y cerrando sus colas durante ese salvaje vuelo en zigzag, y profiriendo una serie de notas agudas y chirriantes. Tras esta curiosa función, se separan en parejas, y cada una de ellas se posa sobre la punta de un árbol, desde donde prorrumpen en un traqueteante son de castañuelas, tras lo cual los compañeros se separan.”

Utilidad de las telarañas

“Los materiales del nido del churrinche se juntan casi todos sobre los árboles; son líquenes, telarañas, y vilanos. Los líquenes, sujetados firmemente por las telarañas, y dispuestos para mayor suavidad con las puntas hacia fuera, dan al nido el color de la corteza sobre la que está construido. A veces el nido se acolcha con plumas, pero más generalmente con vilanos”…

Para padres, los churrinches

“En fecha tan temprana como el fin de Enero, y tan pronto como los jóvenes de la segunda camada anual son capaces de alimentarse por sí solos, los adultos desaparecen. Su partida no es gradual; se desvanecen al mismo tiempo. La partida de otras especies migratorias tiene lugar tras un cambio muy notorio de la temperatura; pero a fin de Enero el calor es implacable – aún mayor que durante Diciembre. Recién a fines de Abril, tres meses después de la desaparición de los pájaros adultos, los jóvenes llevan a cabo su partida. Este es uno de los hechos más extraños que he encontrado en las migraciones de los pájaros. El frío otoñal y el tiempo parecen ser la causa inmediata de la despedida de los pájaros jóvenes; pero en los adultos, la migración parece ser un instinto bastante independiente del cambio atmosférico.”

Calandrias, canto creativo y cautiverio

“Tan variadas son sus melodías, y con tanta frecuencia sugieren el lenguaje de otras especies, que el oyente se pregunta continuamente si la Calandria es realmente un cantor original o un avezado plagiario, capaz de robar jirones de cincuenta melodías distintas y mezclarlos de algún modo en una composición completa. Como conjunto, el canto es de un carácter marcadamente distinto del de cualesquiera otros pájaros (exceptuando por supuesto los de su género, Mimus), porque las mismas melodías nunca se repiten dos veces en el mismo orden; y aunque la Calandria tiene muchas melodías favoritas, puede variarla a cada una en un centenar de modos. A veces el canto en su conjunto parece estar hecho con imitaciones de otros cantores, con ligeras variaciones – y no sólo de cantores, porque aquí y allá se oirán claras notas de flauta, que serán sucedidas por otras tan urgentes y quejosas como los llamados hambrientos de los pichones de gorrión; y luego habrá unos bellos floreos de frases de zorzal, y luego gritos, como los de una golondrina aterrorizada corriendo por el cielo para anunciar la cercanía de un halcón; o quizás chillidos lastimeros como los de un pollo en las garras de un milano.” …

“Se cree generalmente que la Calandria no vive en cautiverio. Yo he visto, sin embargo, unos pocos ejemplares enjaulados, pero nunca cantaban.”

(Sabemos que siempre que le era posible, Hudson abría las jaulas de las aves en cautiverio).

Las golondrinas y las casitas en el campo

“Aunque como ha observado Azara, la golondrina no va mucho a las ciudades, es muy doméstica. No hay una casa en las pampas, por humilde que sea, que no tenga algunos de estos pájaros dando vueltas en torno suyo, rozando deportivamente la cumbrera, o espiando con curiosidad bajo los aleros, y pronunciando de modo incesante sus melodías gorgeantes y felices.”

Comer callado y alarmarse por si acaso. Los mistos.

“Mientras la bandada de mistos se está alimentando, se dispersa sobre una extensa área de terreno, dividida en compañías de una docena de pájaros o pocos más, y en esos momentos están tan atentos a su alimento, que una persona puede pasar caminando entre ellos sin perturbarlos. Luego alzan vuelo muy súbitamente, rompiendo en mil notas chirriantes y enojadas, se persiguen unos a otros en el aire, y tras dar vueltas en redondo sobre el campo durante algunos momentos, se posan repentinamente sobre el pasto de nuevo, y se quedan silenciosos como antes.”

Los horneros y sus construcciones

“Los Horneros comienzan a construir sus nidos en los días buenos de otoño, y el trabajo se retoma durante el invierno, cada vez que hay una ráfaga de tiempo suave y húmedo.”…”La estructura es tan fuerte, que permanece intacta durante dos o tres años.” Pero luego de la puesta, la eclosión y la cría, “las aves dejan el nido; los pájaros adultos y los jóvenes todavía viven juntos durante dos o tres meses. Se construye un nuevo nido cada año.”

El leñatero, constructor por vocación

“El nido del Añumbí es de unos dos pies de profundidad, y de diez a doce pulgadas de diámetro, y descansa en posición oblicua contra las ramas. La entrada está en la punta superior, y un pasillo retorcido o en espiral lleva a la extremidad inferior, donde está la sala de crianza; acolchada con lana y césped suave, en ella se ponen cinco huevos que varían considerablemente en su forma, siendo algunos más puntudos que otros.

Por ser el nido tan seguro, sólido y cómodo, es muy codiciado por otras especies de pájaros que quieren criar en él. Cuando se lo priva de su nido, el leñatero inmediatamente se pone a construir otro. Pero a menudo, sin haber sido ahuyentado del primero, comienza a construir uno nuevo, demoliendo con frecuencia el primero, para usar los materiales.”

El tero y su terruño

“Es regla que esta especie se aparea de por vida, y que permanece siempre en el rincón del mundo donde fue criada. Pueden perseguirlas con armas de fuego, sacarles sus huevos año tras año, hasta dar vuelta la tierra con el arado; aún así, se rehusarán a irse. Defiende su territorio manteniéndose en guerra perpetua contra la mayor parte de los seres animados, y tiene como objetos especiales de su aborrecimiento a los hombres, los perros, las Rheas, y las aves de presa en general. Su grito agudo y su temperamento belicoso han sido observados por la mayoría de los naturalistas.”

La tentación de las alturas. El chajá.

“Es un ave muy pesada, y le da trabajo levantar vuelo con sus ruidosas alas. Pero ama planear, y se levanta en una extensa espiral hasta que casi desaparece de la vista en el cenit, aún en un día luminoso. Dado su gran tamaño y su color oscuro, es dable deducir entonces que alcanza una gran altura. En los días soleados y sin viento, sobre todo en invierno y primavera, a menudo se pasan las horas en estos sublimes ejercicios aéreos, flotando lentamente giro y giro en vastos círculos, y cantando a intervalos. Cómo un ave tan pesada y con alas comparativamente cortas puede sostenerse en el aire durante períodos tan extensos en el aire menos denso al que ha arribado, todavía no se pudo explicar.”

El extraño dúo de la pareja de chajás

“Su voz es muy poderosa. … En ocasiones se entregan a una suerte de función de canto en la que participan macho y hembra juntos, lo que produce un efecto de armonía. Comienza el macho; luego la hembra hace su parte; y luego, con espíritu y fuerza maravillosas, derraman un torrente de sonidos extrañamente contrastantes; algunos que parecen trombones por su profundidad y volumen, y una especie de golpes de tambor, y otros largos, claros y tintineantes. Es el sonido animal más fuerte en las pampas, y su carácter marcial y jubiloso afecta fuertemente la mente, en medio de esa melancolía silvestre y silenciosa.”

“Cantan todo el año, a todas horas, sea en el suelo o mientras planean; cuando están en pareja cantan invariablemente juntos, y cuando están en bandadas lo hacen en concierto. A la noche se los oye alrededor de las nueve, y de nuevo antes del amanecer. Pero no es inusual escucharlos a cualquier otra hora.”



Aves solitarias que tienen que reunirse al atardecer, para un vuelo juntas y una conversación… Telarañas que hacen habitable el nido de un gran cantor… Padres que les dejan todo el espacio a sus hijos y se retiran… El mejor cantor del mundo, que se niega a cantar estando en cautiverio... La más viajera de todos, que elige estar siempre cerca de una casita en el campo… Los que gritan, por si acaso, en un momento de su comida… Los mejores constructores, que prefieren renovar sus casas perfectas cada año, o hasta más de una vez en el año… Un combatiente que no deja su lugar de origen por más que lo ataquen… Un ave supuestamente torpe que se eleva a enormes alturas para planear, por el placer de hacerlo… Una pareja que es toda una orquesta… Aves que cantan porque les gusta cantar…

Invito a cada una, a cada uno, a cada dos, a cada muchos, a encontrar su alegoría de aprendizaje en los pájaros. Seguramente hallarás una lección que te está esperando.

martes, 28 de abril de 2009

El Emperador de la Atlántida. La muerte abdica.

Viktor Ullmann (1898-1944)

La historia trata del poder y la muerte.

Sobre la Atlántida rige el belicoso Emperador Total – así se llama, sin más nombre que su ambicioso título. Aparece en escena Arlequín, precisamente él que es celebrante de la alegría del vivir, para contarnos la tristeza de ese país sin poesía y sin amor:


"En este mundo empobrecido, ¿qué otra opción nos queda que vender nuestra alma en la feria del pueblo? ¿Alguien quiere comprarla? Lo que queremos todos es deshacernos de nosotros mismos. Irnos allí donde los cuatro vientos nos tomen y nos lleven."

Ahora bien, en semejante lugar, donde la vida no es propiamente vida, ¿qué podría matar la Muerte? Ella se siente tan frustrada como Arlequín. El Pregonero pretende reclutarla para que sirva al Emperador, pero ella lo rechaza:

No me interesa marcar el paso con los carros de guerra motorizados de Total, que son una burla del viejo arte del morir.

El Pregonero vuelve entonces con un nuevo decreto del Emperador: declara la guerra de todos contra todos, hasta que no queden sobrevivientes; hombres, mujeres y niños deberán armarse en esta guerra total.

Pero la Muerte se indigna ante esta intrusión prepotente en su tarea: “es mi oficio llevarme las almas de los humanos, y no el suyo.” Entonces, rompe su sable y se declara en huelga.

Al Emperador le llega la noticia de que de sus hombres no mueren a pesar de las más graves heridas. “Ellos están luchando con la vida… hacen todo lo posible para morir.” Entonces, dispone que se realice una campaña de propaganda para proclamar que él ha logrado la vida eterna para sus súbditos. Pero en realidad está despavorido. ¿Tiene sentido su dominación, si no puede adjudicar la muerte?

"Muerte, ¿dónde está tu aguijón? Infierno, dónde está tu victoria?" canta el Emperador.

En este país de la guerra total, una muchacha se enfrenta con un soldado. Cuando ambos comprueban que no pueden matarse en la lucha, se enamoran. Y es inútil que el Pregonero del Emperador quiera incitarlos a pelear de nuevo, describiéndoles los deleites de la guerra que todo lo unificará. La muchacha lo rechaza diciendo

“Sólo el amor puede unirnos, unirnos a todos.”

Los dominios del Emperador se despedazan. Por todas partes se producen rebeliones contra este estado, este limbo de no vida y no muerte. El Emperador Total cae en un estado de locura, y entonces Arlequín aparece para recordarle el tiempo de inocencia de su infancia.


Cuando va a mirarse en el espejo, el Emperador ve allí el rostro de la Muerte. Ella se le presenta cantando: “Soy como el Jardinero, que desarraiga las plantas mustias, los hombres ya desechados por la vida.” Y le propone un acuerdo al déspota: “Yo estoy dispuesta a hacer la paz, si tú aceptas hacer un sacrificio. Ser el primero que pruebe esta renovada muerte.”


El Emperador Total acepta el acuerdo, y “entonces volvió a tenderse la piedad de la muerte sobre la gente sufriente.”

El último canto coral que escuchamos es una loa y un pedido: “Enséñanos a guardar la más sagrada de las leyes: no usen el gran nombre de la Muerte en vano, nunca más.”

La ópera se llama El Emperador de la Atlántida – La Muerte abdica. Fue escrita por el músico Víktor Ullmann y el poeta Petr Kien en el campo/ghetto de Theresienstadt, en el verano de 1943. Tras varias modificaciones al libreto (destinadas a tranquilizar a los referentes culturales judíos del campo) se llevó a cabo un ensayo allí en setiembre de 1944. Ante lo que consideraron una alusión crítica a Hitler, las autoridades nazis prohibieron que volviera a ser puesta en escena. Poco después, los músicos, el elenco, Ullmann, Kien y sus familiares fueron trasladados a Auschwitz , donde se les dio muerte. Para entonces Ullmann tenía 46 años de edad.

Sobrevivieron algunos de los cantantes, y la partitura de El Emperador de la Atlántida. El estreno formal de la ópera recién se produciría en Ámsterdam en 1975, y en 1995 se la repuso en el campo donde fue creada. Ha sido presentada también en Alemania, Austria, Suecia, Canadá, Estados Unidos, y por la Ópera de Cámara del Colón; pero no en Israel, según las noticias que encuentro.

Antes de ser internado en Theresienstadt, Ullmann, alumno de Schönberg, excelente pianista y compositor, había tenido que soportar el alejamiento de dos de sus hijos pequeños hacia los Estados Unidos, adonde los llevaron para salvarles la vida, y la pérdida de sus padres. En los campos murieron otros dos de sus hijos.

Aunque consideraban que la suya era una música degenerada, como todo lo compuesto después de Wagner, los nazis autorizaban su actividad, junto a la de otros artistas, como “entretenimiento”. Y servía para reforzar el simulacro que era Theresienstadt, presentado como una “colonia judía creada por el Führer”, cuyos habitantes supuestamente vivían en inmejorables condiciones. Se los exhibía a las delegaciones internacionales, y se filmó allí una película propagandística del régimen.

Hasta el momento de su deportación, Ullmann llevaba compuestos 41 opus. Muchas de estas obras se perdieron durante la ocupación alemana de Praga. Por el contrario, y paradójicamente, sólo está perdida una de las veinte composiciones que realizó en el campo.

Prisionero y en medio de privaciones, Viktor Ullmann encontró ocasión para crecer en su arte. Así lo explicaba él:

“Theresienstadt ha sido y es para mí una escuela que me enseña la estructura. Antes, cuando no experimentaba la crueldad debido al “confort” (esa magia de la civilización), era fácil crear una forma bella. En cambio aquí lo artístico tiene que luchar y probarse contra la estructura cotidiana, cada gota de inspiración está en contra del entorno; es aquí donde uno encuentra la maestría, donde se entiende a Schiller: la sustancia tiene que ser consumida por la forma. Esta es la tarea de la humanidad; no sólo de la humanidad en lo estético, también de la humanidad en lo ético. He compuesto mucha música en Theresienstadt, la mayor parte a pedido de pianistas, cantantes y directores, para las actividades de recreación del Gheto. Sería fastidioso enumerarlas, como lo sería decir que en Theresienstadt es imposible tocar un piano porque no lo hay. Y tampoco las generaciones futuras se preocuparán mayormente porque ahora carezcamos de papel para música. Sólo destacaré que aquí he florecido en mi crecimiento musical y que no me siento inhibido para ello. Simplemente no nos hemos sentado a orillas del río de Babilonia para lamentar que nuestro deseo de cultura no fuera equiparable a nuestro deseo de existir. Y estoy convencido de que todos los que hayan trabajado en su vida y en el arte para hallar contentamiento en su forma incesante dirán que tuve razón.” (Goethe and Ghetto, 1944).



La experiencia vital y artística de Víktor Ullmann, me lleva a preguntas que están en el límite de lo entendible. Lo mismo me sucede con la historia de El Emperador de la Atlántida. Tan sólo trataré de formularlas; quizás ni eso consiga.


¿Será cierto que la dominación total sólo puede ser doblegada por la abstinencia de la muerte? Y si es así, ¿por qué? ¿qué hay en el poder, qué hay en la muerte, que llevan a esa capitulación del Imperio Total?
¿Será que para determinada concepción, el Poder supone la atribución de dar muerte, y si se le quita esta atribución deja de tener sentido? Así lo señalaba Elias Canetti.

¿Será cierto que el arte verdadero, la verdadera creación, se da del modo más exaltado en las víctimas? ¿O es que acaso quien vive en el ghetto o en el campo tratará siempre de convencerse de que allí pudo crecer y crear más que si hubiera estado fuera de él?

¿Estamos en la Atlántida? ¿Se venden almas en la feria?
¿Está reinando el Emperador Total?

¿Theresienstadt, y todos los otros Theresienstadt que han sido, son cosa del pasado?

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miércoles, 15 de abril de 2009

Arturo Jauretche, poesía y combate. 1.

Arturo Jauretche.

No es raro que en nuestras sufridas y esquilmadas repúblicas los poetas se decidan a combatir no sólo con la palabra. Roque Dalton, Ernesto Cardenal, Paco Urondo, dan fe de esta fe en la palabra, que es esperanza en los hombres, y que suscita la caridad de las armas. Y antes tuvimos a José Hernández, a Hilario Ascasubi, enastando en la poesía de un arma la bandera de su patria y de su pueblo… y a cuántos más.

A caballo entre dos épocas, Arturo Jauretche peleó en una patriada; y escribió un poema gauchesco, para disputar en el campo de las memorias lo que no se había podido ganar en el campo de los aceros. Ambas, patriada y poema gauchesco, fueron últimas obras en su género.

Uno podría sentarse a conversar y discutir con Arturo Jauretche. Hacerle muchas preguntas, como las que le hicimos en Bahía Blanca dos días antes de su muerte, sobre sus opciones políticas. Pero más allá de todas las preguntas, quedaría una respuesta incólume: la de una vida jugada a la causa popular, aún a riesgo de equivocarse.

En 1933 era presidente de la Nación el general Agustín P. Justo, heredero del golpe militar contra Hipólito Yrigoyen, y electo en comicios escandalosamente fraudulentos. Muerto Yrigoyen, había quedado al frente del radicalismo Marcelo T. de Alvear. Con los años se iría acentuando la vocación negociadora de este radicalismo oficial, que terminaría aliado a los conservadores y sucio en los negociados de la época.

Los radicales yrigoyenistas intransigentes buscaban deponer a un régimen asentado en el fraude y en una vasta red de corrupción, en cómoda alianza con el capital británico. Querían encarar la tarea libertaria y justiciera que no asumía la izquierda argentina. Cegado el camino de las instituciones, optan por la revolución armada. Lo hacen en varias oportunidades, y son derrotados.

El intento más amplio y comprometido se lleva a cabo a fines de 1933. Hay episodios de sublevación en Concordia, Rosario, Cañada de Gómez, y especialmente en Paso de los Libres y Santo Tomé (Corrientes).

En Paso de los Libres peleó Jauretche, a sus 32 años de edad. Lideraba el movimiento el coronel Bosch. ¿Cuántos fueron los combatientes? Quizás dos centenares. Confiaban en que la sorpresa y el éxito inicial servirían para convocar a más personas que estaban esperando una señal de recuperación nacional. Creían en la vieja receta yrigoyenista: unos cuantos civiles armados, algún militar rebelde, unos cuantos fusiles y revólveres, y luego vendría el seguro apoyo de un pueblo que estaba callado pero simpatizaba con “la Causa”. Pero aunque en un primer momento lograron ocupar ambas localidades, fueron luego cruelmente reprimidos por el Ejército. Como novedad, por primera vez se usaron aviones – para matar compatriotas.

Los rebeldes padecieron la muerte de 53 camaradas. De los sobrevivientes, algunos fueron al exilio y otros a la cárcel. Entre estos Jauretche, que estando en prisión hace la crónica en verso de la patriada. Acude a una forma fácil de memorizar y comprender: el octosílabo en estrofas de seis versos (a veces alternadas con cuartetas u octavillas), como en el Martín Fierro.

La obra se llamó “El Paso de los Libres” y fue prologada por Jorge Luis Borges.

Comparto con los amigos del Simurgh algunos párrafos de Borges y versos de Jauretche.

Decía Borges en noviembre de 1934:

"En la patriada actual está descontado el fracaso: un fracaso amargado por la irrisión. Sus hombres corren el albur de la muerte, de una muerte que será decretada insignificante. La muerte, siéndolo todo, es nada: también los amenazan el destierro, la escasez, la caricatura y el régimen carcelario. Afrontarlos, demanda un coraje particular. /…/

La tradición, que para muchos es una traba, ha sido un instrumento venturoso para Jauretche. Le ha permitido realizar obra viva, obra que el tiempo cuidará de no preterir, obra que merecerá – yo lo creo – la amistad de las guitarras y de los hombres".


Arturo Jauretche pone en boca de Barrientos, un paisano payador, su relato. Y Barrientos nos habla del imperativo de pelear por lo que es justo:

Yo soy hombre de trabajo
y muy tranquilo en la paz,
pero estimo el deber más
que la paz que a mí me gusta:
por eso a una causa justa
no le he fallado jamás.


Desde esta opción por la lucha, cuestiona los excesos de la prudencia:

Un “no” que quiere ser “sí”
pero lo sujeta el miedo;
“no” que nace del enriedo
del gusto con la impotencia.
Es un poncho “la esperencia”
con que se tapa el “no puedo”.


Seguimos con "El Paso de los Libres" en la segunda parte de este artículo.

Arturo Jauretche, poesía y combate. 2.


Proclama inicial de FORJA formada por Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y su grupo en 1935.



Seguimos transcribiendo algunos versos de “El Paso de los Libres” de Arturo Jauretche, la última crónica en verso gauchesco de la última patriada tradicional.

Avanzando en la obra, el payador expone los malos hábitos que ha traído el elenco gobernante instalado por el golpe del general Uriburu aquel infausto 6 de setiembre de 1930:

Y muchas mañas trajeron
los que Setiembre nos trajo;
ni todas yo las barajo
en este mazo de dichos;
sólo una falta a esos bichos:
darse maña pa’l trabajo.


El cambio de un general a otro, de Uriburu a Justo, no fue para mejor:

Y el país cambió de mano
pero no alivió sus lutos,
pues este es un gaucho astuto
si gaucho malo era el otro:
y yo aprendí con los potros
a preferir los más brutos.


Las vestales que criticaban al yrigoyenismo por ser populachero, silencian el escándalo del fraude electoral:

Protestaban qu’el sufragio
no estaba bastante abierto,
y recién se ha descubierto
que buscaban otro asunto:
era el “Sufragio e’difuntos”:
¡Por eso votan los muertos!

¿Estamos pobres porque la crisis vino de afuera?

Ellos dicen que la culpa
de todo la tiene Europa.
Si eso ya estaba en la copa,
¿pa qué volcaron el frasco?
Hemos hecho la del vasco:
augarse y salvar la ropa.


So pretexto de la crisis, el trabajador ve perderse sus derechos:

El que trabajo consigue,
no sabe cuánto ni cómo;
calladito agacha el lomo
p’aviarse con un mendrugo:
pa que les saquen el jugo
se han hecho el pobre y el pomo.


La prosperidad del capital extranjero y las privatizaciones:

Petróleo, yerba, tranvías,
todo entra en sus arganas;
dicen que al pueblo las nanas
le curan por este medio.
Si el doctor toma el remedio,
el enfermo, ¿cómo sana? …

Esos negocios los hacen
con capital extranjero;
ellos son los aparceros
y aunque administran la estancia,
casi toda la ganancia
la llevan los forasteros.


Frente a esto, el revolucionario siente la indisoluble compañía de los sueños y los dolores:

Tomo el hilo de esa punta
y al desatar la madeja
verán que siempre con quejas
andan los sueños en yunta.

El programa de reconstrucción nacional se asienta en valores indiscutibles:

Hasta que un día el paisano
acabe con este infierno
y haciendo suyo el gobierno
con sólo esta ley se rija:
es pa'todos la cobija
o es pa'todos el invierno.

Luego de las peripecias padecidas en Brasil y en el clandestino paso a la Argentina, se produce el desigual combate de Paso de los Libres. Allí la muerte es poco, y la derrota puede ser el camino a la victoria:

En cambio murió Ramón
jugando a risa la herida:
siendo grande la ocasión
lo de menos es la vida. /…/

Otros que triunfen vendrán
aunque esta cruzada aborte;
como bien dice el refrán
“no hay tiento que no se corte.”


Hay ensañamiento en el castigo a los vencidos:

pues en los días primeros
hubo una orden de arriba,
de no tomar prisioneros,
y no cayó gente viva. /…/

Los vi desde mi escondite
despenar a los caídos
y traicionar el convite
que se hizo a los rendidos /…/

Los versos finales esconden una pregunta; se la dejo a los lectores.

Quedo solo en el galpón
con el viejo de los chistes
como canario al alpiste
siempre prendido al porrón.

Y en el recuerdo que pasa
me pregunto si mi raza
como ese fuego agoniza
¡o si está ardiendo la brasa
y hay que soplar la ceniza!

El próximo 25 de mayo se conmemoran los 35 años del fallecimiento de Arturo Jauretche. Que sea brasa, y que soplemos la ceniza.

martes, 7 de abril de 2009

Albañiles de música

Salina del Bajo del Gualicho, foto de Marcos Zimmermann.

Quise compartir con los amigos de este blog un párrafo de la novela “Diccionario Jázaro” de Milorad Pavic. Creo que al leerlo se siente la música de la sal; y el canto del viento en un lugar como el gran salitral del Gualicho. El texto es uno de los artículos del segundo diccionario de los tres que componen la novela, el llamado “Libro Verde. Fuentes islámicas sobre la cuestión jázara” y dice así:

Albañil de música. Entre los jázaros había albañiles que tallaban enormes bloques de sal y los colocaban en la ruta de los vientos. Sobre la ruta de cada uno de los cuarenta vientos jázaros (de los cuales una mitad era salada y la otra dulce) se construía un grupo de rocas saladas y cada año, cuando llegaba el período en que los vientos se renuevan, la gente se reunía en esos lugares para decidir qué albañil había compuesto la canción más bella. De hecho, los vientos en contacto con aquellas rocas, al pasar entre ellos o al peinar las aristas, tocaban cada vez una canción distinta, hasta que los bloques de sal junto con los albañiles se diluían para siempre lavados por las lluvias, azotados por las miradas de los transeúntes y lamidos por las lenguas de los carneros y bueyes.


(Me quedo pensando en los artistas y en sus obras.)

domingo, 5 de abril de 2009

Agua de Fuego, por Robert Gurney. (Evocamos a Omar Carrasco.)


Por estos días, con cierta liviandad, se habló de restablecer el servicio militar obligatorio en Argentina. La mayoría de quienes lo auspiciaban no lo habían padecido. Muchos recordamos entonces a Omar Carrasco, y su padecimiento y muerte en marzo de 1994, por no adecuarse a los "códigos" de la virulencia y el despotismo. Ese episodio fue la gota de agua que rebasó el vaso y llevó a la supresión de la “colimba”. Ello a pesar de que el entonces Presidente de la Nación, interrogado sobre el crimen, lo minimizó diciendo "Son cosas que pasan".

Con un regalo que me honra, Bob Gurney, el poeta patagónico residente en Inglaterra, evoca un lugar de memoria.


Agua de fuego

A Ramón Minieri



No he visto

la tumba de Omar Carrasco

en Cutral Có.



En medio del cementerio

hay un cúmulo de colores.



Son las flores

que lleva la gente.



Son flores plásticas.

Las naturales

casi no existen

en Cutral Có.



No he visto la tumba

de Omar Carrasco.



Un amigo me la describió.


Robert Gurney, 3 de abril de 2009.

jueves, 2 de abril de 2009

Cosquín, 1. Antes del comienzo: indios, tuberculosos y picapedreros.

¿Por qué Cosquín?


La abeja sabe cosas que el elefante ignora”.
(Proverbio árabe).


Pero, ¿qué cosas sabía Cosquín, ese pueblito, como para iniciar en 1961 el Festival Nacional de Folklore y mantenerlo con vida hasta hoy, cuando renace tras tanta agonía?

En enero de 1961 un grupo de corajudos acompañado por buena parte del pueblo cortó la ruta que pasaba por el pueblo serrano de Cosquín; allí empezaron a construir un escenario de ladrillos y cemento, mientras enviaban invitaciones para un festival de folklore. En ese momento Cosquín parecía apenas un pueblito más, entre tantos otros de las sierras. Tenía unos 5.000 habitantes (hoy superan los 30.000), una sola calle asfaltada, y un casco urbano edificado de unas 70 manzanas. Entre las muchas casitas de familia, se destacaban algunos caserones de los años ‘20. Había dos bancos, quizás cien líneas telefónicas... y un paisaje de serranías verdes y boscajes que se contemplan en un claro río con playas suaves.

La fiesta fue un éxito, por la cantidad de delegaciones y espectadores, y por su repercusión indirecta en toda la Argentina. En cuanto a los espectadores: eran más bien participantes - se diría “premodernos”, no los oyentes pasivos de la modernidad. Es que en la música folklórica, nacida en las mezclas culturales del siglo XVII, siempre se juega el cuerpo; bien lo sabían los jerarcas de la Iglesia católica, que en tiempos de la colonia fulminaron una prohibición de bailar la zamacueca, por licenciosa.

Los coscoínos habían elegido el momento mejor del año: el cálido enero, cuando más turistas recorren el valle de Punilla hacia sus lugares de vacaciones. Cosquín está en el medio de esa corriente y no lejos de Córdoba, la poblada capital provincial.

Así el Festival inició su asombroso desarrollo. Cortando la ruta, y haciendo frente a una historia inmediata que parecía jugarle completamente en contra. Era un doble corte, en los caminos del espacio y del tiempo.

Un hormiguero en las calles

La ciudad venía siendo un hormiguero cultural ya antes de los 60. Los testigos recuerdan el desarrollo de la expresión cultural popular, el florecimiento de tablados callejeros, algunos bordeando la céntrica calle San Martín. Otra vez surge la pregunta: ¿por qué, cómo se dio eso allí?


Pueblo indio y frontera interna

Una mirada a la historia de Cosquín y su comarca acaso brinde pistas para entenderlo. Vamos por orden de antigüedad: Cosquín nació como pueblo indígena antes de la ocupación europea. Una sugestiva tradición local, aunque desmentida por lingüistas, insiste en que el nombre significa “pequeño Cuzco” (por su parecido con la capital incaica, y porque también se lo percibió como “ombligo” de un espacio real y simbólico).



La comunidad indígena con rasgos quichuas persistió hasta fines del siglo XIX.

Otro rasgo de Cosquín, compartido con su región, es su posición de frontera. Pueblo “rayano”, se diría en el interior. En lo cultural y en la historia política, el valle de Punilla es como una falla geológica, de roce entre dos placas tectónicas: área de difracción, de cruce entre las influencias cosmopolitas que vienen de la costa atlántica y las fuerzas sociales y culturales del interior y del país andino. En materia musical, encontramos hoy una fuerte presencia del tango y del rock, con instituciones y encuentros propios, junto a la música y el arte folclóricos. En el primer tercio del siglo XIX, en la región se dirimió el conflicto entre un proyecto nacional centrado en el interior tradicional y otro cosmopolita innovador. Estamos pues, en una zona rica en diversidades, encuentros y mezclas.





Tuberculosos, bohemios, izquierdistas

Por un lado, el estigma de la tuberculosis. A partir de la fundación de los primeros sanatorios en 1900 en Santa María de Punilla, miles de enfermos pasaron por la zona. Una vida calma, la higiene del entorno y el sol abundante los ayudaban a curarse. La ruta principal desde la capital provincial hacia el Oeste trazada en 1914 sin pasar por Cosquín; esto limitó las opciones de la zona y reforzó su asociación con el mal pulmonar. El “estigma” posaba sobre el territorio una “mancha” simbólica desproporcionada con el real malestar. Pero significó la radicación de intelectuales y artistas, enfermos o sus familiares, en la región. Venían de Buenos Aires y la costa y permanecían aquí luego de curados, pues el regreso y la subsiguiente recaída hubieran sido letales.

Por otra parte, algo tienen que ver los adoquines con el Festival. Porque cuando la recién capitalizada Buenos Aires empezó a ser embellecida con fondos nacionales, Cosquín proveyó los adoquines para su empedrado, iniciado ya antes, en 1870. Esta actividad atrajo a picapedreros del país y del extranjero, de ideas socialistas y anarquistas, promotores de la educación y la cultura popular. Ellos apoyaron la fundación en 1923 de la Biblioteca Popular, un pujante centro cultural.

Los enfermos de Buenos Aires, los adoquines para Buenos Aires… En este cruce de influencias, exportaciones y residuos, se iba definiendo Cosquín, en la frontera interior del país.






Un pueblo de teatreros, titereros y guitarreros.

Entre 1920 y 1940, sobre el suelo de estas mezclas brotaron múltiples iniciativas culturales: un grupo de teatro amateur, dos círculos juveniles de conferencias y discusiones, un tablado popular, un Instituto de Conferencias... algo inigualado en Punilla. En 1943 nace el Retablo del Alma Encantada, teatro de títeres con artistas porteños y locales donde se practicaban efectos de luz y sonido, se llevaban obras a los pueblos de la sierra y se presentaban clásicos del teatro universal. Del retablo nació luego un “Teatro Experimental” que presentó obras de Alejandro Casona, Federico García Lorca, Eduardo Bianchi y la Farce de Pathelin. Había intercambios y una hermandad de espíritu con el Teatro del Pueblo de Leónidas Barletta.

El Teatro Experimental puso en escena una versión realista de Martín Fierro en 1945: un trabajador hirsuto y pobre, sin lujos en su atuendo. Se la consideraba más genuina que las presentaciones pomposas que se producían en Buenos Aires. Los actores fueron albañiles y trabajadores de campo de la zona. Dos años después el público seguía pidiendo nuevas puestas de la obra, presentada además en Buenos Aires y Córdoba. Quedaba instalaba la idea de que todos eran un poco artistas en el vasto tablado de Cosquín.



En medio de la obra se presentaba un “patio criollo” donde guitarreros, bailarines y cantores interpretaban ad libitum una fiesta en el campo. La media hora del patio era insuficiente en el sentir de los artistas, que comenzaron a generar nuevos espacios: tablados hechos en la calle con andamios de albañilería y sobre tambores de petróleo vacíos. Algunos comerciantes empezaron a presentar esos espectáculos en sus negocios; no faltó quien al construir un nuevo local incluyera una marquesina, una garganta de luces y un largo balcón–escenario. Por entonces el arte popular tradicional carecía de espacios propios, y sus intérpretes aparecían como “variedades” en los bailes, o en conciertos. Pero ahora aparecía el “lugar para el género”.

Así el pueblo de Cosquín, situado en una región de cruce cultural, iba sumando aprendizajes que serían importantes para el Festival – cuando ni se soñaba con él.

Los antibióticos y el Festival

A fines de los años ‘50 la tuberculosis comenzó a ser curada con antibióticos. Este adelanto en la salud produjo una crisis regional. Ya no venían más enfermos; y los turistas preferían otros lugares a estas poblaciones cuyos nombres evocaban al bacilo de Koch. Las autoridades y la parroquia organizaron “Quincenas turísticas” en febrero y octubre (época de las fiestas patronales), pero sin éxito.

Luego del fracaso de la Quincena de 1960, se reunieron vecinos relacionados con los clubes, las comunicaciones, el comercio, la salud y la educación, la parroquia... y decidieron hacer una fiesta especial. Ante todo, cambiaron la fecha. Se haría en enero, mes del auge del turismo en Punilla.

Un festival… para hacer qué? Se pensó en el básquet, en las cabalgatas… hasta que alguien propuso ofrecer lo que ya tenían: los tablados callejeros. Otro sugirió armar un solo gran tablado, y todos estuvieron de acuerdo. ¿Y el lugar? Discutieron hasta elegir el más llamativo: sobre la ruta, aunque había temor por los posibles problemas con Vialidad Nacional. Y se pusieron a construir un escenario definitivo, con camerinos, cemento, instalaciones de agua... Nacía una mística del Festival: albañiles y técnicos en sonido trabajaron gratis.


¡Cosquín cortaba la ruta! Los medios nacionales comenzaron a mencionarlo con frecuencia. Y más, cuando pocos días antes del Festival, Vialidad Nacional los conminó a despejar el camino, y el intendente Angel Vergese se jugó a fondo: replicó prohibiendo el paso del Gran Premio Nacional de Turismo de Carretera por ser “peligroso para los vecinos”. Era una guerra declarada. Por suerte las cosas se resolvieron pacíficamente. El piloto cordobés Onofre Marimón y otros corredores de autos solicitaron la mediación del Automóvil Club Argentino, y se llegó a un acuerdo con Vialidad: el escenario quedaba donde estaba, y los autos de carrera pasarían alrededor de la plaza central.

Un cartel gigantesco en medio de la ruta anunció: “Aquí se realizará el Festival Nacional de Folklore de Cosquín”. La fiesta se entendió con este título desde un principio. La forma “festival” privativa del cine, pasaba a ser aplicada al folclore; y el alcance nacional estaba justificado por la convocatoria a todas las provincias para el envío de delegaciones. La ciudad misma empezó a llamarse “Capital Nacional del Folklore”.

Cuando el Festival comenzó en 21 de enero, y los vecinos vieron que allí estaban los artistas prometidos, accesibles al aire libre sin pago alguno, “entonces empezaron a creernos” dice uno de los organizadores. No había sillas; la gente se las traía de su casa, y dejaba espacio frente al escenario para las personas mayores y los discapacitados.

Así empezó el Festival de Cosquín.

Queda para el tramo siguiente comentar sus vicisitudes al compás de la historia social argentina.

Cosquín, 2. Crecimiento, caída y renacimiento.

Raly Barrionuevo en Cosquín.

Crecimiento, caída y renacimiento de Cosquín

Crear, sumar, incluir, recuperar

A partir de 1961 la gran fiesta creció sumando símbolos y creando espacios.

Pronto el lugar originario quedó chico y el festejo se trasladó a la plaza Próspero Molina, en el interior de la ciudad, pero siempre sobre la calle-ruta.

Nacieron y crecieron las peñas, espacios informales y vivaces donde se disfrutan comidas tradicionales, se escucha a músicos y poetas, y se baila. En las peñas, en las confiterías, los balnearios, los negocios y la calle, andaban y andan los artistas, mano a mano con todos. Los testimonios orales describen un ambiente muy creativo y libre ya desde los primeros eventos. Se daba otra forma de relación, marcada por una cordialidad y cercanía que no eran habituales en las metrópolis. Este fue otro atractivo del encuentro.

Algunos ritos empezaron a ser componentes habituales del festival: el desfile de las delegaciones en la primera tarde, la guardia de jóvenes danzantes que inician cada jornada en el escenario, la carrera en burro del párroco P. Monguillot y el Dr. Sarmiento, miembros del grupo fundador, la gigantesca guitarra hecha con flores...

Desde los tiempos vinieron volando los símbolos para asentarse en el nuevo espacio, como las aves y los peces que pueblan una laguna recién nacida. Se comenzó a hablar de las “nueve lunas” que dura la fiesta (nueve noches, pero también una gestación); se la definió como una experiencia mítica o mística, como el destino de un peregrinaje al cabo de un camino sagrado, en un sitio poblado por duendes, rodeado de un paisaje que conlleva una carga simbólica: el río, las arenas, los burritos… Algo de sagrado tiene la liturgia de la música folklórica y su instrumental: las “cajas” (tambores – cofres), los cirios y la pirotecnia, las danzas, las hierbas, el romero del peregrino y la albahaca de los reyes, los hornos de pan, los telares, los ponchos que son mantos, las mascaradas y procesiones, las rocas, las curaciones populares. Aunque no siempre se las hace concientes, las asociaciones simbólicas dan densidad a la vivencia.

Se sumaron al Festival la Cátedra Nacional (luego transformada en Congreso Nacional del Folklore), y la Feria de Artesanías. Estos diversos espacios permitieron que una amplia gama de grupos operara en torno al eje común: un movimiento cultural donde se enlazaban tradición e innovación.

Poesía y música evocaban las culturas populares y mestizas nacidas aquí en el siglo XVII; pero acompañándolas con un reclamo de justicia distributiva frente a las flagrantes desigualdades sociales y a la postergación de las regiones del interior. A la vez se valoraba un estilo de vida rural más calmo y equilibrado. Era la añoranza de un tiempo-espacio perdido, quizás recuperable a partir del arte.

Para la economía familiar de Cosquín, el festival pasó a significar un conjunto de pequeños negocios: alquiler de viviendas, estacionamientos, comidas... Estos servicios dan atractivo a la fiesta, y un ingreso a los coscoínos.

Acompañando a la nación

No es sólo que creciera Cosquín; leudaba una nueva conciencia nacional, con una generación próxima a los comienzos de la edad activa que se ponía al tanto de la historia, de la conformación y las deformaciones de su país.

La década de 1960 en Argentina fue un tiempo de fuerte debate y de nuevas ideas sociales y políticas. Las corrientes de izquierda atraían a los jóvenes en el marco de un interés creciente hacia lo nacional. Era un proceso de nacionalización de los jóvenes de clase media en Argentina: hijos o nietos de aquellos inmigrantes europeos que medio siglo atrás habían sido más de la mitad de nuestra población, buscaban las raíces del continente y de la nación en que habían visto la luz.

A estos jóvenes, la poesía y la música tradicional y popular les ofrecían relatos alternativos de la historia nacional, y otro repertorio de formas culturales. Era otro país, otro mundo; también en los modos de relacionarse, como hemos señalado ya. Un vocabulario con términos castizos y quichuas, un repertorio ancestral de símbolos y costumbres, comidas y creencias, modos de hablar y hacer, historias de democracia rudimentaria y rebeliones contra el centralismo autoritario, eran parte de lo que se llamaba “folclore”; algo muy distinto de la cultura escolar de fuente europea y de la historia académica y centrada en la capital que les habían enseñado a estos jóvenes.

Al mismo tiempo se actualizaba el patrimonio musical tradicional, y se alzaban las banderas de un arte comprometido. El Manifiesto del Nuevo Cancionero del poeta Armando Tejada Gómez (1963) proponía un programa de militancia social desde el arte, que contó con amplia adhesión.

Acompañando esa efervescencia, nuevas técnicas ensanchaban las posibilidades de difusión de la obra artística: el disco de vinilo, el tocadiscos familiar, la radio portátil, las nuevas revistas masivas de folclore. La compra de estos bienes culturales, así como de instrumentos musicales, era posible para la mayoría de la población, en una etapa de alto empleo.

Por todo esto la gente venía a Cosquín y se entusiasmaba con sus expresiones culturales. Su participación era también indirecta, por la vía de la reproducción artística y de las réplicas locales: los llamados “Precosquín”, encuentros locales o regionales donde se produce la preselección de artistas que luego representarán oficialmente a sus provincias en los distintos géneros.
Tristes comienzos de siglo

A comienzos del siglo XXI, la Municipalidad y la Comisión Municipal de Folklore llegaron a tener los teléfonos cortados por falta de pago. La administración del mayor acontecimiento turístico cultural de la Argentina estaba en quiebra.

Por otra parte, ni la ciudad ni el paisaje local habían mejorado. Perdido el equilibrio de la época de los viejos caserones, las calles estaban saturadas de locales precarios. La propia plaza Próspero Molina, lugar mágico por algunos días, era un pesado y feo espacio de cemento durante diez meses del año.

Qué no había pasado!

¿Qué había pasado? Más bien, qué no había pasado, en esos cuarenta años en la Argentina!

Las clases medias se habían fragmentado, y una parte de ellas, la de mayores ingresos, optaba por otros productos culturales, relegando al folklore al cajón de los arcaísmos. Las industrias culturales norteamericanas habían ganado los espacios de reproducción del país. A su vez, la propia música folklórica se demoraba en temas y formas interpretativas de los años ’60 y ’70. Algo especialmente nefasto fue el impacto de los gobiernos militares, y en especial la última tiranía cívico-militar de 1976-1983. El “Proceso” instauró la censura y la proscripción de artistas, prácticas letales para todo movimiento cultural. En un caso al menos, el de Jorge Cafrune, el castigo por resistirse a la censura, precisamente en el escenario de Cosquín, fue la muerte. La persecución y el silenciamiento afectaron a la generación que había acompañado el crecimiento de del folklore y del festival en los ‘60/’70. Y después, como si todo esto hubiera sido poco, en los años ’90 la dolarización y el neoliberalismo en el poder llevaron a una desafortunada privatización del Festival. La administración privada lo vació hasta la ruina; cuando el Municipio quiso retomar la gestión, se encontró con que, entre otras alevosías, los empresarios habían registrado como propio el grito inaugural del Festival, “Aquí Cosquín…”! Se hacía realidad el dicho popular: había que pagar por saludar.

Esa formalización mercantil afectó al corazón del festival, que no es otro que ese clima de convivencia y encuentro no comerciales. Felizmente, pasada la marejada privatizadora neoliberal, el clima afectivo resurge. En el Festival vemos actualmente el reencuentro entre jóvenes universitarios, gente mayor y artistas. Figuras nuevas y de calidad, como Emiliano Zerbini o Raly Barrionuevo, son portaestandartes de ese reencuentro generacional y cultural. Y sé que estoy omitiendo nombrar a muchos otros artistas que protagonizan también esta renovación.
Un fallo ejemplar

Un ejemplar fallo judicial acompañó y protegió este renacimiento. En 2001, una jueza de la localidad, la dra. Coste, señaló “la trascendencia de este prestigioso y mítico Festival”, su condición de “centro de interés vinculado al patrimonio cultural tangible e intangible de los ciudadanos de este pueblo, de esta provincia y del país todo”... Y la mirada poética y antropológica sirvió de sustento a lo práctico: en su sentencia, la magistrada estableció que el Festival debía ser administrado por la Municipalidad de Cosquín. Con este fallo, una administración de justicia comprometida con el valor superior de la cultura popular, auspiciaba el comienzo de la recuperación.
Resistencia y renacimiento

Aún en aquellos años catastróficos, sobrevivía en los rincones el espíritu de Cosquín, esperando para tomarse la revancha. Lejos del gran negocio del festival privatizado, ibas por la calle y veías un hombre sentado en el cordón de la vereda, tocando su guitarra o su charango y entonando una melodía tradicional; y ahí nomás un grupo espontáneo de visitantes tomaba sus pañuelos y comenzaba a bailar en la calle. En una sola peña vimos anunciarse a sesenta artistas y grupos. En la plaza principal, Soledad emocionaba a los jóvenes, se agitaban ponchos y pañuelos, y se cantaba en voz alta. Más de una de sus canciones procedía de la década de 1970. Se mantenía viva el alma del Festival.

En las últimas ediciones, hemos visto sobre el escenario a grupos musicales que representaban a fábricas recuperadas. Hemos escuchado a músicos jóvenes como los que ya mencionamos más arriba, y hemos visto a gente mayor revoleando los pañuelos al son de un tema de Emiliano Zerbini.

Cosquín ha resucitado. Nacido de aquel mestizaje de raíces indias, bohemia de tuberculosos, obreros izquierdistas, Cosquín sigue vivo y vuelve a ser fuerte.
Quizás el duende, aparentemente tan frágil, sea la criatura más resistente: pudo sobrevivir a la dictadura de las armas y luego a la del dólar, a las balas de plata y a las de plomo, y ahí asoma otra vez, romántico, riente y veraz.


Abril de 2009.